Críticas

La belleza incómoda del colapso

Die My Love

Lynne Ramsay. EUA, 2025.

Cartel de Die My LoveLa esperada película de Lynne Ramsay, Die My Love (2025), llega tras ocho años sin largometraje, con un reparto estelar encabezado por Jennifer Lawrence y Robert Pattinson, y con la adaptación del intenso y confesional relato de la escritora argentina Ariana Harwicz. La premisa: Grace (Lawrence), joven madre y escritora, se traslada con su pareja Jackson (Pattinson) desde la ciudad hacia una casa aislada rural. El niño nace, la rutina se instala, Jackson se ausenta, Grace queda sola. El aislamiento, la frustración, la maternidad que no salva del vacío… Todo se degrada hacia un colapso del cuerpo, de la identidad, de lo doméstico. Tanto la novela como la película se internan en ese territorio de abismo: lo que no se dice, lo que se derrumba, lo que sangra por dentro.

La sensibilidad Ramsay: cuerpo, espacio y silencio

Una de las virtudes indiscutibles de la película es la sensibilidad visual de Ramsay. La cineasta ha vuelto con fuerza, trabajando de nuevo con el cinematógrafo Seamus McGarvey, rodando en 35 mm y con un encuadre que produce una sensación de presión, de espacio apretado y agobiante, casi claustrofóbico.

El espacio rural, que en apariencia prometía limpieza y renacimiento, se revela como trampa: la casa antigua, los pasillos vacíos, las noches largas, los planos fijos que permiten a Grace quedar atrapada en su propia mente. Ramsay captura la tensión del cuerpo que no se reconoce, la mano que no sabe dónde poner el bebé, el grito que no llega, el deseo que eclosiona en gestos violentos.

Lawrence realiza un trabajo notable: los cambios de tono, la fisicalidad de la angustia, la contención rota, funcionan con brutalidad. La actriz se convierte en una presencia magnética, casi irreal, que encarna perfectamente esa mezcla de agotamiento, deseo, rabia contenida y reconocimiento del cuerpo. La película se sostiene en ella.

El conflicto de la maternidad y la creación

Otro de los ejes fuertes de la película es la tensión entre ser madre y mantenerse como sujeto creador. Grace quiere escribir —o al menos tener una identidad más allá de “mamá” y “esposa”— pero el entorno se lo impide: Jackson se va, el bebé reclama, la casa requiere mantenimiento, las expectativas sociales pesan. El aislamiento rural se convierte en metáfora de ese encierro. Ramsay transforma lo doméstico en campo de batalla: el perro que no se calma, la casa que cruje, las paredes que algún día fueron vivas y ahora murmuran.

La maternidad aquí no es redención ni iluminación: es grieta que se abre. Ramsay no moraliza; no coloca a Grace como víctima inocente o heroína luminosa. Al contrario: la deja sangrar, actuar, equivocarse, desaparecer. Es un relato incómodo, sacrílego respecto de la idealización maternal.

Die My Love, fotograma

Los tonos de lo grotesco y lo íntimo

Ramsay no teme la violencia del cuerpo, ni la grotesca fisicalidad del colapso. Grace se arrastra, se corta, se injuria, se rompe. Pero lo hace desde una intimidad serena, no se trata de gore gratuito, sino del trauma, de la fragilidad del deseo insatisfecho, de la presencia de un cuerpo que traiciona. En este sentido, la película se inscribe en esa tradición de lo gótico doméstico donde la casa es prisión, el matrimonio es protocolo, la maternidad es sacrificio y el deseo una forma de rebelión.

Una de las más escenas emblemáticas es cuando Grace le exige a Jackson disparar al perro que sufre. Cuando él se niega, ella actúa. Es una inversión moral brutal: la muerte tomada como acto de decisión; el cuidado transformado en daño. Esa escena condensa el estilo Ramsay: violencia sin espectáculo que refleja caída, abandono, dominio y renuncia.

Sin embargo, incluso dentro de sus virtudes formales, Die My Love presenta zonas que ciertos críticos han señalado como problemáticas. Se ha dicho que el film “roza la superficie” del colapso mental de su protagonista, evitando internarse en la dimensión psiquiátrica, en el diagnóstico preciso o en los matices sociales y simbólicos que la novela sí desarrollaba con mayor detalle. En realidad, más que una falta, esa elección responde a la poética de Ramsay: su preferencia por la elipsis, la imagen fragmentada, el sonido que fisura, la corporeidad que habla allí donde el lenguaje verbal fracasa. No busca explicar ni describir—busca encarnar. Esa apuesta puede resultar desorientadora para un espectador que espera una narrativa causal o un mapa psicológico claro, pero es plenamente coherente con su cine.

En este desplazamiento, algunos personajes quedan deliberadamente relegados. Jackson, por ejemplo, funciona casi como un satélite emocional cuya ausencia, a veces demasiado cómoda desde el punto de vista narrativo, acentúa la soledad creciente de Grace. De modo similar, las motivaciones de ella no siempre se articulan en términos convencionales; son impulsos viscerales, imágenes internas, respiraciones que se quiebran. El bebé—frecuentemente fuera de campo, reducido a un sonido que aparece y desaparece—opera menos como figura realista que como una presión simbólica, una presencia afectiva que excede su corporalidad. Para algunos espectadores, estas decisiones son limitaciones; para otros, son precisamente la valentía estética que convierte a Die My Love en una experiencia sensorial y emocional antes que narrativa.

Un final que suspende, no que convence

El desenlace del film no busca resolver sino evitar la resolución. En lugar de una catarsis, hay extinción: Grace se aleja, abandona el vestido, entra al fuego del bosque. Ramsay no ofrece redención; ofrece desaparición. Es un final que, sin ser perfectamente claro, respeta el espíritu del colapso que ha estado planteando. Esa decisión es valiente: no busca cerrar sino abrir, dejar que la historia se disuelva. Para quien huye de finales cómodos, este giro es uno de los puntos fuertes: la película se resiste a dar lo que espera. Pero si se busca una estructura más tradicional o una conclusión explícita, puede resultar frustrante.

Die My Love es un film que duele: por lo que muestra y por lo que calla. Ramsay regresa con un proyecto de riesgo, que expone la maternidad como territorio inhóspito, el deseo como potencia destructiva y el cuerpo como campo de batalla. La actuación de Lawrence es de las más sólidas de su carrera, y el equipo técnico —fotografía, sonido, proporción de imagen— contribuye a crear una atmósfera que queda grabada. Es una película para quienes están dispuestos a caminar en la penumbra, a escuchar lo que no se dice y a asumir que algunas heridas no se curan, solo se aceptan.

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Ficha técnica:

Die My Love ,  EUA, 2025.

Dirección: Lynne Ramsay
Duración: 118 minutos
Guion: Lynne Ramsay, Enda Walsh, Alice Birch. Basado en el libro de Ariana Harwicz
Producción: Black Label Media, Excellent Cadaver, Sikelia Productions.
Fotografía: Seamus McGarvey
Música: Raife Burchell, Lynne Ramsay, George Vjestica
Reparto: Jennifer Lawrence, Robert Pattinson, LAkeith Stanfield, Sissy Spacek, Nick Nolte

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