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Jim Jarmusch: Un camaleón cinematográfico
Posiblemente Jim Jarmusch sea en el cine lo que David Bowie fue para la música, un artista camaleónico. El director y guionista estadounidense tiene una dilatada trayectoria fílmica compuesta de películas desarrolladas en diferentes géneros, sin ceñirse o encasillarse en un único estilo. Su primer largometraje fue un drama titulado Permanent Vacation en 1980, una película semiautobiográfica que establece muchos de los sellos distintivos que presentará en los siguientes trabajos, aunque cambiase de registro cinematográfico.
En sus películas consideraras de género dramático, suelen ir aliñadas con claros tonos de comedia para desdramatizar, como en Flores Rotas (2005), y sin poder encasillarlas como comedia dramática o una tragicomedia, en los casos de Noche en la Tierra (1991) y Father Mother Sister Brother (2025), las que tienen en común la estructura de contar varias historias, dentro de un mismo argumento, que pueden o no estar relacionadas. Incluso este género lo llega a combinar con el romántico como en Paterson (2016), que al igual que en otras de sus películas nos muestra la ciudad con sus ambientes urbanos, de barrios y de extrarradio. El compendio más completo de esta configuración tan particular puede ser el film titulado Mystery Train (1989), por el cual es considerado uno de los precursores del cine independiente de Estados Unidos, oponiéndose al planteamiento estructural clásico a la hora de narrar una historia en su tiempo y espacio. En esta nueva y extensa ola independiente, tenemos que considerar el largometraje Coffe and Cigarettes (2003), donde su argumento es sostenido a base de once historias cortas rodadas en blanco y negro.
Jim Jarmusch conecta a la perfección con este tipo de cinematografía, consiguiendo una mayor fuerza expresiva en sus personajes, como en el western Dead Man (1995), protagonizado por Johnny Deep, obteniendo una gran capacidad expresiva en su rostro y logrando que el espectador se abstraiga de la realidad. Hay que añadir a su universo en blanco y negro Down by Law (1986), que huye de los convencionalismos de las películas carcelarias para centrarse en la interacción entre los presos, jugando con el género de comedia, el cual no abandonará desde su segunda película Extraños en el Paraíso (1984), en este caso con un humor absurdista.

En la multiplicidad de géneros desarrollados por Jim Jarmusch, se debe destacar su atrevimiento a realizar películas de terror y fantasía como Solo los amantes sobreviven (2013), en el que también se compagina con el género romántico, y Los muertos no mueren (2019), donde vuelve a conjugar el terror con la comedia. No podemos olvidar su tránsito por el cine de suspense y crimen con el film Ghost Dog, el camino del samurai (1999), en el que realiza su particular homenaje a la cultura nipona, invitándonos a seguir el día a día de un asesino a sueldo. En la película Los límites del control (2009), el género de suspense lo envuelve en un halo de misterio, utilizando paisajes y lugares de España como escenario para la historia. Para finalizar con su vasta filmografía, tenemos que mencionar sus dos documentales. El primero, Year of the Horse (1997), nos muestra la música de Neil Young y Crazy Horse durante la gira de conciertos en el año 1996. El segundo lo realizó en 2016, bajo el título Gimme Danger versa sobre la mítica banda de rock estadounidense The Stooges. Es una mirada profunda que nos cuenta la historia del grupo a través de su evolución musical, éxitos y fracasos.
En una síntesis muy reducida, se podría afirmar sobre la filmografía de Jim Jarmusch, que partiendo de convertirse en el buque insignia del cine independiente, es un completo y complejo director de cine, el cual llega a influenciar en la tendencia de las road movies en Estados Unidos. Además, consigue abarcar, con una gran variedad camaleónica, diferentes tipos de géneros y estilos de cines como: el minimalista, el de autor, el experimental y el alternativo, atesorando fieles seguidores en Europa y Japón. Por medio de la sátira de su humor negro, ácido y seco, a veces absurdista e inexpresivo, conforma una personalidad cinematográfica llena de componentes reconocibles, como la ruptura de la estructura narrativa convencional, la fijación en la atmósfera y sus personajes, la composición de esquizofrenias visuales, la intertextualidad y, por supuesto, su ingenio, la autenticidad para crear desde el robo, como dice una de sus grandes frases:
«Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona solo cosas para robar que hablen directamente a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: “No es de dónde sacas las cosas, es en dónde las pones”».


