Investigamos
La poesía del silencio
Una escena de la película Por fin amanece (Finally Dawn; Finalmente l’alba), Saverio Costanzo, 2023
Estuve visionando la película Por fin amanece y me pareció espectacular, por ello la quiero recomendar a mis lectores. Es una verdadera joya, una historia sobre artistas, filmaciones, escenario y estudios, que refleja los brillos y las miserias del cine, es gran teatro donde se crean ilusiones y realidades de fama y de poder, donde las estrellas de la actuación y de la dirección pasan por momentos únicos que quedan registrados en los recuerdos de los espectadores, filmados a la perfección. Donde los extras sienten, aunque sea por una brevedad, que son protagonistas. Solo que bien nos imaginamos que detrás de todo hay grandes sacrificios y frustraciones; ensayos y repeticiones; rostros maquillados cargados de glamur y de belleza; gestos dramáticos que causan preocupación; explosivas sonrisas, quizás fingidas, pero con frecuencia espontáneas. Es la magia de la escenas, esos conjuntos de actuación que cuentan historias singulares que marcan la película. En eso pensaba mientras veía el filme en mi casa. En total sintonía con mis divagaciones apareció una escena única, un largo, lento y silencioso momento. Disfrutando pensé que sería una de esas escenas que cabe desatacar en nuestra revista. Así que decidí de inmediato aceptar el desafío que nos ofrece este mes la sección de Investigamos de EL ESPECTADOR IMAGINARIO, de referirse a alguna escena valiosa.
Me atreveré a trabajar el asunto en forma gráfica, basado en una secuencia fotográfica, para transmitir mejor esas presencias que dieron realce a esos instantes.
El contexto de toda la escena es una fiesta de esas que supuestamente hacen los artistas. Se está filmando en Roma, en el icónico estudio Cinecittà, una película sobre la mujer faraón Hatshepsut, un personaje fuerte, protagonizada por una artista que disfruta, como la faraona, del poder, que gusta de tiranizar, aprovechando su belleza y su encanto. Bajo sus encantos quedó atrapada Mimosa, una joven mujer, sencilla e inocente, admiradora del cine y de los artistas, que, por casualidades y extrañas circunstancias, resultó ser una extra en la producción. De pronto se ve sujeta a una espiral que la acerca al elenco de la filmación, bajo el influjo directo de Josefine, la artista principal. Ella la ha seleccionado y distinguido entre un grupo de aspirantes a actuar como extras. La trata como un objeto de exhibición y le ha regalado un hermoso vestido y la ha invitado a la fiesta. Mimosa se deja llevar, aunque con cierta resistencia, a medida que pasa la noche, sin que le permitan regresar a su hogar. Pero no es capaz de escapar, no tiene los medios, sufre la atracción de un extraño momento de protagonismo y de cercanía con el loco jet set que disfruta de la fiesta.
Entonces empieza la escena. Josefina la presenta al grupo como una poeta sueca, quizás para burlarse de todos, quizás para disfrutar de un juego con la inocente Mimosa. Y anuncia que ella les va a recitar uno de sus poemas. ¿Por qué no nos ofreces como regalo algunos de tus poemas?, le dice.

Mimosa, que ya se ha sentido preocupada siendo etiquetada como poeta sueca, oficio y calidad nada más alejado de sus quehaceres, los contempla a todos sorprendida y expectante.

Los demás miran, entre burlones e incómodos, expectantes.

Josefina mira fría y callada, desafiante y tirana.

La joven se queda quieta y muda. Silenciosa, siente que su fuente interior se derrama en lágrimas de frustración y extrañeza. No puede entender qué pasa.

Alguna furtiva lágrima, enternece su rostro entristecido.

De pronto todos los presentes, aunque no Josefina, se sienten inundados por el triste silencio de Mimosa, que no dice palabra. Todos contemplan con empatía y creciente admiración.


Entonces, la extensa escena llega a su fin, quizás inesperado. Todo termina en medio de aplausos. Alguno dice que el mejor poema de la pretendida joven poeta sueca fue el de su silencio valiente, matizado por lágrimas de impotencia. Una inesperada “performance”



Algunos la querían consolar, sacarla del difícil trance. Pero nadie fue capaz. Solo al final se resolvió la incómoda situación.
Continúa la fiesta, Mimosa tiene que esperar hasta el amanecer, para que le sucedan los casi inevitables despertares y pérdidas de inocencia, avatares del sexo y de las drogas, que implica la espiral de la actuación.
Trailer:

