Críticas

Cuando la distopía se vuelve espectáculo

The Running Man

Edgar Wright. Reino Unido, 2025.

The Running ManDel texto Bachman al siglo del streaming

The Running Man, dirigida por Edgar Wright y estrenada en 2025, llegó envuelta en expectativas: por recuperar un texto clave de la etapa Bachman de Stephen King, por prometer una lectura renovada en tiempos donde los reality shows de explotación y la vigilancia digital ya no son ficción, y por la presencia de un director que suele moverse entre la sátira y la estilización visual con solvencia. Sin embargo, a pesar de un inicio prometedor, la película termina cediendo ante un gesto que empaña su potencia: un final transformado en espectáculo hollywoodense, exactamente aquello que la novela criticaba.

Un mundo diseñado para consumir sufrimiento

Basada en El fugitivo (1982), la película sigue la premisa conocida: en un futuro opresivo, Ben Richards participa en un juego televisado donde debe escapar de cazadores profesionales. El show es el entretenimiento nacional y su misión es sobrevivir lo suficiente para ganar una suma de dinero que podría salvar a su familia. Wright actualiza la premisa hacia un presente hiperconectado: drones, pantallas gigantes, votaciones instantáneas, apuestas en tiempo real. La infraestructura visual de hoy parece hecha a medida para la distopía de King, y en ese punto la película acierta: el mundo creado es saturado, vibrante, dominado por interfaces que convierten cada instante en material de consumo.

En los primeros dos tercios, Wright logra un equilibrio interesante combinando la tensión visceral del thriller con la ironía amarga que caracteriza su cine. Hay un esfuerzo por retratar la dimensión social del espectáculo, la complicidad del público, la economía del sufrimiento televisado. Los runners son productos y víctimas, mercancía y carne, y la película parece dispuesta a profundizar en ese cinismo.

Fotograma de The Running Man

El eco de King: violencia mediática y espectáculo total

La actuación de Ben Richards —filmado con una mezcla de fatiga, furia y resistencia— funciona como centro emocional del film. Hay momentos en que Wright se acerca al espíritu de King, la humillación pública, la manipulación de imágenes, la construcción de enemigos ficticios, el uso del dolor como entretenimiento masivo. Pero, en lugar de intensificarse hacia una crítica más dura, la película toma un giro que la aleja del material original: el final. Y ahí es donde The Running Man pierde “la gracia”, entendida no como algo cómico, sino como la esencia cruda que definía la novela.

La novela: un cierre que quema

En El fugitivo, King construye un final devastador: Richards no escapa, no triunfa, no destruye el sistema. Su destino es un acto final de resistencia desesperada, una explosión moral que desmantela —aunque sea por un instante— el aparato del espectáculo. Ese final funciona porque es incómodo, porque no promete un mañana, porque expone la violencia del sistema sin anestesia. La novela no ofrece redención. Ofrece impacto. Y lo hace desde una convicción: en una sociedad que mercantiliza el cuerpo, cualquier resistencia auténtica exige perderlo.

La película: un cierre domesticado

La versión de Wright opta por un final muy distinto. La película transforma el sacrificio en triunfo, la rebeldía en espectáculo, la tragedia en catarsis heroica. Richards se convierte en un héroe público, en una figura de victoria que, aunque satisfactoria para el espectador promedio, traiciona el núcleo distópico del relato. Porque la distopía clásica —Zamiatin, Orwell, Bradbury, King— no ofrece salidas limpias. No concede consuelo. No cierra con épica.

El problema no es solo el cambio. Es qué implica ese cambio: vuelve luminoso lo que debía ser incómodo, glorifica lo que debía denunciar, convierte el sistema en escenario para que el héroe brille, diluye el filo político, elimina la herida que la novela abría. Wright, con todo su talento visual, cae en la tentación de la espectacularidad. El clímax está filmado con precisión: persecuciones, coreografías, explosiones, multitudes. Funciona como acción, pero fracasa como distopía.

Una oportunidad desperdiciada

Lo frustrante es que la película tenía todos los elementos para explorar una distopía feroz: la gamificación del sufrimiento, la viralización de la violencia, el público como cómplice activo, la vigilancia convertida en entretenimiento. Wright insinúa esa lectura, pero el final la contradice. Una distopía que se resuelve en triunfo no es distopía. Es aventura. Es acción. Es Hollywood ocupando un espacio que pedía oscuridad. King escribió El fugitivo como un exorcismo social, una denuncia feroz del capitalismo mediático. Wright lo convierte en una historia de rebelión victoriosa. Y con eso, la coherencia se quiebra.

En la novela, Richards arde por su causa. Su cuerpo es el último mensaje, la forma extrema de resistencia. En la película, Richards gana. Sobrevive. Se convierte en símbolo heroico. El sacrificio es reemplazado por la gloria. La tragedia, por el espectáculo. Ese cambio altera el sentido profundo del relato: elimina la única verdad incómoda que King defendía. En un sistema diseñado para devorarte, ganar no es posible. Solo es posible resistir hasta quemar lo último que queda.

The Running Man es, por momentos, una película estimulante, visualmente potente y con ideas interesantes sobre la cultura del espectáculo. Pero al suavizar el final, al convertir una distopía cruda en una fantasía de acción, renuncia a la fuerza que la historia llevaba en su origen. La adaptación pierde así su filo político, su desesperanza calculada y su golpe moral. Es un film entretenido, sí. Pero la distopía no está hecha para entretener: está hecha para incomodar. Y esa incomodidad —tan central en El fugitivo— es lo que la película abandona en su desenlace.

Comparte este contenido:

Ficha técnica:

The Running Man ,  Reino Unido, 2025.

Dirección: Edgar Wright
Duración: 133 minutos
Guion: Michael Bacall, Edgar Wright. Basado en la novela El fugitivo, de Stephen King
Producción: Complete Fiction, Genre Films, Paramount Pictures
Fotografía: Chung Chung-hoon
Reparto: Glen Powell, Josh Brolin, Colman Domingo, William H. Macy, Lee Pace, Emilia Jones, Jayme Lawson

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.