Guiones 

Meltdown – John Carpenter

Hubo un tiempo en el cual lo atómico amedrentaba. Hubo y quizás todavía haya, ya que el poder del átomo tiene en sí la capacidad de hacer temblar ante algo tan destructivo. Recuerdos, por supuesto, de lo que pasó en Japón (no una sino dos veces) y de los problemas (causados por un error humano) en cierta parte de Ucrania (entonces parte del imperio – e imperialismo – soviético). Terrores modernos, sí, y al mismo tiempo ancestrales, de “fin del mundo”, como si, efectivamente, se tratara de algo que aborrecemos y, al mismo tiempo, tenemos curiosidad de ver, de experimentar. A lo mejor es una cuestión tan profundamente psicológica que nos lleva a rechazar lo que pensamos porque creemos (erróneamente) que es una demostración de algo que en realidad sí somos. El átomo, entonces, representa tanto la destrucción como la capacidad del ser humano de utilizar la naturaleza (la física que estudiamos en las universidades) para ayudar a vivir, a crear un futuro de energía con la cual alimentar tanto los instrumentos del cirujano como las pequeñas pantallas que nos regalan productos-basura.

Lo que Carpenter hace con esta narración es insertarnos otra vez en su cosmos amenazante, allí donde nada somos sino simples elementos del que el universo puede deshacerse en cualquier momento. Y es aquí donde se desarrolla el mal, no como voluntad de hacer algo para fines personales, sino como encarnación del elemento destructivo con el cual no es posible hablar, comunicar, relacionarse. El mal es, efectivamente, un elemento que vive fuera de nuestras mismas capacidades de comprensión y que, finalmente, no deja espacio para que podamos atraparlo dentro de nuestros bordes tanto psicológicos como culturales. Se demuestra, entonces, cómo el concepto mismo de “maldad” no tiene sentido dentro de un universo que no presenta ningún tipo de ética, de moral, y que no toma goce en la destrucción misma, sino que la lleva a cabo simplemente porque es parte integrante de su naturaleza.

Vuelve, como en la mayoría de las obras de Carpenter, el sentido de opresión, de asfixia, capaz de jugar con la presencia de lugares infinitamente extensos (el desierto) y de espacios que nos cierran dentro de sí. Y, por supuesto, nos tropezamos con la idea de una pandilla diminuta de personas que intentan hacer algo que podría tener repercusiones para todo el género humano, sin por esto ser personajes invencibles, increíbles, simplemente superiores. Es el juego de lo normal, de presentar a personas tan banales que el elemento de desasosiego aumenta hasta lo extremo ya que ellos reflejan lo que somos, simples seres dentro de un microcosmos (la sociedad) que puede desaparecer ante el bostezo de un cosmos (la naturaleza) que no nos quiere ni nos odia. Meltdown es entonces una obra típica del mundo de John Carpenter, una pesadilla que nos despierta del sueño de estar en un universo que nos acoge y protege.

https://www.script-fix.com/produced-screenplays/Meltdown.pdf

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