Críticas

Origen confuso

Warcraft: El Origen

Warcraft: The Beginning. Duncan Jones. Estados Unidos, 2016.

Póster promocional de Warcraft: OrigenEmpezaré mi crítica con una confesión: mi experiencia en el mundo de Warcraft es nula. Nunca he jugado a la saga de videojuegos, y mis conocimientos acerca de la mitología de este universo fantástico viene de conversaciones con el amiguete fanático de turno. Según muchos, esto me inhabilita para hacer una crítica coherente de la película de Duncan Jones. Por supuesto, niego la mayor. El cine, con independencia de sus fuentes, ha de ser una experiencia válida por sí misma. ¿Necesito viajar en el tiempo hacia la conquista del Oeste para entender los westerns de John Ford? ¿Es necesaria la lectura de 80 años de aventuras en viñetas para comprender y disfrutar el universo cinematográfico Marvel, con independencia de la calidad de sus películas? ¿Queda incompleta la experiencia Star Wars si no conozco al dedillo la historia y especificaciones técnicas del Halcón Milenario? ¿Tengo que pasar una temporadita en un monasterio para captar el contexto de El Nombre de la Rosa? La respuesta, en mi opinión, es no, y debería ser aplicable para este inicio de franquicia que es Warcraft: El Origen. El problema es que la película se reduce a una broma privada, construida por fans y para fans, sin más contenido que una colección de clichés más o menos funcionales para dar empaque a una obra que no pasa de entretenida, a pesar de lo aparatoso de la propuesta.

Warcraft peca de condescendiente, de exceso de fe en las posibilidades de una historia de complejidad absurda, que es derramada en la pantalla como una sucesión de momentos épicos y heroicos que aportan poco a su propio género. Empezando por la escasa construcción de personajes, y con punto final en su confuso apartado técnico, Warcraft está a punto de ser la excepción que confirma la regla en el desastroso universo de las adaptaciones de videojuegos. Pero ahí se queda, como desmesurado potingue lleno de intenciones mal finalizadas.

A pesar de los intentos de Jones y sus compinches de establecer unas bases sólidas a la mitología de la saga, el resultado es un cosmos cogido con alfileres, problemas resultantes de las endebles relaciones establecidas entre los protagonistas. El guion de Warcraft maneja mucha información, pero sin capacidad para la concreción o la explicación razonable. Al final, las cosas ocurren porque no queda más remedio para el avance de la trama, obligando al espectador a ser cómplice de lo apresurado de la acción. Lo mínimo queda claro, y por eso no es un desastre insultante. Pero aún así, por pretensiones, por músculo, esperaba un poco más de mimo por parte de unos creativos declarados fans de la saga y conocedores de las maneras de hacer una película.

Los orcos de Warcraft: El origenJones ha dado sólidas muestras de su capacidad como director. Dejó para el recuerdo uno de los debuts más sorprendentes vistos en los últimos años con Moon (2009). Continua su carrera con el ejercicio de thriller de ciencia ficción en Código Fuente (2011) y se lanza sin miedo al campo minado de los blockbusters masivos con Warcraft: El Origen, dando muestras de que el proyecto le venía grande. A pesar del entusiasmo, de las ganas de Jones por construir algo grande, este enfrentamiento entre orcos y humanos agota los recursos de un director que, en beneficio del producto, renuncia un tanto a sí mismo. Es curiosa la sensación que me produce su trabajo en esta película. Por un lado, veo honestidad, de verdad, detrás de todo el despliegue de pirotecnia y luces de colores. Me creo las intenciones de Jones, el homenaje del fan convencido de la dignidad de la leyenda moderna que es Warcraft. El problema es que se rinde a esa grandilocuencia, y el director ingenioso, de pulso firme y mundo visual propio, se abandona a los lugares comunes del género de la fantasía épica actual, con un resultado bastante más histérico que lo acostumbrado en su cine.

Aún así, culpar a Jones de todos los tropezones de Warcraft: El Origen, es injusto. La auténtica piedra en el camino de la película es el escaso trabajo en dar entidad a los protagonistas. El enésimo guerrero abatido, otro mago taciturno, como sólo un mago puede serlo, el despistado aprendiz de mago, la extraña belleza exótica, el noble rey abnegado… ya hemos visto todo eso, y mejor construido. Los responsables de Warcraft tenían la obligación de trascender la esencia de cliché de estos esbozos de épica sin alma, y transformarlos en brillantes ejemplos de complejidad en una historia más grande que la vida. Por desgracia, los caracteres principales están sometidos a la acción, al viaje evidente de A a B, siendo B una demostración de músculo digital con la consabida batalla multitudinaria. Entre medio, no hay explicación coherente para los posicionamientos de los implicados, salvo las necesidades de los guionistas de avanzar hacia ese despliegue climático.

Imagen de Warcraft: El OrigenEl aspecto visual de la película bebe del videojuego con afán casi reverencial, pero tampoco funciona. La sensación que transmite el mundo creado por Jones y su equipo es de exceso artificial, deudor de una identidad gráfica proveniente del videojuego, sí, pero que no tiene personalidad suficiente en pantalla. Supongo que los escenarios están llenos de autorreferencias, que me parecen geniales como guiño al fan, pero que no pueden ser esenciales para entender el contexto de la película. Con decisiones así, se penaliza al espectador no iniciado, que además tiene referentes cercanos y bastante poderosos sobre mundos imposibles. Warcraft luce anacrónica, excesivamente caricaturesca en el diseño de sus monstruos y criaturas. A estas alturas, ya hemos tenido Avatar (James Cameron, 2009). Sí, como película deja mucho que desear, pero como forma de integración de un mundo fantástico en el contexto cinematográfico, marca el camino. Warcraft vuelve a caer en ese exceso de confianza en las fuentes, en el referente jugable. Otra vez, no supera sus propias maneras, y acaba por caer en lo pretencioso. Así de contradictoria es. Hace unos párrafos hablaba de honestidad; ahora de su resultado pretencioso. Este es el resumen de Warcraft: no es un desastre, pero tampoco es una buena película. Al final, me temo, el equilibrio de Jones entre el fan irredento y el director juicioso ha sido una caída sin red.

Warcraft: El Origen me deja la sensación incómoda, como espectador, de haber sido invitado a una fiesta en la que todo el mundo se conoce y tú no pintas nada. Eso es imperdonable. De nuevo, las dichosas contradicciones: tan pretenciosa como falta de miras.

Tráiler:

Ficha técnica:

Warcraft: El Origen (Warcraft: The Beginning),  Estados Unidos, 2016.

Dirección: Duncan Jones
Guión: Charles Leavitt, Duncan Jones (Historia: Chris Metzen)
Producción: Universal Pictures / Legendary Pictures / Blizzard Entertainment
Fotografía: Simon Duggan
Música: Ramin Djawadi
Reparto: Travis Fimmel, Paula Patton, Ben Foster, Dominic Cooper, Toby Kebbell, Ben Schnetzer, Robert Kazinsky, Clancy Brown, Daniel Wu, Ruth Negga, Anna Galvin, Callum Keith, Burkely Duffield, Ryan Robbins, Dean Redman, Glenn Ennis, Terry Notary, Elena Wurlitzer, Michael Adamthwaite, Anna Van Hooft, Callan Mulvey

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

Un comentario para “Warcraft: El Origen”

  1. art

    Conozco el lore por ambos lados de warcraft y wow, coincido con tu opinión, no es una película que me deje alguna escena o frase memorable, tampoco una actuación destacable, solo el tiempo dara la razon a aquellos que ven lo que es esta pelicula, mientras el mundo por el momento se niega o mejor dicho se repite mil veces que fue una gran pelicula cuando no lo es. Es apenas buena.

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