Críticas

El dolor después de la guerra

Soldado argentino, solo conocido por Dios

Rodrigo Fernández Engler. Argentina, 2017.

1982. Ocaso de la última dictadura cívico-militar argentina. Los jefes de la Junta que gobernaba el país ya no podían sostenerse en el poder. El presidente de facto era Leopoldo Galtieri y su último acto relevante fue ocupar militarmente las Islas Malvinas, un símbolo patriótico argentino casi desde la concepción del país, siendo que en 1833 el archipiélago fue ocupado por la corona británica y aún la situación sigue siendo la misma. En ese evento tan importante y tan latente en el ADN de los argentinos es que está basada Soldado argentino, solo conocido por Dios.

La cámara muestra el interior de un buque de guerra, en el que varios soldados famélicos y ansiosos preguntan cuál será su destino: no lo saben, son chicos que creen estar yendo a hacer la “colimba” (acrónimo de Correr, Limpiar y Barrer) a la provincia de Chubut, en el sur argentino. Pero eso es lo que les han dicho a su partida de Buenos Aires, la decisión militar ya estaba tomada de antemano y es informada luego de varios días de incertidumbre: irán a ocupar las Islas Malvinas. El dictador Galtieri se asegura así el titular matutino “Recuperamos las islas”, algo que no tardará en ser respondido por el gobierno británico (que dicho sea de paso, estaba presidido por, ni más ni menos, que Margaret Thatcher). Este golpe de efecto claramente tiene una respuesta británica, que posee uno de los ejércitos más poderosos del planeta.

Allí encaja Juan Soria (Mariano Bertolini), un adolescente que recién está tomando vuelo, y que con mucha inocencia le cuenta a Ramón Molina (Sergio Surraco) que está comenzando una relación con su hermana Ana (Florencia Torrente). Rápidamente Juan recibe una carta en la que se le informa que deberá prestar el servicio militar obligatorio, a pesar de su reticencia, no tiene otra opción más que ir. Es ahí cuando la primera escena conecta con el presente del protagonista. Los dos espacios temporales están muy bien diferenciados: uno es el infierno, es el buque de guerra, frío y claustrofóbico, el otro es el espacio familiar, en el que más allá de que existen problemas, representa algo totalmente opuesto. Estos ámbitos se distinguen fácilmente gracias a un excelente trabajo en la dirección de fotografía, a cargo de Sebastián Ferrero.

Hacia la mitad de Soldado argentino, solo conocido por Dios, asistimos a un salto temporal que nos ubica unos años después del desenlace de la guerra, contexto en el que Ana se encuentra investigando sobre lo que ella presume, se trata del final de su hermano, caído en combate y probablemente protagonista de la leyenda del soldado Pedro. Pero solo encuentra a un Juan devastado por su situación y la negativa del ejército argentino de hacer algo para interceder y reconocer los cuerpos de los caídos en las islas. Este giro del guion logra retratar perfectamente la situación de los héroes de Malvinas, gente común que fue a defender a la patria y luego se vieron rechazados por la sociedad entera, en parte por la idea errónea de que haber pertenecido a las fuerzas armadas los convertía en integrantes activos de la dictadura, y por otra parte, porque la guerra los dejó con problemas psicológicos o físicos (o ambas cosas). El mensaje busca concientizar sobre el tema, algo no menor en una sociedad que parece olvidar muy rápido su pasado inmediato.

Puedo establecer un paralelo entre la situación de Juan Soria y el personaje principal de El francotirador (American Sniper, Clint Eastwood, 2014), ambos regresan luego de servir a sus patrias y la sociedad no hace más que excluirlos ¿No es hora de que les demos el reconocimiento que se merecen? Para pensarlo.

Ficha técnica:

Soldado argentino, solo conocido por Dios ,  Argentina, 2017.

Dirección: Rodrigo Fernández Engler
Duración: 102 minutos
Guion: Rodrigo Fernández Engler, Ivana Galdeano
Producción: Cita con la Vida Emprendimientos Audiovisuales, Midú-Junco Producciones, Fundación Criteria
Fotografía: Sebastián Ferrero
Música: Hernán Conen
Reparto: Mariano Bertolini, Florencia Torrente, Sergio Surraco, Fabio Di Tomaso, Hugo Arana, Ezequiel Tronconi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *