Dí­a 3

Por Manu Argüelles

03/10: The Pit and the Pendulum

Sitges Especials. The Pit and the pendulum de Roger Corman (EUA, 1961).

Locura de amor

PitEn la edición de este año con la colaboración de la editorial Valdemar, el festival de Sitges edita Las sombras del Horror, Edgar Allan Poe en el cine, escrito entre otros por Angel Sala, Jesús Palacios y Antonio José Navarro, que a buen seguro debe ser una excelente exploración de la traslación del universo de Edgar Allan Poe a material fílmico. Y coincidiendo con la publicación de dicho libro, la edición de este año nos ofreció el sábado, dentro de los especiales que nos depara el festival, la proyección de  The Pit and the pendulum (1961) de Roger Coman, una de las más famosas adaptaciones de una novela de Edgar Allan Poe.

Al margen de la fidelidad, o no, al espíritu literario de la obra original, en Roger Corman, como ya es bien sabido, menos es más, especialmente en estas obras que realizó en los años 60, en las que aunó, en un malabarista ejercicio, calidad y medios escasos (o bajo presupuesto). La película cuenta con el maravilloso Vincent Price, mito de la infancia de Tim Burton, en una deliciosa interpretación, con una afectación un tanto teatralizada. Pero frente a lo que suele ocurrir en otras ocasiones, este tono interpretativo casa perfectamente con las intenciones del film en establecer un cuento gótico que nos habla de la locura de amor, las infidelidades y el desequilibrio psicológico inducido por malas artes conspiratorias.

Por la fecha de producción del film, es evidente que el avispado Roger Corman, al confeccionarlo, se estaba mirando en el espejo de la Hammer con sus narraciones góticas de corte fantástico, con una paleta cromática muy technicolor. Sin apenas salir del castillo enclavado en tierras españolas, Corman demuestra aprender las lecciones de la Hammer y nos ofrece una ambientación hechizante y resultona con un toque muy british, que hará las delicias de todo aquel que tenga debilidad por estos relatos decimonónicos de corte fantástico. Y en plena época del apogeo del LSD (no olvidemos que Roger Corman realizó en 1967, The Trip a mayor gloria del consumo del LSD), la película cuenta con unos psicotrópicos flashbacks con unos colores aditivos saturados,  embargados en un áurea alucinógena gracias a una resultona distorsión en el foco de la cámara. 

Decíamos de The Countess (Julie Delpy, 2009), en la crónica del día anterior, cómo fallaba en su intento de aunar fatalismo romántico con las claves genéricas de un cuento de terror de corte clásico. Pues bien, para resarcirnos del mal sabor dejado por Julie Delpy, no hay nada como echar la vista atrás y revisar este largometraje que con menos ambición consigue lo que busca. Y yo aconsejaría una sesión doble (recordando aquellas sesiones dobles del cine de barrio) de este film con Las novias de Drácula (The Brides of Dracula, Terence Fisher 1960), para regalarnos una sesión excelente de buenas historias de terror clásicos.