Rey y plebeyo. Alumno y maestro. Obligaciones… y amistad

El discurso del rey

(The king's speech). Tom Hooper, Reino Unido-Australia, 2010

Por Arantxa Acosta

"Forgive anything else, and just say it to me"

Lionel Logue al rey Jorge VI de Inglaterra

 Es curioso cómo no damos importancia a las cosas que tenemos. La voz, por ejemplo. La gran mayoría de nosotros podemos hablar El discurso del reybien, sin problemas. Pero... ¿qué pasa cuando no tienes voz o ésta es "defectuosa"?

Pocos podían imaginar que la historia sobre un rey tartamudo podría llegar a ser la gran revelación del 2010. Pocos, sí. Pero después de ver lo que ha conseguido Tom Hooper con El discurso del rey... Una historia sobre el amor devoto, la necesidad de superación y, por encima de todo, sobre la amistad incondicional. Emotiva hasta la médula y tan impecablemente realizada que no se le puede sacar ni un "pero", sí, es la revelación del año.

1925. El Duque de York tiene que, por orden de su padre, dar un discurso en el estadio, a reventar, de Wembley. El resultado: un desastre. El miedo a hablar en público acentúa su tartamudez. Tras años de terapias inútiles, encontrará a un irreverente logopeda, con curiosos métodos para la época, que sacará a Bertie (así se atreve a llamarle) de su fobia, descubriéndole el origen de su enfermedad y devolviéndole la confianza que tanto necesitaba.

El discurso del reyEl discurso del rey es, ante todo, una película que goza de la perfección inglesa: estudiada al milímetro tanto por su guión, interpretaciones y puesta en escena, sorprende por la frescura que aún así consigue transmitir, arrancándonos inevitablemente una sonrisa que mantenemos constantemente a lo largo de las casi dos horas que dura el film, menos, claro está, en los momentos de máxima tensión, cuando sufrimos junto al rey (que, por otro lado, no es más que una persona) los angustiosos momentos previos a cada discurso. Una historia que, sinceramente, tampoco parecía que pudiese dar tanto de sí en la pantalla grande (además de que ya se sabe cómo acaba), pero que se convierte en un relato tan esperanzador sobre la superación de uno mismo y la necesidad de ser constante y no rendirse, que se agradece llegue en esta época del año (y estos tiempos) para enternecer a unos y levantar el ánimo a tantos otros.

Y claro, para un film centrado tan claramente en la figura protagonista, era requisito primordial acertar en el casting. Y así se hizo: nos encontramos ante un Colin Firth que, aunque no puede desprenderse de que se le asignen papeles de caballero inglés (curiosamente, no se siente nada identificado con el prototipo estirado que lleva años interpretando), está demostrando que es mucho más que la cara bonita que hace unos años aparecía como Mr. Darcy en la famosa serie de la BBC que le catapultó a la fama (Orgullo y Prejuicio, 1995) gracias a films como Génova , Un hombre soltero (Tom Ford, 2009)  o incluso por su particular visión de Lord Henry Wotton en Dorian Gray (Oliver Parker, 2009). Los matices que otorga al personaje (difícil interpretar a alguien tan importante en la historia de un país y salir airoso), pasando en microsegundos de ser un estirado y arrogante aristócrata a un frágil ser humano nervioso y herido por un comentario desafortunado, además claro está de lo veraz que resulta su tartamudeo (por favor, película en versión original para ver el gran trabajo del actor), nos hacen intuir en el momento que escribimos estas líneas que el Globo de Oro y el Oscar ya tienen dueño.

Pero, dejando a un lado la entrañable historia del rey que no era capaz de dar un discurso, El discurso del rey va mucho más allá. De El discurso del reyhecho, la tartamudez y su forma de superarla es simplemente el hilo conductor que une el resto de piezas del rompecabezas. Más bien, se podría decir que se trata de la subtrama cómica del guión, que nos mantiene atentos y divertidos. Porque, de lo que en realidad nos ha querido hablar Tom Hooper es del poder de la amistad, y la forma en la que lo ha plasmado es, lo menos, interesante.

Interpretado por un soberbio Geofrey Rush  (este es uno de nuestros secundarios de lujo preferidos, eleva el nivel de cualquier film en el que aparece), Lionel Logue fue el logopeda que llevó al éxito al rey Jorge VI de Inglaterra pero, además, el amigo que nunca tuvo hasta aquel momento y que le acompañó fielmente hasta el fin de sus días.

El primer encuentro entre los dos es más que curioso: en una habitación sombría y sobria -seguramente por la necesidad-, vemos a un lado de la pantalla, sentado en el mugriento sofá a un incómodo caballero, y, en el otro lado, a un divertido pero atento profesor. La distancia entre ellos revela tanto el respeto como la desconfianza que existe entre los dos personajes. A partir de ahí, el uso de primeros  planos (con fondos neutros o desenfocados para no distraernos con nada, y poder fijarnos exclusivamente en sus gestos y reacciones) y encuadres desplazados es constante a lo largo de todo el film: primero, para ver de cerca y casi sentir lo mismo que ellos; segundo, para mostrar -y demostrar- cuándo no están seguros de sí mismos, cuándo se sienten descolocados, frágiles. Soberbio.

El discurso del reyEs inevitable hacer la comparativa de El discurso del rey con otros relatos en los que la relación alumno-maestro traspasa los límites profesionales. Lionel nos recuerda al paciente profesor Sean Maguire (El indomable Will Hunting, Gus Van Sant 1997) que ve tan prometedor a su alumno que le empuja a dar el gran salto, y Bertie, al inocente Pu-Yi adolescente (El último emperador, Bernardo Bertolucci, 1987), ávido de conocimientos  pero que no quiere, inicialmente, demostrar que alguien de su rango lo necesita. No obstante, además, estamos ante un film de época con una historia tan cercana, tan simple, que nos recuerda también vagamente a cualquier relato de Jane Austen o Louise May Alcott, en el que la amistad supera cualquier obstáculo.

Por último, y como no podía ser menos, un film tan redondo sólo puede ser mejorado con un acompañamiento musical a su nivel. De la mano de Alexandre Desplat (conocido por obras como las compuestas para El escritor -Roman Polanski, 2010- o El curioso caso de Benjamin Button -David Fincher, 2008) y combinando sus temas instrumentales con clásicos de Beethoven o Mozart, la banda sonora original equilibra los momentos más íntimos con los más alegres y divertidos. Una buena compra para todos a los que nos gusta poder recordar una película a través de su música.

Hemos dicho que Flirt tiene todas las papeletas para arrasar con cualquier premio que este año se cruce en su camino. Seguramente su director no tenga tanta suerte (2010 nos deja muchas otras exquisiteces), pero no podrá quejarse: las inesperadas siete nominaciones a los Globos de Oro son más que un reconocimiento para que continúe así.


Festival y galardones:

Oscars 2011. 12 nominaciones incluyendo mejor película, director, actor principal (Colin Firth), actor de reparto (Geoffrey Rush) y actriz de reparto (Helena Bonham Carter)

Globos de Oro 2011. 7 nominaciones. Premio a mejor actor principal-Drama: Colin Firth

BAFTA 2011. 14 nominaciones.

Festival de Toronto 2010. Mejor película (Premio del Público)

Independent Spirit Awards 2011: Nominada mejor película extranjera

Ficha técnica:

El discurso del rey (The King's Speech), Reino unido - Australia, 2010

Dirección: Tom Hooper
Producción: Iain Canning, Emile Sherman, Gareth Unwin
Guión: David Seidler
Fotografía: Danny Cohen
Montaje: Tariq Anwar
Música: Alexandre Desplat
Interpretación: Colin Firth, Helena Bonham Carter, Geoffrey Rush, Michael Gambon, Guy Pearce, Timothy Spall, Derek Jacobi, Eve Best

 

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