Los nuevos caminos explorados por el denominado cine posmoderno han incluido, además de nuevas formas narrativas y recursos estéticos originales y visualmente impecables, un intento por renovar los temas. Pero, siempre llega un momento en el que las ideas se agotan y se tiene que optar por una reformulación de los patrones disponibles. Acudir a los modelos ya existentes (o clásicos), significa, en muchas ocasiones, terminar introduciendo unas buenas dosis de violencia para consumar la renovación. Hasta cierto punto es normal que, en un mundo tan corrompido y cruel como el nuestro, se comience a demandar sangre incluso en las formas de entretenimiento populares. Corre el riesgo de una incipiente banalización del medio, ocasionado por un recurso que podría cumplir a la perfección su función cuando su presencia estuviera justificada. Tal coartada se ha convertido, entonces, en la "vía sancionadora" frecuente en el reciente cine de autor a nivel internacional.
Lejos de la gratuidad con miras comerciales, el empleo de la violencia en el cine es muy diferente atendiendo a una tipificación geográfica. La cultura, las costumbres y la espiritualidad de cada zona, imprimen un carácter diferenciador a su concepción de un mundo violento. Sin necesidad de entrar en las artes marciales de serie B, ni en las rarezas del gore más puro, diseccionaremos, a grandes rasgos y por no complicar en demasía el análisis, dos grandes tipos de filmografía en función de la utilización de la violencia en el último par de décadas: la renaciente, intensa y rigurosa cinematografía oriental, por un lado y, por otro, la repleta de suculentos -por proveedores de capital- antecedentes paradigmáticos cinematografía occidental. El presente monográfico tiene, pues, el claro objeto de servir como guía útil para el espectador que busque adquirir unas nociones básicas del cine eminentemente violento de autor que se produce en la actualidad en todo el mundo.
Un elemento globalizador
Ante todo, sentenciar que, como es lógico, ni están todas las que son, ni son todas las que están. Esperemos que este catálogo divulgativo sirva de referente para el espectador novel en la materia puesto que, muy posiblemente, quedará corto para el lector experimentado.
No obstante ha quedado, pues, manifiesto, que tanto en una parte del mundo como en otra, el celuloide posee intereses comunes. Es cierto que cada zona parte de su propio contexto y sus circunstancias, pero el afán de transgresión e innovación parece ser la meta. Ya sea con la intención de sorprender, con la de ser portadora de una voz que solicita atención, con la de la denuncia crítica, o con la de vender a toda costa, la violencia ha llegado a ser un elemento común capaz en el cine internacional, un factor que contribuye a la cada vez más asentada globalización del planeta. Tendremos que aprender a "disfrutarla", ya que no es probable que la perdamos de vista.
* Agradezco las aportaciones de Manu Argüelles en torno al tema del cine oriental
Fuente consultada: www.filmaffinity.com