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El error de enfrentarlos: Chaplin vs. Keaton

Buster_vs_Chaplin_cabecera

Dos cómicos contemporáneos entre sí, abriéndose paso en un medio artístico que estaba en sus albores y que a su vez compartían un mismo objetivo: hacer reír mediante la imagen en movimiento. Prácticamente, con ellos se dio inicio al cine tal y como lo conocemos hoy, en sentido de espectáculo, de fuente de entretenimiento. Y aunque cada uno de ellos presente sus matices que los hacen únicos, en ciertas ocasiones podemos comprobar que son muchas las características que los emparentan.

Buster_vs_Chaplin_01La rivalidad que existió entre los dos grandes cómicos del cine mudo fue una de las mayores contiendas que ha tenido lugar en la historia del cine. Charlot (Chaplin, más conocido en Sudamérica como Carlitos o “el vagabundo”) tuvo esta suerte de enfrentamiento con Stoneface (o “cara de piedra”, tal como es apodado Buster Keaton en español) durante parte de la década del 10 y hasta finales de la década del 20. Conocido es el recelo mutuo que existía hacia la carrera de cada uno (más de parte del norteamericano que del británico), aspecto que alimentó esta rivalidad y llevó a que tomara la relevancia que le damos hoy día.

Mientras Charlot utilizaba su expresión facial y sus dotes de mimo para transmitir su humor, Keaton apelaba al movimiento, a la torpeza de su personaje y a no inmutarse ante todo lo que ocurría a su alrededor. Chaplin nos llevaba a conmovernos con sus muecas y sonrisas que buscaban complicidad, mientras que Keaton era capaz de caer varias veces de una escalera en la que sus escalones se convertían en rampa, como en La Casa Encantada (The Haunted House, 1920), o sus peripecias con la locomotora en su escape en El Maquinista de la General (The General, 1926).

Buster_vs_Chaplin_04Ambos tuvieron un ascenso muy rápido a la fama. En el caso de Chaplin, su debut en 1914 con Charlot, periodista (Making a Living) llegó luego de que Mack Sennett lo descubriera un año antes, mientras trabajaba en una obra de teatro en Nueva York. Sus inicios fueron bastante turbulentos, siendo que luego de su comienzo con la película citada, Sennett consideró descartarlo, pero aun así decidió darle otra oportunidad. Esta nueva chance se transformó en unos 30 cortos filmados entre 1914 y 1915, algo que afianzó su famoso personaje Charlot. Y así como la carrera artística de Chaplin se inició en el teatro, también lo hizo la de Buster Keaton. El actor norteamericano tuvo sus primeras experiencias artísticas, desde muy pequeño, junto a sus padres, especializados en el vaudeville, o como se lo conoce en español, vodevil, un estilo que mezclaba las actuaciones musicales con espectáculos que contenían aspectos circenses. Allí radica la primera diferencia (sutil) entre Keaton y Chaplin: mientras la carrera del británico ya había despegado de la mano de Sennett, la del norteamericano no lo haría hasta que éste regresara de combatir en la Gran Guerra.

Buster_vs_Chaplin_02La segunda diferencia -en este caso significativa- que podemos percibir entre ambos fue establecida por la decisión que toma Chaplin en 1919. Junto a Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith, fundó la United Artists. Si bien Chaplin ya producía y dirigía sus films, aparte de actuar en los mismos, esto significó liberarse del poder de las grandes productoras-distribuidoras, aspecto que le significó una gran independencia al momento de producir sus trabajos y los temas a tratar. Esto fue fundamental en la carrera del británico, en contrapartida con la del norteamericano, que a lo largo de su trayectoria vio su camino obstaculizado por no contar con esta autonomía que sí poseía Chaplin.

En lo que concierne al aspecto artístico -y no podemos obviar la limitación que le imponía la MGM a Keaton-, esto era muy notorio, especialmente durante el auge de la carrera de ambos. Chaplin mostraba un lado más comprometido socialmente, que nunca dejaba de hacer reír, pero además llevaba un mensaje a la conciencia del espectador. Desde ese lado, Carlitos apelaba a la emoción, a conmover al receptor con ironías que hacían alusión a la vida cotidiana en el capitalismo contemporáneo, y a pesar de que algunas obras ya tienen casi un siglo de antigüedad, no pierden su vigencia. Por ejemplo, un caso es el de El Chico (The Kid, 1921), donde un niño es abandonado por su madre y el vagabundo se encuentra en la obligación de hacerse cargo de él, pero que, sin dejar de apelar a la comedia, pasará por un sinnúmero de situaciones que calarán hondo en la consciencia del público. Un caso y una historia similar a la que dirigió e interpretó previamente en Vida de Perro (A Dog’s Life, 1919). Por otra parte, Buster basaba su humor en la acción del movimiento, potenciado por la característica que hemos mencionado previamente, la de mantener su expresión facial inmutable. Podemos observar esta característica bien definida en El Espantapájaros (The Scarecrow, 1929), cuando Keaton no tiene donde esconderse y decide hacerse pasar por un espantapájaros, mientras le aplica golpes a quienes le buscan y estos tardan en darse cuenta que quien les pega es el personaje de Keaton. O como ocurre en Convicto 13 (Convict 13, 1921), cuando gracias a múltiples movimientos de destreza se deshace de sus enemigos; sean los presos que lo atacan o los guardias de la prisión, siempre logra eludirlos y salir indemne. Estas escenas no solo demuestran el gran estado atlético que poseía el norteamericano (otra de sus propiedades), sino que además dejan en claro que la repetición del gag era lo que también distinguía su obra de la de los demás.

Ambos abordaron la cuestión de la inmediatez, de la automaticidad que busca el ser humano al querer sBuster_vs_Chaplin_03implificar cosas de la vida cotidiana. Keaton lo grafica en Una Semana (One Week, 1920), cuando después de casarse, recibe su primera casa en una caja y luego de una gran cantidad de peripecias, logra finalizarla, pero a su manera. En el caso de Chaplin, y como era característico de él, aborda esta cuestión, pero desde una perspectiva social más crítica y abarcativa. En 1936, estrena Tiempos Modernos (Modern Times), película que satiriza la vida de un obrero contemporáneo, pasando por todas las etapas y dándole un enfoque de desaprobación a cómo son tratados los obreros en la línea de producción.

Tanto afectó a ambos el pasaje del cine mudo al sonoro, que Chaplin recién en 1940 filmó su primera película sonora, El Gran Dictador (The Great Dictator)  -en ella le conocimos la voz, ya que en Tiempos Modernos se lo escucha cantar, pero en un “idioma” incomprensible- que desafiaba a Hitler y al nazismo, justo antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Conocida fue la dificultad que experimentaron los actores del cine silente al tener que adaptar su voz, y este fue un obstáculo que no pudieron eludir los dos grandes cómicos, quienes basaban su expresión en utilizar la menor cantidad de intertítulos posible. “La imagen debe decirlo todo, debemos expresar la acción mediante lo que se ve en la pantalla”, argumentaba Buster Keaton, acérrimo opositor a la utilización de placas para explicar lo que sucede en la imagen.

Aunque no marcó el final de la carrera de ambos, Candilejas (Limelight, 1952) fue, además de una película llena de nostalgia, el film que los unió a ambos en un mismo escenario. Cargada de emoción, Candilejas plantea la problemática que enfrenta Calvero, una estrella en su ocaso, un artista que vive de una fama pasada que ya no existe. Pero, así como el actor no puede representar a nuevos personajes, porque estos no tienen éxito, es el público el que pide que regrese su personaje. Hacia el final del film, una escena une a Keaton y Chaplin, representando una obra de teatro, donde Carlitos usa sus dotes de mimo y Buster aporta su típica cara inexpresiva. La escena es casi muda, por lo que la misma comporta casi un revival del pasado inmediato, que había tenido lugar unos veinte o treinta años atrás.

Si bien las características que diferencian a ambos cómicos existen y son comprobables, también guardan muchísimas similitudes respecto a lo que concierne a sus inicios, el desarrollo de sus carreras y el ocaso de las mismas. Por esta razón es que siempre he considerado que enfrentar a estos dos grandes comediantes, precursores en el género y fundadores del espectáculo cinematográfico, tal como lo conocemos hoy día, es un error que no debemos cometer.

Sebastián Sáez Burgos

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA


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