Críticas

Pacificación familiar

Valor sentimental

Sentimental Value. Joachim Trier. Noruega, 2025.

ValorsentimentalCartelUn director de cine septuagenario, tras algunos años sin dirigir, pretende hacerlo con un guion escrito por él mismo. Quiere que la protagonice su hija mayor, Nora, quien es actriz de teatro. Pero la relación de este hombre con sus dos hijas es tensa, principalmente con Nora. Las chicas soportaron una infancia difícil en un hogar familiar en el que debían asimilar las constantes peleas entre sus progenitores, hasta que finalmente el padre abandonó el domicilio. Este último, Gustav Borg, reaparece en sus vidas tras la muerte de la madre. Es la sinopsis de Valor sentimental, el último filme del noruego Joachim Trier, tras el éxito cosechado con su penúltimo largometraje, La peor persona del mundo (Verdens verste menneske, 2021). Se trata de una película nórdica que recuerda el estilo profundo y de reestructuración emocional de Ingmar Bergman. En ella cobran un papel fundamental los silencios y las miradas que dejan traslucir lo que realmente se quiere decir y lo que se oculta. 

La casa familiar funciona en la obra como símbolo de traumas, recuerdos y ausencias.  Su utilización como espacio de memoria y confrontación nos retrotrae a Sonata de otoño de Bergman (Höstsonaten, 1978). La mansión se erige como un sustituto afectivo que siente, guarda, espera… Condensa el pasado y el presente pero es incapaz de sustituir lo que faltó cuando debía estar. En la primera escena, es justamente la casa la que cobra el protagonismo con sus habitaciones vacías. Nora recuerda con voz en off un relato que escribió en la escuela sobre la misma como objeto que padece y siente. ¿Se encuentra mejor solitaria o llena de gente? ¿Le duelen los platos que se rompen al chocar contra el suelo? ¿Respira y sobrevive al abandono? Un objeto que envejece, como las personas, y que guarda los secretos y traumas incapaz de articularlos verbalmente, justamente como Nora; un hogar que envejece como el padre, como cualquier humano y que termina como mero decorado de una película ocupada por técnicos, cámaras, marcas en el suelo… Deja de ser un espacio íntimo vivido para transformarse en espacio representado. Deja de sentir para ser utilizado como pura imagen de un material cinematográfico, deja de ser un lugar emocional propio para ser absorbido por la maquinaria simbólica del cine. Pero este arte no puede volver atrás y sustituir el pasado. Ya es demasiado tarde.  

ValorsentimentalFoto1

Las escenas de la obra terminan con cortes abruptos concebidos para dejar margen a los espectadores para que reflexionen sobre lo que están viendo. Melancólica y morosa, la tensión emocional y el peso dramático la recorren de principio a fin. Con una puesta en escena muy cuidada, sobria y contenida, sobresale un guion que otorga gran profundidad y sutileza a caracteres que ahondan en conflictos íntimos. La naturalidad de las interpretaciones y su profundidad se logran gracias a las  excelentes  actuaciones de los tres actores principales: Renate Reinsve como Nora, Inga Ibsdotter Lilleaas como Agnes ( la hermana pequeña), y Stellan Skarsgård como Gustav, el progenitor. Las disquisiciones sobre la familia, el arte y la memoria se acompañan de planos medios y secuencias largas que dejan respirar, con  utilización también de los rostros en primer plano. Nos encontramos así con un drama generacional íntimo y directo que coloca a la familia como campo de batalla emocional, un peso que se siente en cada respiración, en cada movimiento, en cada acción. En palabras del psicoanalista británico Donald Winnicott, el trauma no es solo lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió: la falta de sostén del padre sucedió demasiado pronto por lo que hubo que aprender a arreglárselas solas muy temprano. Se llora la infancia que no existió.

El dolor por el abandono y desatención infantil se aposenta como clima del filme. Pero no afecta por igual a las dos hermanas, al haberse sentido acogida la menor con la protección de la mayor. Pero a esta última le ha conformado inevitablemente un carácter temeroso e incapaz de comprometerse en relaciones duraderas. Probablemente, sea la imposibilidad de mostrarse como es ella misma lo que le ha llevado a dedicarse a la interpretación. Destacamos aquí un de las secuencias iniciales, la del debut de Nora en una obra de teatro y su dificultad para salir a escena. La inseguridad es manifiesta: le aprieta el vestido, se demora, busca toda clase de excusas… Preferiría estar en cualquier otro lado. Pero la profesionalidad se impone y se adentra en ese escenario iluminado frente al público. Y todo fluye. Ya puede ser otra sin necesidad de protegerse del mundo “hostil”. Nora se muestra como un ser competente y autónomo pero incapaz de comprometerse y asumir el riesgo. Abandona antes de ser abandonada. Y actúa exhibiendo emociones sin que sean propias, sin ser ella misma, sin peligro de abandono real. Su yo adulto ha quedado fragmentado y precisa estrategias de supervivencia.

ValorsentimentalFoto2

La banda sonora, muy acertada, está concebida sin acumulación, únicamente para subrayar momentos puntuales. Ayuda a sostener esa distancia fría, mantenida. El trauma por abandono es silencioso y la película no regala la música posteriormente cuando ya se es adulto. En momentos suena el tema de amor de Espartaco de Stanley Kubrick (Spartacus, 1960), compuesto por Alex North. Parece una elección totalmente deliberada para funcionar como contraste en un uso irónico. Representa un amor grande, épico y absoluto que jamás existió en la infancia de Nora ni asemeja existir en el presente. Es el amor que el padre cree estar ofreciendo ahora pero ya es demasiado tarde. Y Gustav actúa con mucho retraso y de manera torpe. Llama por teléfono a Nora cuando está desinhibido, cuando está borracho como gesto fallido de presencia. El alcohol sustituye al coraje pero se encuentra ya fuera de tiempo y falla en su intento de presencia. Cuando afloja el control, emerge su necesidad de acercamiento pero sin asumir tardíamente su responsabilidad. No obstante, la hija reconoce el momento de fragilidad del padre, su pérdida de control y sabe perfectamente dónde está su lugar. Su reacción es medida y ni confronta ni se entrega. Silencios largos y corte abrupto. No es consuelo. 

Gustav no se digna a acudir a los estrenos de Nora. ¿De verdad es una excusa aceptable la circunstancia de que manifieste que le aburre el teatro? Por supuesto que no lo creemos. Evita decir que no quiere verla y se justifica por su falta de interés por el medio. Idéntica circunstancia sucede con los productos televisivos cuando justifica que no le gustó una serie en la que triunfó la hija porque considera que dichos cauces de expresión audiovisual carecen de estética válida. Se repite el patrón del abandono original. No hay conflicto explícito pero sí falta de prioridad: escoge estar en cualquier otro sitio. Para Nora es la misma ausencia con otro lenguaje y no dramatiza, no le pide que vaya, no espera ni por asomo el reconocimiento del padre. La herida está asumida y ataca devolviendo con la misma moneda, negándose a participar en la película que pretende dirigir el padre. Se protege a sí misma conscientemente y de manera clara. Mientras Gustav rehuye el lugar en el que Nora está más expuesta, esta también rehuye del lugar donde el padre controla el relato. El dardo en el sitio que más duele: ambos se niegan a realizar lo que es más importante para el otro y está en sus manos. Nos situamos ante una simetría trágica.

ValorsentimentalFoto3

Todavía nos estamos cuestionando si la obra se remata con un final con cierto amago de optimismo. Y todavía dudamos. Nora se siente como un vacío sin forma. No en vano, eligió un jarrón como único objeto que deseaba poseer de la casa familiar al morir la madre. Pero la fragilidad humana no debe compararse a la de un jarrón, que puede romperse de forma neutra, distinto a la fragilidad humana. Es un objeto no contaminado por el conflicto familiar, no simboliza ningún legado artístico ni activa competencia entre hermanas. Al final se rueda una escena en plano secuencia. La protagonista se despide de su hijo y una silla y un cordel le esperan en la habitación de al lado. La toma es buena. Sonrisas y miradas de agradecimiento. ¿Existe reconciliación aunque sea mínima? Se ha atravesado el conflicto sin estallar, pueden reunirse sin hostilidad pero nos preguntamos si se es capaz de dejar la problemática encapsulada en la representación. Parece que llega la pacificación pero no la resolución. Quizás sea lo máximo a lo que se puede aspirar. 

Tráiler:

Comparte este contenido:

Ficha técnica:

Valor sentimental (Sentimental Value),  Noruega, 2025.

Dirección: Joachim Trier
Duración: 135 minutos
Guion: Joachim Trier, Eskil Vogt
Producción: Coproducción Noruega-Francia-Dinamarca-Alemania-Reino Unido; MER Film, Eye Eye Pictures, Lumen Production, Komplizen Film, BBC Film, Zentropa Productions, MK2 Productions
Fotografía: Kasper Tuxen
Música: Hania Rani
Reparto: Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter Lilleaas, Elle Fanning, Cory Michael Smith, Lena Endre, Anders Danielsen Lie, Jesper Christensen, Catherine Cohen, Jonas Jacobsen, Bjørn Alexander, Pia Borgli

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.