Críticas

Trenes, o el pesimismo

Sueños de trenes

Train Dreams. Clint Bentley. EUA, 2025.

Hay momentos, efectivamente, que te das cuenta de que lo que te ofrecen es, al fin y al cabo, algo innatural que natural parece ser. Un juego tan obvio, una vez que se desvela el engaño, que en realidad es capaz de esconderse tan bien que ni una pizca de sospecha se asoma durante el desarrollo de la faena. Y es que, efectivamente, algo parecido sucede cuando los que con las lenguas trabajamos invitamos a quienes nos escuchan a descifrar el significado antiguo y escondido de palabras que, en realidad, cubren bajo la desnudez de lo invisible un esqueleto tan patente que poco espacio tendría que dejar a “lo raro” que resulta ser. Hay, entonces, momentos que te sientes llevado hacia cimas espléndidas como si de un milagro (secular) se tratara, y después, como siempre pasa con los milagros, notas que todo concurre para que el ser sea reemplazado por el aparecer, y la sensación (emoción) que te hace temblar solo es el resultado de una estrategia bien calibrada. Todo correcto, tengo que decir, ya que es normal que las obras (de arte) nos engañen, sin embargo, ¿y si lo que nos dicen no es otra cosa que un mensaje errado?

Lo natural que se puede decir de Train Dreams es que, efectivamente, la película logra llevarnos hasta unas lágrimas que se arrastran por nuestras mejillas. Tan buena es la estructura y tan inteligente es la estrategia utilizada para narrar este poema que al final nos resulta correcto decir que hemos estado viviendo una experiencia profunda. Todo funciona, entonces, dentro de lo que es un mecanismo perfecto que sabe dónde pisar en la llanura que es nuestra mente, cuáles puertas tocar y cuáles tipos de palabras utilizar para que se abra dentro de cada uno de nosotros aquel diálogo tan triste que nunca querríamos empezar con la única persona que puede escucharnos honestamente, o sea nuestro yo que se espeja en la amargura de nuestro rostro. Y es el dolor, el acto mismo de ser víctimas inocentes de un universo que parece no darle mucha importancia a nuestra vida (nuestro deseo de paz y felicidad), lo que lleva a que se insinúe el canto de lo profundo que puede ser el hecho mismo de vivir sin poder decir que sí vivimos bien.

Resulta natural, como se ha dicho, la estructura del filme gracias a una capacidad de generar elementos de patetismo dentro de un andamiaje tan perfecto que nos quedan pocas palabras para describirlo. Hay que vivir esta experiencia, entonces, dejar que fluya dentro de cada una de nuestras sensaciones, llamadas para que vuelvan a reclamar su justo sitio en el conjunto de la infelicidad humana. E innatural resulta también la película una vez se haya terminado la visión y, con un poco menos de pasión tan triste, nos pongamos a analizar la cuestión con el ojo crítico de quien sabe que le están trasmitiendo un mensaje. Lástima, entonces, que una obra tan bien estructurada esconda dentro de sí un mensaje tan vacío y poco profundo que vuelve la experiencia un ejercicio de estilo incapaz de ir más allá de unos hilos que parecen mover al protagonista simplemente para que haga y diga lo que más correcto resulte ser para alcanzar un objetivo bastante modesto, además de quizás peligroso ante lo que es, efectivamente, la realidad.

Train Dreams es una obra maestra, en lo que a la técnica se refiere, y un desperdicio de cualquier voluntad de ser honestos ante la oferta de un mensaje tan falso y al mismo tiempo tan bien pulido que parece ser verdadero. Habría, quizás, que leer a Voltaire ante el tamaño casi infinito de pesimismo cósmico que se va desarrollando en la película, hasta darse cuenta de que una pizca de inteligencia y de humor valen más que muchas lágrimas saliendo de nuestros ojos. Los morality plays o algo similar nunca han desaparecido, y en la cultura de cada país se esconden cuentos que intentan darnos algo para que mejor aprendamos lo que es, efectivamente, la experiencia de la vida; hay que preguntarse, entonces, si a veces de malos maestros habría que hablar, de los que nos ofrecen una supuesta clave para comprender lo perpetuo de este universo y lo finito de nuestra vidas, cuando en realidad solo están proponiendo algo que quiere ser tan profundo como el océano y resulta ser tan superficial como un charco.

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Ficha técnica:

Sueños de trenes (Train Dreams),  EUA, 2025.

Dirección: Clint Bentley
Duración: 102 minutos
Guion: Clint Bentley, Greg Kwedar
Producción: Marissa McMahon, Teddy Schwarzman, Will Janowitz, Ashley Schlaifer, Michael Heimler
Fotografía: Adolpho Veloso
Música: Bryce Dessner
Reparto: Joel Edgerton, Felicity Jones, Nathaniel Arcand, Clifton Collins Jr., John Diehl, Paul Schneider, Kerry Condon, William H. Macy

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