Críticas
Los artificios de la inteligencia
Sin piedad
Otros títulos: Misericordia.
Mercy. Timur Bekmambetov. EUA, 2025.
El asunto de la inteligencia artificial se constituye en una característica de la modernidad que hace parte importante del cine desde hace tiempos. Permite establecer escenarios, algo que sin duda es bastante escénico y teatral; facilita simular y crear efectos especiales con muy altos niveles de creatividad y realismo, algo que está en la base de los infinitos juegos imaginarios del cine; facilita la ubicuidad, la simultaneidad de existencias y permanencias temporales y espaciales, rasgos que ponen en jaque y excitan la imaginación de los espectadores, llevándolos a viajes espectaculares por las ocultas y evidentes zonas de las realidades objetivas y aumentadas; desafía las interpretaciones de los que presencian el espectáculo, introduciendo todo tipo de variaciones en las hipótesis a las situaciones que se presentan, lo cual da lugar a variables e inesperadas sensaciones de incertidumbre y de intriga. La sorpresa y lo inesperado se abren paso, lo cual tiene el riesgo de destruir tradiciones y buenas prácticas individuales y sociales, reemplazando todo por un absoluto y de cierta manera cómodo relativismo que resuelve las preguntas y los problemas mediante modelos, que se consideran acertados y científicos, más que mediante intuición, trabajo disciplinado y persistente, creatividad bien intencionada, experiencias y sabiduría objetiva.
Las sociedades avanzadas han llegado a desarrollos envidiables en cuanto a calidad de vida, seguridad alimentaria y energética, manejo de desastres, ofertas educativas, formas de recreación, de cultura y de esparcimiento, posibilidades de viaje y movilidad, liberación de esfuerzos físicos y de duras labores productivas y esclavizantes, desarrollo de calidad ambiental y organización política y social, entre otras. Pero persisten enormes problemas de miseria; zonas deprimidas; drogadicción; infelicidad y falta de valores; comportamiento criminal; desempleo e informalidad; trata de personas; habitantes de la calle; crimen y piratería; migraciones masivas y formación de guetos; inseguridad e ilegalidad. Y esto ocurre no solamente en países pobres, sino en muchos de los países prósperos, a pesar de los enormes esfuerzos e inversiones. En estas regiones ricas se van conformando zonas que desafían las inteligencias de los gobernantes, de los planeadores y de los expertos. ¿Y esto por qué? Y, ¿cómo se resuelve? Y ¿cómo se convence a las personas y se las compromete? ¿Quién asume el liderazgo y quien ejecuta? Son preguntas que creo que hay que resolver.

Cada vez más se plantea que las herramientas de la inteligencia artificial serán una gran ayuda para resolver todos estas preguntas y grandes problemas y otros relacionados. No puede el cine desconocer los desafíos asociados con la eficacia real que las herramientas de divulgación de conocimiento, interpretación, de simulación, de búsqueda de alternativas y de soluciones, tengan para responder las grandes preguntas y desafíos.
De todo esto trata la película que nos ocupa, que se ha titulado en español con palabras de significados opuestos: Sin Piedad / Misericordia (Mercy), mostrando que se trata de una saga que se mueve por los dos caminos que tradicionalmente se ofrecen al momento de tratar con la criminalidad y los comportamientos irregulares; zanahoria y garrote; o más iluminadamente ternura y exigencia; o como dice el hermoso lema que adorna el escudo de Colombia, el país donde vivo, atormentado por años por la ilegalidad, la violencia y el crimen: libertad y orden.
Como respuesta al insoportable asedio de la criminalidad, una ciudad ha decidido resolver los intratables problemas mediante la inteligencia artificial, creando un sistema de justicia rápida basado en un tribunal especial, denominado Mercy, cuyo sistema de juzgamiento (sin apelaciones y sin artilugios legalistas retrecheros que todo lo complican y demoran y que no se atreven a resolver los casos de evidente criminalidad), es la inteligencia artificial.
El sistema está dotado de impresionantes herramientas digitales (lectura inmediata y revisión instantánea y perfecta de documentos y pruebas; acceso a celulares; videos y fotografías basados en una completa red de cámaras que todo lo permean; testimonios en vivo y en directo y, sobre todo, de herramientas de simulación que son capaces de determinar de manera declaradamente objetiva, el nivel de culpabilidad que el acusado en cuestión tiene con respecto al caso que se está juzgando. El juicio tiene lugar en una sala entre moderna y medieval, donde el acusado se enfrenta solo y sin abogados y fiscales ante una pantalla, en la cual el juez de IA (en esta caso un mujer bella y de aspecto impenetrable) expone y explica el caso y va concluyendo. El acusado dispone de 90 minutos para desvirtuar la acusación y lograr que el índica de culpabilidad, que siempre inicia con valores altos, pues se considera que se es culpable hasta que no se demuestre lo contrario, sea llevado a valores que permiten desechar el caso. La única ayuda de que dispone es su inocencia, demostrada ante la IA con las tantas herramientas de este juez, objetivo e inteligente, a base de la propia inteligencia y capacidad mental del acusado para ser capaz de poner a dudar a la IA del juicio de culpabilidad que se tiene como punto de partida.

Parece evidente que ningún acusado puede liberase de esta trampa de información, de lógica implacable y pruebas evidentes, en un ambiente de inminente amenaza, para juzgas graves crímenes, que se castigan con severidad extrema en apenas hora y media de juicio. Aún si se considera a sí mismo como inocente, el peso de las sólidas pruebas, simulaciones y conclusiones de la IA es tan grande, que el acusado puede llegar a renunciar a su propia defensa y aceptar su culpabilidad. A no ser que sea capaz de usar a la IA para desvirtuar a la propia IA mediante el análisis de indicios, de hipótesis, examinando las respuestas y construyendo sobre ellas.
Entonces cuando nos sentamos ante una pantalla, dominada por la inteligente IA que responde todas nuestras preguntas a la velocidad de la luz, ¿estaremos en capacidad de utilizar nuestra propia inteligencia, junto con la misma herramienta de IA, para que no se destruya nuestra propia capacidad de intuir, de crear, de preguntar, de imaginar, de observar, de negar, de examinar las situaciones desde varios puntos de vista, de considerar otras respuestas y de examinar las bases documentales esenciales y utilizar nuestra propia redacción, estilo y criterios para escoger la mejor respuesta a la problemática que estamos tratando al utilizar la maravillosa IA?
De eso trata esta buena película, que me parece bastante recomendable y entretenida, no obstante que algunas críticas la tilden de sosa. Considero que vale la pena contar siempre con todos los artilugios de la inteligencia, propia y artificial para construir realidades valiosas y acá podemos reflexionar un poco sobre ello, mientras se recorre una historia no carente de sorpresas y de intrigas.
Trailer:
Ficha técnica:
Sin piedad / Misericordia (Mercy), EUA, 2025.Dirección: Timur Bekmambetov
Duración: 100 minutos
Guion: Marco van Belle
Producción: Charles Roven, Robert Amidon, Timur Bekmambetov, Majd Nassif
Fotografía: Khalid Mohtaseb
Música: Ramin Djawadi
Reparto: Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Kali Reis, Annabelle Wallis, Chris Sullivan, Kylie Rogers

