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Romería (2025): Fronteras regionales, fronteras familiares

Romeria

Ya casi descorrida la piedra patriarcal que pesaba sobre el cine español, observamos felices cómo aumentan los trabajos filmados por directoras de talento excepcional. Si ya alcanzaron reconocimiento internacional las aportaciones de realizadoras como Pilar Miró, Icíar Bollaín, Gracia Querejeta o Isabel Coixet, además, durante los últimos diez o quince años han aparecido grandes obras rodadas por mujeres de poderosa mirada cinematográfica y vital. Extraordinarias Pilar Palomero y Arantxa Echevarría, muy dependiente de los patrones de Martel aún Clara Roquet (1), pero prometedora. También notable Estibaliz Urresola como tantas otras. Imposible nombrar en el ámbito español todas las realizadoras actuales de talento (deslumbrante el cine hispanoamericano rodado por  mujeres igualmente).

Nos ocupamos aquí muy brevemente de Romería (2025), la tercera y, a mi entender, mejor película de Carla Simón. Su primera obra, Verano 1993 (2017), ya poseía la influencia de Lucrecia Martel (2), la magistral directora tiene reconocidas admiradoras en Pilar Palomero y en la propia Simón. Ya rastreamos su influencia en la notable Los destellos (2024) de Palomero (3); en las películas de Carla Simón se aprecia ese tratamiento de la argentina de la intimidad familiar, con sus peculiares atmósferas naturales y a la vez turbias, los pliegues de la narrativa que se brindan visualmente con ese decir sin decir tan de Martel: con el uso del campo, los espacios desplazados fuera de la cámara en donde suceden cosas importantes, el sonido y el uso sutil de la sugerencia en la narración.

Carla Simón
Carla Simón

En  Alcarràs (2022) no hallé tanta altura artística como en Verano 1993, no niego la belleza de los agricultores recogiendo melocotones en Alcarràs ni el torpe encanto de los actores y actrices no profesionales. Encomiable el valor político de la defensa de esta dura profesión agrícola, no obstante, el excesivo aire documental me pareció que sofocaba el carácter de ficción (biográfica o no) que determina una película como tal. No me agradó, la obra fue premiadísima, lo que señala mi desacierto crítico, seguramente, pero este segundo trabajo de Simón no me suscitó emoción artística, estética ni vital, no en un plano artístico profundo.

Otra cosa bien distinta sucede con Romería, película con la que Carla Simón cierra su trilogía autobiográfica sobre la familia. Es esta una obra verdaderamente sutil. Una joven viaja desde Cataluña a Galicia, a Vigo, se produce así un cambio de fronteras desde el Este de la Península Ibérica hasta el Oeste, desde una costa de mayor recepción europea y artística a una comunidad gallega y viguesa tradicionalmente más cerrada y conservadora, más aún su familia paterna. Las fronteras no solo son comunitarias, regionales, también lingüísticas y, finalmente, logrará atravesar las más difíciles, las fronteras familiares del rechazo y la cerrazón de los que llevan su sangre y sus genes, pero logra conquistar.

Nada más llegar se confronta su lengua, el catalán -que suena de fondo mientras ella escribe en el diario o relato a su tía (su madre adoptiva)-, con el gallego que hablan o cantan sus tíos y primos en el velero. Qué hermosas escenas iniciales del paseo en barco, la bahía, las Cíes. Se presenta así la frontera del mar, el océano Atlántico poderoso que se le impone a sus recuerdos del Mediterráneo. “Es que esto es un mar, no un charco”, le dice su primo. Marina es el nombre de la protagonista, una elección que no ha de ser casual. Llúcia Garcia debuta en este papel con una interpretación que, sin ser memorable, es correcta y adolece de chirridos, lo que no es poco. La naturalidad interpretativa no abunda entre los jóvenes actores y actrices españoles más recientes.

Marina es hija de Toni, hijo del dueño del Astillero Piñeiro, el abuelo de Marina, y de su abuela, una mujer tan tan clasista como arrogante y fría (qué escena de la señorona en la cama tan de Martel aparece también). Los padres de Toni no reconocen la enfermedad que se llevó al hijo a causa de la adicción, lo tenían escondido al enfermar, y Marina necesita su certificado de defunción para poder pedir una beca. Todo son silencios para encubrir una de tantas pérdidas por la epidemia de la heroína que en los años 80 y 90 en España terminaría con la vida de de los padres de la directora como de tantas personas. Concretamente de SIDA fallecieron 34.000 personas durante esas dos décadas en el país.

Marina no fue reconocida por sus abuelos, la madre marchó a su Cataluña natal. Cuando su padre, Toni, enfermó de SIDA, lo mantuvieron retenido en un cuarto, también le ocultaron las cartas de su novia catalana y ya nunca trató a la niña. La madre de Marina (no se indica su nombre) murió de SIDA no mucho después. La joven desea reconstruir la historia de amor entre sus padres, sus vivencias de juventud, trata con sus amigos, con los hermanos de su padre, que avanzan poco a poco hacia ella hasta arropar a la joven, su sobrina.

Fotograma de Romería

Marina descubre que sus padres, en palabras de una amiga, “estaban locos el uno por el otro”, y que su padre no paraba de hablar de ella, de Marina niña, hasta el final de sus días. Una fuente importante de información proviene de sus primos, algunos de su edad, con los que se establece un vínculo especial, y sobrevienen esa escenas típicas de juegos entre hermanos, en verano, tan propias de la directora argentina y ya referidas.

De la puesta en escena hay que destacar la naturalidad de los actores y actrices, no hay interpretaciones de una rotundidad y hondura que sobresalgan, pero todos están bien en esa línea de naturalidad desenfadada. Los escenarios tienen asimismo particular encanto, pues la conexión con el mar, la playa, el barco, los exteriores propios del verano en Vigo resultan estimulantes y conectan con esa narrativa de la vida libre y desordenada, veraniega y díscola, vivida por los padres de Marina años atrás. La iluminación natural juega por tanto un papel importante. También cuidan mucho el vestuario y maquillaje de la tribu urbana a la que pertenecían los jóvenes.

El uso del campo ha adquirido una mayor representatividad en el cine de Simón, más maduros sus usos, más expresivos; me gustan las continuas entradas y salidas de campo en algunas escenas, algún campo vacío, o el uso de la profundidad de campo en los planos marinos de la Ría de Vigo y las Islas Cíes, y Toralla, donde habían vivido los padres de Marina.

Los planos en conjunto adquieren un gran valor expresivo, esa profundidad de campo le muestra a la joven el edificio donde habitaron sus padres, está en una isla, lejos, es ya un lugar de una memoria que no posee y en el plano está lejos de su mirada, inaprensible. En el montaje gustan las analepsis con momentos felices de los padres, en donde sobresale un plano en donde Llúcia Garcia interpreta a Marina y a su madre a la vez, juntas, en una confrontación de imágenes que quiere acercarlas.

Del guion y los tratamientos narrativos de la fábula, aparte de que la historia es buena, lo que la hace interesante es el uso de la interpretación y comprensión de la misma: deja un importante espacio interpretativo al espectador -sutura de Oudard- inicialmente, en el primer tramo del filme especialmente, juega con las expectativas y no sé sabe qué sucedió con esos padres de Marina, pero finalmente se colma la respuesta.

Me gusta el ambiente y las sensaciones generadas por el arte de esta película, si no de Gran Arte si de Arte Medio, por todos los rasgos comentados, por dar una renovada sacudida -desde la lucidez que da el tiempo- al tema del SIDA en España, pero especialmente por esa atmósfera de convivencia familiar magníficamente lograda.  La autora acaba con la trilogía nutrida, parcialmente, por aspectos de su biografía.

Es común que algunos artistas creen trabajos maravillosos en su juventud inspirados en sus vidas y, muchas veces, luego no estén a la altura cuando avanzan por el terreno de la ficción sin referentes reales propios. Carla Simón ya sabe contar historias con una cámara, lo hace muy bien, crea Arte fílmico y es especial, así que ojalá no yerre al escoger su siguiente historia, estamos deseando visionarla.

 

  1. https://www.elespectadorimaginario.com/libertad-2/
  2. https://www.elespectadorimaginario.com/antonioni-y-martel-la-gran-inspiracion/
  3. https://www.elespectadorimaginario.com/pilar-palomero-o-el-nuevo-cine-de-autor-espanol/
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