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Los lobos: La migración
Los lobos es una película dramática mexicana de 2019, dirigida por Samuel Kishi, escrita desde una experiencia semiautobiográfica y basada en recuerdos del propio director en su niñez. El argumento consiste en el viaje que realiza Lucía, de México a Albuquerque (Estados Unidos), con sus hijos Max y Leo, de 8 y 5 años, en busca de una vida mejor. Mientras ella trabaja en varios empleos precarios (una lavandería industrial y limpiando un almacén), los dos niños deben permanecer dentro del desmadejado apartamento que han alquilado. A través de su ventana, observan el día a día del inseguro barrio donde viven, habitado sobre todo por hispanos y asiáticos.

El posicionamiento del director en este drama social de inmigración no solo se refleja con sus recuerdos desde una experiencia personal, sino que la nutre inspirándose en sencillas experiencias reales. La historia está rodada sin excesos ni efectismos, en escenarios naturales, con abundante cámara en mano y casi sin iluminación artificial, para conseguir una arrebatadora autenticidad que acerque al público a interpretar los diferentes aspectos existentes en el film.
El largometraje propone una narrativa que permite que el espectador se coloque en la situación de los protagonistas y llegue a ser condescendiente. En ningún caso se utiliza la historia para justificar resentimientos y divisiones, y sí para mostrar todas las dificultades que se encuentran las personas migrantes. Lo que es palpable y notorio es el concepto de solidaridad entre las personas de la misma condición, con los mismos problemas. Puede que exista un inicial rechazo e inseguridad a la novedad por su desconocimiento, pero se nos transfiere el apoyo y la ayuda que se prestan las personas de diferentes raíces y culturas (mexicanos y asiáticos), que entre ellas conviven. Esto nos hace reflexionar en lo importante que es el pasado para mejorar el presente. El aprendizaje de la experiencia y de lo vivido con dificultad, para hacérselo a otros más fácil. El fin de apoyarse unos en otros, y viceversa, para progresar. Gracias a la narrativa utilizada para contar la historia, consigue enfocarse en la dificultad de los tiempos actuales existentes en la migración de las personas, para poder conseguir una vida mejor. Esto lo logra desde la perspectiva y la mirada tanto de la madre como del hijo mayor, generando pequeños conflictos entre ellos. También, enfatiza sobre los prejuicios que tenemos ante personas que no son de nuestro país, que creemos que no son como nosotros, pero lo son. La película muestra repetidas veces el recuerdo de su familia y de sus raíces. La mayoría de las personas no están dispuestas ni tienen la necesidad de abandonar a los suyos, ni sus costumbres, para ir a otro lugar, donde muchas veces no hablan su idioma y donde los hábitos y tradiciones del que emigra son totalmente diferentes a los suyos. Esto se percibe en la película cada vez que de la cinta de la casete se oye la voz y el sonido de la guitarra del abuelo. Nadie quiere trabajar dieciséis horas por un mísero sueldo en malas condiciones. ¿Dónde están sus derechos? Pues no los tienen, nacieron en un lugar equivocado. No existen derechos para los inmigrantes, no pueden optar a una vivienda digna, como relata la película a lo largo de todo el metraje. El film trata de construir una narrativa que fomente la unidad y la comprensión mutua.
El director hace una apuesta por el optimismo sin edulcorar las duras realidades que describe en torno a la emigración: familias rotas, pobreza, drogadicción, violencia, precariedad laboral. Para equilibrar la balanza, Samuel Kishi muestra la caridad cristiana, representada por una iglesia evangélica, que ha puesto entre sus prioridades la ayuda material y espiritual a los más necesitados. Esta no tan pequeña y muy emotiva película como Los lobos te reconcilia con el ser humano y con el cine como poderoso medio para mejorar el mundo.

En el contexto del análisis de la imagen, podemos contemplar una abundante suma de planos grabados en el interior del apartamento, que en ningún caso su cantidad e intensidad de estímulos visuales son abrumadores. Es una película que no utiliza efectos especiales (solo con la animación de los dibujos), maquillaje, vestuario o escenarios que sobrepasen la realidad para crear imágenes impactantes o surrealistas. Tampoco amplifica las acciones o emociones de los personajes, evitando intensificar el drama o el humor. Y mucho menos, hay exageración sonora, la música, los efectos de sonido o los diálogos no se elevan por encima de lo natural para aumentar la tensión.
En Los lobos hay una clara mezcla de tres géneros: ficción, animación y documental. Cuenta con diversidad de representaciones visuales para contar la historia, y consigue que la narrativa se fragmente, multipliquen los puntos de vista: el de los niños (animación), el de la madre (ficción-realidad) y la del director (documental), en busca de una mayor carga de verosimilitud para el largometraje.
Creo en las imágenes que he visto en Los lobos y me han invitado a reflexionar en parte sobre la inmigración, porque no se han utilizado elementos como la metarreflexión, la cita a otras películas o la presencia del propio director en la obra.
El psicoanálisis sobre la migración que realiza Samuel Kishi aborda las complejidades emocionales y psicológicas a las que se enfrentan sus protagonistas inmigrantes, explorando temas como la pérdida, el trauma y la adaptación a una nueva cultura. La inmigración afecta los valores de identidad y cultura de los tres protagonistas, generando conflictos entre la cultura de origen y la de acogida. La búsqueda de un nuevo sentido de pertenencia, difícilmente la encontraran en el apartamento donde viven. En Los lobos percibimos emocionalmente esa separación familiar a través de la cinta grabada con la voz del abuelo de los niños y su guitarra, y la foto del padre de los chicos, que les lleva a la nostalgia por el abandono del hogar familiar y sus dificultades, incluyendo la premisa de no salir del apartamento que tienen los pequeños.
En cuanto a la óptica de género, el tema de la feminización de las migraciones es cada vez es más latente y tiene mayor visibilidad como se hace presente en esta película, en la que una mujer protagoniza el papel principal. El director parece querer inmortalizar la figura de su madre, visibilizando la diversidad de sus experiencias y de la de tantas mujeres que emigran solas, como cabeza de familia. A día de hoy, las mujeres representan el 48 % de los migrantes internacionales en el mundo. El creciente número de mujeres que migran de forma independiente se conoce a menudo como «la feminización de la migración». En el largometraje se intenta no estigmatizarla con el rol de víctima a la protagonista. Compagina las acciones de su trabajo con la vivencia de los niños en el apartamento. Podríamos destacar varias causas de la feminización en la inmigración que se reflejan en el film: económicas, sociales, familiares, y la violencia de género. En la película no se manifiesta de una manera clara si la madre huye de su país y del entorno familiar por este motivo, o porque su marido falleció. Incluso por falta de oportunidades o discriminación en su país de origen. Por otro lado, me gustaría subrayar la intención de hacer visible su vulnerabilidad ante la violencia, la explotación y la discriminación del país al que emigran. Esto supone que se necesita una adaptación de las políticas migratorias para abordar las causas y consecuencias de la feminización de la migración, garantizando la protección de los derechos de las mujeres migrantes y promoviendo su inclusión social y laboral.

Los lobos pretende transmitir aspectos sobre la teoría cognitiva de la migración, que se centra en cómo los procesos mentales de los individuos influyen en sus decisiones de migrar. Realmente creemos que la madre protagonista de la historia ha evaluado las ventajas de migrar, considerando factores como las oportunidades económicas, la calidad de vida y la seguridad, estos dos últimos como huida de una violencia de género que para mí es la clave de la migración con sus hijos. Las desventajas son múltiples, como todo tipo de riesgos asociados a la partida, pero para ella no son prioritarias, a excepción de la pérdida del entorno familiar. Otro factor son las representaciones mentales sobre el lugar de destino, que pueden ser realistas o idealizadas. La madre se va dando cuenta de que no es como se lo imaginaba, y queda patente en el inicio del film cuando se dispone a buscar un apartamento donde vivir, y todo son dificultades y costes elevados. La realidad laboral es otra muy distinta y dura, que se muestra en las largas jornadas de trabajo, y su agotamiento físico y mental según avanza la película. Respecto a la elección de país a emigrar, elige Estados Unidos por proximidad, sabiendo que existe una barrera lingüística y diferencias culturales a las que adaptarse, por eso hace las grabaciones de vocabulario en inglés en la cinta de casete para sus hijos. También nos muestra cómo ella gestiona el estrés emocional asociado al día a día de su situación de inmigrante. Por último, podemos ver como los niños terminan teniendo un acto de resiliencia, tomando la decisión de salir del apartamento en ausencia de la madre, sin permiso, porque necesitan adaptarse a su nuevo medio, para salir y conocer.
Los lobos trata de evidenciar etnocentrismos, androcentrismos y otros estereotipos de la mirada sobre los “otros”. Con su mensaje intenta contribuir al antirracismo y promover la educación intercultural, para favorecer el encuentro con el “otro” y construir experiencias antirracistas.

