Críticas

¡Avast!

Los Goonies

The Goonies. Richard Donner. EUA, 1985.

Cuestiones de ser un niño (o un pre-adolescente) y encontrar allí, en la pantalla, un producto que sí sabe cómo conectar contigo. Cuestiones tan sencillas de elementos que se unen y que en su resultado final logran traspasar la frontera de los cuatro lados (más el de enfrente, el que nos une a ellos) y así proponer una narración que se inserta no solo en tu imaginación, sino en el meollo de lo que eres (o fuiste). Cuestiones (por tercera vez) de volver también a un período histórico preciso, el de cuando éramos más jóvenes (los que comparten mi edad, que supera a los cuarenta) y vivíamos una sensación de rara inestabilidad cultural con la llegada de un mundo tan maravilloso como era el del gran cine spielberguiano que nacía en los Estados Unidos y lograba hablarle a toda una generación que quería saciarse de algo tan dulce como también tan bien orquestado. Unos años, los del nacimiento de esta película, que ya fueron, terminando aplastados por el camino del tiempo, y que, de todas formas, logran volver hasta nuestra presente superficie gracias a la presencia de obras tanto arqueológicas como, quizás, plásticamente (en cuanto consumidores) sempiternas.

The Goonies es, entonces, una experiencia que se reverbera dentro de los recuerdos típicos de cuando éramos más jóvenes (o tan solo jóvenes). Es una obra de carácter onírico, que se establece en el marco del cine en cuanto concreción de sueños, de deseos, de imaginación. Es, efectivamente, una película de bajo interés estético, poco (o casi ningún) valor artístico, que se presenta como elemento de total escapismo bajo un punto de vista completamente estadounidense. Una película típica de los años ochenta del siglo veinte, con un mensaje inexistente y no por esto incapaz de enganchar al espectador quien, sentado ante la pantalla, logra reconocer aquellos mecanismos típicos de la mente (pre) adolescente que solo sueña con una aventura que le pueda marcar toda su vida. Divertirse, disfrutarlo, pasar un buen rato con personajes que podemos reconocer en los arquetipos de nuestros mismos compañeros o de cada uno de nosotros, construyendo así un puente efectivo entre lo que allí se desarrolla en la pantalla y lo que aquí, en nuestra mente, queremos que se espeje en nuestra realidad, sabiendo bien que sería imposible.

Absurdo sería pensar que The Goonies representaría una piedra miliar de la producción cinematográfica. Todo lo contrario, es un filme de serie B, sin demasiadas pretensiones, superficial, ilógico en buena parte de sus elementos narrativos. Y, sin embargo, es también la correcta demostración de que el cine puede llevar a la pantalla nuestros deseos más íntimos, los de nuestra joven edad, los que nos empujaban a que mirando fuera de la ventana viéramos mundos nuevos, irreales, tan falsos y al mismo tiempo tan dulces. ¿Qué es, efectivamente, la idea de buscar el tesoro de un pirata para así salvar nuestras casas y nuestra amistad? Es la concreción de un sueño imposible, de unas ideas tan locas que parece difícil no darse cuenta de su estúpida superficialidad. Y es que, al fin y al cabo, todo funciona dentro de este sueño tan infantil que resulta ser tan atractivo, tan liviano y, finalmente, tan bueno que nos lleva a un goce de imaginación pura.

Hay objetos artísticos que nada aportan a su medium. Hay películas que podemos pasar toda nuestra breve vida sin nunca haberlas visto, y esto no implicaría ningún pecado mortal ante la desaparición de nuestro cerebro. Pero hay también obras que, en su inocente vacuidad, nos otorgan un poco de goce que no supera los bordes de lo indecente (lo mal rodado, lo mal actuado, lo mal guionizado) y nos piden que las escuchemos (las vemos) solo para que nos puedan regalar por lo que han sido creadas. Entretener, entonces, es la palabra clave, sin pretensión de ser grandes obras de arte (nunca quisieron serlas), sin rozar el perímetro de lo profundo, de lo extenuantemente universal, creándose su espacio dentro de la cuestión de cult y allí permanecer, sin querer disturbar a nadie. Vuelves a tu (pre) adolescencia, rememoras a tus amigos, respiras aquella sensación de posibilidades infinitas, y te preguntas si, al fin y al cabo, en el mundo podrían existir otros tesoros de otros piratas.

Tráiler:

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Ficha técnica:

Los Goonies (The Goonies),  EUA, 1985.

Dirección: Richard Donner
Duración: 114 minutos
Guion: Chris Columbus
Producción: Richard Donner, Harvey Bernhard
Fotografía: Nick McLean
Música: Dave Grusin
Reparto: Sean Astin, Josh Brolin, Jeff Cohen, Corey Feldman, Kerri Green, Martha Plimpton, Ke Huy Quan

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