Críticas

Memoria

El agente secreto

O Agente Secreto. Kleber Mendonça Filho. Brasil, Francia, Alemania, Paises Bajos, 2025.

Necesidades de un mundo que cambia, que se desarrolla, que olvida el pasado dentro de un presente que se fundamenta sobre él. Necesidades en el sentido de algo físico (y mental), algo que se asoma ante el cambio del tiempo y nos dice que, efectivamente, saber lo que pasó antes nos puede abrir una mejor visión de lo que está pasando ahora. Y es que, de hecho, las casas en las que vivimos, las calles que pisamos, o tan solo el idioma que hablamos se basan en una decisión pasada, como pasada es la decisión que nos permite estar aquí hoy en día (alguien tuvo que decir que nos criaría, al fin y al cabo, tanto los padres biológicos o los otros personajes que nos han formado mental y éticamente). Volver hacia lo que fue, entonces, es llevar a la superficie el valor mismo de la relación que se construye entre lo personal y la sociedad, entre la cultura y sus componentes, tanto los seres humanos como los objetos y las ideas que se reverberan dentro de los pliegues de lo pasado, lo presente y lo futuro. Y es, sobre todo, tomar conciencia de que el momento que vivimos no puede eximirse de reconocer los pasos con los que hemos llegado allí.

O agente secreto es, sencillamente, una obra magistral. No hay nada más que decir, quizás, para que la fruición sea completa. Unas palabras claves : Brasil, política, violencia, presente, pasado, chantaje, sobornos. Una serie de elementos que reelaboran el concepto mismo de un luto que se vuelve nacional en cuanto a la muerte de un sentido de libertad y de seguridad personal; es la historia de una persona con la que se muestra un mundo más amplio de la diminuta ocurrencia de un solo hombre. Los lazos que se interrelacionan dentro del juego del contexto social, político y cultural histórico y el drama subjetivo de un padre que intenta sobrevivir proponen al público una visión más dura y cruda de lo que fue un período tan cercano y, al mismo tiempo, tan lejano. Olvidamos porque queremos o tan solo porque no nos enseñan; rememoramos porque necesitamos o tan solo porque nos educan. Ver significa, a lo mejor, estar allí, estar dentro del hecho histórico de entre lo dicho y lo callado, lo superficial y lo profundo.

Se amontonan así, en el camino cinematográfico de esta película, las señas de un discurso más amplio, capaz de pedirnos una lectura más variada, más diferenciada, de una serie de eventos que nacen dentro de una estructura privada (lo centrípeto) y que se abren ante un andamiaje eternamente social, de aquella sociedad que se construye en las relaciones de poder y de violencia (lo centrífugo). Puede que, por supuesto, el espectador se acerque a este mundo sin saber lo bastante de aquellos años que tan borrosos hoy aparecen (y tan similares son, desde cierto punto de vista, en los engranajes de unas estructuras que varían sin morir nunca). Y puede que, dentro del discurso narrativo, reconozca unos elementos universales que salen de la asfixia de un Brasil tan pequeño y se mezclan en el reconocimiento de una estructura tan humana y tan deprimente, la de la necesidad de vivir o tan solo sobrevivir ante un poder que puede aplastarte sin que el estado funcione correctamente y te ofrezca cierto tipo de sagrado cobijo.

Obra de primera calidad, entonces, quizás ya lista para que sea recordada (re-vista, re-leída, re-analizada) en el futuro, O agente secreto propone un cine que sabe como jugar con los lazos del transcurrir, entre un presente y un pasado que se mezclan, a veces, dándose cuenta de la falta de palabras que explota entre sí en los silencios. Es una necesidad, la de recordar, la de no permitirle al olvido que se convierta en el dueño de nuestras mismas sociedades, de nuestras culturas, o tan solo de nuestras mismas historia personales. Cuando la extrema capacidad de entablar una narración se une con la voluntad de enseñar y educar a la memoria, difícilmente resulta el producto final carente o tan solo mediocre; aquí, quizás, lo mejor sería reconocer hasta qué punto, efectivamente, puede llegar el concepto de ars en cuanto elemento productor, de homo faber, que nos abre una grieta dentro del fluir del reloj y nos pide que toquemos lo que no se puede tocar. Recuerdos que fueron dentro de unas imágenes que no quiere desaparecer.

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Ficha técnica:

El agente secreto (O Agente Secreto),  Brasil, Francia, Alemania, Paises Bajos, 2025.

Dirección: Kleber Mendonça Filho
Duración: 161 minutos
Guion: Kleber Mendonça Filho
Producción: Emilie Lesclaux, Kleber Mendonça Filho
Fotografía: Evgenia Alexandrova
Música: Tomaz Alves Souza, Mateus Alves
Reparto: Wagner Moura, Carlos Francisco Tânia, Maria Robério Diógenes, Alice Carvalho, Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Hermila Guedes, Isabél Zuaa, Udo Kier

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