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Avatar: fuego y cenizas

Avatar: Fire and Ash. James Cameron. EUA, 2025.

Cuestiones raras de la vida son las que te hablan de lo ya visto, ya experimentado, y que te dejan pensar si efectivamente hay algo nuevo que se pueda encontrar en las vastas (y diminutas) posibilidades que el universo nos otorga. Como si, efectivamente, algo no estuviera funcionando bien y el resultado final fuera una imagen que se espeja hasta la saciedad, demostrando que su perfil sigue siendo el mismo si bien de otro elemento se trata (el elemento en el espejo, por supuesto). No pasa nada, se podría decir, todo forma parte de lo natural, y las bases que se sientan en el desarrollo de un cuento son, como nos dicen cuando estudiamos una carrera de guionista, no muchas, sino que se repiten dentro de esquemas que se distinguen entre sí solo superficialmente. O quizás no, quizás la cuestión sea diferente, quizás se trate solo de decir que sí, que los cuentos tienen unos elementos basilares parecidos pero, en realidad, mucho puede cambiar dentro de la construcción misma del camino hacia el final de los juegos. Error sería entonces, efectivamente, no darse cuenta de la distinción entre arquetipos y banalidades.

Tercera entrega de una saga de ciencia ficción iniciada hace muchos años, Avatar : Fire and Ash nos presenta a la familia Sully en pos de cierta paz, de su lugar en un mundo atormentado por unos seres humanos (la mayoría en el planeta) que solo parecen estar interesados en el poder y el dinero. La destrucción es entonces parte fundamental de lo humano, si bien se vislumbran algunas personas que todavía presentan señas de empatía, demostración de que la compasión no significa solo evitar el mal, sino sobre todo hacer el bien. Una lectura, esta, que bien resume el arco narrativo de los tres filmes y que efectivamente implica cierta repetición de las acciones, de los elementos narrativos, y que pone de manifiesto como la saga parece no tener mucho que decir y mucho tiempo (demasiado) para decirlo. Ante la falta de profundidad se nota así cierta rareza en el guión que insiste en ofrecernos un sinfín de “cosas” sin que estas “cosas” resulten ser necesarias para transmitir ciertas ideas o tan solo funcionar en el marco de lo contado.

Y es que esta tercera entrega parece en realidad no tener bastante tiempo para resultar bien construida, como si estuviéramos ante dos películas de más de dos horas cada una que hayan sido unidas y que con cortes y recortes se presenten como una especie de monstruo de Frankenstein incapaz de tener un alma clara y pulida. El filme de Cameron no funciona, efectivamente, una vez lo controlemos desde el punto de vista de pacing y editing (ritmo y montaje, para los monolingües), y se nota algo bastante raro, la falta de una real unidad de las escenas (como si muchas partes hubieran resultado perdidas en la fase final) y la presencia de elementos que, una vez que los analicemos fríamente, nada otorgan al producto global. Se asoma, además, una serie de cuestiones de lógica que subrayan la falta de homogeneidad y de verosimilitud que cualquier tipo de película nos pide que aceptemos; el suspension of disbelief aquí resulta demasiado alto, hasta rozar (y entrar en) zonas sombrías de falta completa de racionalidad.

Quizás un día se nos proponga una versión extendida, si bien las tres horas y medio (más o menos) de la presente nos llevan a pensar que sería demasiado para nuestro cuerpo. La tercera entrega mantiene cierta capacidad de atracción y se vislumbra cierta bondad narrativa que solo hubiera necesitado más tiempo a la hora de redactar el guión, cortando más y ofreciendo acciones menos ilógicas. El problema principal es, a lo mejor, la incapacidad de darnos algo nuevo y la voluntad de volvernos a proponer los mismos esquemas, renunciando, así, a la posibilidad de introducir algo que efectivamente nos ofrezca sobre todo una razón que nos lleve a decir que nuestra instancia en este mundo sí merece la pena. Por supuesto, demuestra esta tercera entrega la inteligencia de Cameron en relación con las imágenes, pero también que el cine no es un arte visual narrado, sino un arte narrativo visual. El guion, al fin y al cabo, quizás resulte ser el elemento fundamental.

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Ficha técnica:

Avatar: fuego y cenizas (Avatar: Fire and Ash),  EUA, 2025.

Dirección: James Cameron
Duración: 197 minutos
Guion: James Cameron, Rick Jaffa, Amanda Silver
Producción: James Cameron, Jon Landau
Fotografía: Russell Carpenter
Música: Simon Franglen
Reparto: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Kate Winslet, Oona Chaplin

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