Críticas

Ego

Perfect Blue

パーフェクトブルー. Satoshi Kon. Japón, 1997.

La definición de bienestar psicológico tiene que ver con el hecho de saber detectar, analizar, aceptar y vivir dentro de la realidad. Se trata de relacionarse con el mundo que nos rodea sin filtros, menos los que provienen de una forma típicamente biológica (el espectro de los colores, por ejemplo, o tan solo los sonidos que nos está permitido naturalmente oír). Hasta dónde se puede ir, entonces, dentro de lo correcto, de lo verdadero, de lo real, depende no solo del mundo exterior sino (quizás sobre todo) del sistema de lectura que representa nuestro mismo concreto cerebro, un conjunto de células que con el paso del tiempo pueden, en algunos casos, decaer hasta resultar totalmente inservibles. La mente puede ser, en consecuencia, la modalidad de conexión fija con lo real, en su capacidad tanto de lectora como también de traductora de los eventos del mundo “real”. Y traducir, en este caso, significa saber darles un valor correcto a los diferentes efectos que nos llegan a través de las sensaciones, y además catalogarlos dentro de un sistema de reconocimiento (las caras de los queridos, las voces de los colegas, etc.) que nos permite, al fin y al cabo, vivir.

Lo psicológico, entendido como elemento narrativo, es lo que mueve la experiencia del espectador de Perfect Blue, película de animación japonesa dirigida por quien nos dejó demasiado pronto en 2010. La mente es el motor, el movimiento que nos acerca y nos aleja del cuento que se desarrolla en una serie de escenas que lentamente borran la distancia entre lo real y lo ficticio, hasta empujarnos a nosotros mismos a dudar de lo que estamos viendo. Y es así que, en el río de la narración, nos vemos llevados a preguntarnos qué es lo real, tanto en relación con el filme como con nuestra misma manera de ser, poniendo de manifiesto no una sensación de incomodidad de nuestra manera de existir, sino de cómo efectivamente poco basta para cambiar el sistema de herramientas mentales con las cuales podemos interactuar en este mundo, en esta realidad.

Es también, Perfect Blue, una lectura de un mundo como el del entretenimiento y del valor simbólico de la voluntad de tener una carrera en él. ¿Qué significa, entonces, hacer lo necesario para obtener cierto éxito? Y no, no se trata de una pregunta retórica, de una lectura negativa de este mundo, sino de reconocer el pacto que se instaura entre la pérdida de cierta inocencia ante un proceso de maduración tanto física como mental que puede, en algunos casos, llevar a tener una dicotomía completa entre el concepto de persona ideal y de persona real. Es una lectura del culto de la personalidad, no de la nuestra sino de la de otras personas, efecto, este, de un análisis errado de lo que significan las relaciones interpersonales, sobre todo dentro de la necesidad de reconocer la otra persona como agente, como elemento independiente, y no como encarnación de nuestros mismos deseos. Es lo terrible de ser (o llegar a ser) una celebridad, quizás, o tan solo lo difícil que resulta ser para algunas personas aceptar la diferencia entre la apariencia y (ya sabéis qué voy a escribir) la realidad.

Puede que la visión de esta obra resulte perturbadora. Se construye, paulatinamente, una pesadilla de la que parece imposible despertarse para volver a la “normalidad” (sea lo que sea lo que esta palabra significa). La protagonista no sabe qué es ficción y qué es verdadero, así como nosotros mismos nos vemos caer dentro de un torbellino de malestar psicológico. Es, la película, un cuento de terror, de aquella sensación de temblores que nos sacuden de nuestra tranquilidad diaria y que ponen de manifiesto cuán frágil puede ser la vida de cada uno. De bienestar psicológico se ha hablado, empezando esta charla. Detectar, entender, catalogar el mundo que nos rodea gracias a unas herramientas (nuestros patrones mentales) que nos sostienen en cada minuto que pasamos despiertos; y quizás sea el arte de esta película la demostración de que el terror más grande sea la pérdida de estos instrumentos y la duda de nosotros mismos.

Comparte este contenido:

Ficha técnica:

Perfect Blue (パーフェクトブルー),  Japón, 1997.

Dirección: Satoshi Kon
Duración: 81 minutos
Guion: Sadayuki Murai
Producción: Masao Maruyama, Hitomi Nakagaki, Yoshihisa Ishihara, Yutaka Tōgō, Hiroaki Inoue
Fotografía: Hisao Shirai
Música: Masahiro Ikumi

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.