Críticas
Continuidades inciertas
Hasta la montaña
Bergers. Sophie Deraspe. Canadá, 2024.
La directora canadiense Sophie Deraspe ha realizado hasta la fecha cinco largometrajes. El mayor reconocimiento lo obtuvo con Antigone (2019), relectura contemporánea del mito clásico situada en el contexto migratorio de Montreal. Su última realización ha sido Tras la montaña, una coproducción francocanadiense que sigue a Mathyas, un joven publicista de Montreal que decide abandonarlo todo e iniciar una nueva vida como pastor en los Alpes franceses. Está basada en una historia real escrita por el canadiense Mathyas Lefebure sobre sus vivencias en la montaña, en el libro D’où viens tu, berger?Al protagonista se une Élise, una joven francesa que también pretende huir de su vida anterior. Ambos recorrerán el camino de la trashumancia junto a cientos de ovejas y se internarán en un ritmo de existencia marcado por el silencio, la naturaleza y la resistencia física. La experiencia se transformará al tiempo en un proceso de evolución y cambio interior.
La autora decide organizar el relato tomando como punto de partida la simple alusión por comentarios sobre la vida anterior de Mathyas en su país. Lo sitúa ya en Francia y muy convencido con iniciar un giro radical en su forma de vida. La narración progresará junto con los tiempos cíclicos de la naturaleza adoptando una mirada contemplativa que no busca el conflicto dramático clásico. El filme prefiere acoger el tono de un proceso de aprendizaje del oficio de pastor y de la convivencia con la montaña mostrando tares repetitivas, desplazamientos largos con el rebaño, cambios de estación y tiempos muertos de vigilancia. Se pasará así de turista a morador, del entusiasmo despreocupado a la conciencia de responsabilidad, de la experiencia a la permanencia. Tampoco la obra responde con un cierre conclusivo y en su lógica, culmina en una continuidad indefinida. A pesar de permanecer en terrenos de la ficción, la película adopta registros cercanos al documental, situándose la cámara como observadora: de la cura de animales, del esquilado de las ovejas, del desplazamiento del rebaño… Además, las actuaciones se inclinan hacia el naturalismo interpretativo y predomina el sonido del viento, de los cencerros o de los pasos frente a la música extradiegética, que solo se utiliza de manera puntual en momentos de transición o de contemplación del paisaje.

Resulta curioso que dos filmes que nada parecen tener en común hayan coincidido en el tiempo con la elección de una ruptura biográfica y de una vocación insólita. Si aquí nuestro protagonista busca la quiebra del horizonte social esperado con el pastoreo, en Los domingos (2025) de Alauda Ruiz de Azúa, su personaje principal toma la decisión de ingresar en un convento de clausura. Pastor y monja, dos dedicaciones que abandonan el sistema de aspiraciones actuales en favor de una vida regida por reglas de disciplina, lentitud y contemplación. En ambos casos, se produce una renuncia a la lógica competitiva moderna y se indaga sobre el sentido en la repetición ritual. Unas decisiones incomprensibles para el entorno social con las que se intenta huir del malestar contemporáneo frente a a la filosofía urbana de mundo líquido, hiperactivo y superproductivo. Esa modernidad descrita por Zygmunt Bauman en la que las estructuras estables y las relaciones duraderas se sustituyen por dinámicas flexibles orientadas la eficiencia inmediata. Aquí también cabría oponer dos modelos ganaderos que recoge el filme: el sedentario como penetración de la lógica urbana contemporánea en el campo y la trashumancia como resistencia temporal sólida de ritmos estables.
La obra abarca la crisis producida por la introducción de la racionalidad urbana de hiperproducción dentro del propio campo, reproduciendo la misma lógica de rendimiento ilimitado de las ciudades. Así, los ganaderos sedentarios encarnarían un modelo de economía “líquida” orientada a la rentabilidad inmediata, al debilitamiento del vínculo con el territorio y a la subordinación del ritmo natural a las exigencias del mercado. Justo en contraste con la trashumancia, que implica tiempo, esfuerzo físico y menos productividad instantánea pero mantiene un equilibrio ecológico con sostenimiento de pastos, prevención de incendios y biodiversidad. Y el largometraje introduce además, de manera más o menos sutil, la identificación del “buen pastor” con el ganadero trashumante frente al sedentario, estableciendo en estos últimos una mayor distancia con los animales, concebidos únicamente como volumen económico. Amor al ganado en los primeros y bestias sucias, inútiles e inmundas para los segundos. Pero igualmente se sugiere que probablemente sean las políticas agrarias las que hayan favorecido la sedentarización y arrinconado la trashumancia. Se trata de dos temporalidades, sustituyéndose con ello las formas tradicionales de relación con la tierra.

Sin abandonar los ecos políticos de los que respira el filme, se sugiere también una denuncia implícita a las normativas rurales de la Unión Europea por más motivos. Se muestra que el pastoreo tradicional sobrevive en unas condiciones de rentabilidad tremendamente frágiles por la dependencia de subvenciones públicas inestables, bajos márgenes de beneficio frente a la agroindustria intensiva y dificultad de relevo generacional. ¿Cómo preservar el paisaje rural y la biodiversidad cuando las condiciones económicas reales hacen casi inviables la continuidad del oficio? Los requisitos administrativos, la existencia de depredadores protegidos y las regulaciones sobre los territorios naturales conllevan a la incoherencia estructural. A la montaña se la aboca al abandono con esas formas de vida olvidadas y ninguneadas por las planificaciones públicas. Aparece expresamente en la obra el impacto de la protección legal del lobo en la ganadería extensiva europea. Justamente, esta circunstancia funciona como detonante de la mayor tensión dramática del filme. Mathyas, a lo largo de su recorrido, va tomando conciencia progresiva de los efectos contradictorios de las normativas ecológicas. Un ecosistema que debilita precisamente a quienes lo mantienen.
Lo anterior se conecta con la fragilidad estructural del oficio de pastor. ¿Es posible una ausencia leve, aunque sea con la finalidad de defender políticamente la supervivencia del pastoreo, con la exigencia de la presencia continua junto al rebaño? Y es exactamente aquí cuando se desencadena la tormenta narrativa en Hasta la montaña. El descubrimiento iniciático se deja definitivamente atrás para tomarse conciencia de la responsabilidad absoluta y permanente que pesa sobre aquellos que sostienen materialmente los paisajes rurales. El pastoreo queda aplastado entre la presión de la naturaleza y la social y económica del entorno. El lobo se erige como figura que revela crudamente la vulnerabilidad estructural del pastoreo; y del idealismo inicial del protagonista vamos insertándonos en estructuras laborales duras e inestables. El vínculo con la montaña no se limita a la contemplación estética del paisaje sino que también incluye frío, cansancio, incertidumbre económica y riesgo constante. Debe conllevar la asunción de una identidad personal ligada al territorio de forma definitiva.

Sophie Deraspe explora la montaña como lo hizo la película Las ocho montañas de los belgas Felix Van Groeningen y Charlotte Vandermeersch (Le otto montagne, 2022): un espacio de transformación existencial y de refinición del sentido de la vida. La canadiense privilegia los largos planos sostenidos en el espacio e integra a los personajes dentro del paisaje sin separarlos del mismo. La dialéctica que construye con los planos generales muy abiertos y los primeros planos cuidando los animales subraya la pequeñez del individuo frente al territorio y señala la responsabilidad concreta del pastor sobre cada animal, considerado individualmente como ser que vive, siente y sufre. En definitiva, la huida de Mathyas y su compañera se convierte en una búsqueda ontológica desplazándose la pregunta del qué hacer al cómo vivir. Sin utopías ni idealizaciones, nos acercamos a tradiciones filosóficas del retiro como las de Thoreau. La reorganización temporal se alza como auténtico núcleo del filme, mientras somos testigos del esfuerzo físico, de la precariedad laboral y de la soledad institucional que hacen abandonar cualquier promesa de permanencia.
Tráiler:
Ficha técnica:
Hasta la montaña (Bergers), Canadá, 2024.Dirección: Sophie Deraspe
Duración: 113 minutos
Guion: Sophie Deraspe. Novela: Mathyas Lefebure
Producción: Coproducción Canadá-Francia; micro_scope, Avenue B Productions
Fotografía: Vincent Gonneville
Música: Philippe Brault
Reparto: Félix-Antoine Duval, Solène Rigot, Guilaine Londez, Michel Benizri, David Ayala, Véronique Ruggia Saura, Bruno Raffaelli, Younès Boucif

