Investigamos 

¿Cuánta distancia hay entre hacer el mal y tolerarlo?

Tori y Lokita (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2022)

La proximidad, la inmediatez,
es disfrutar y sufrir por el otro.

Levinas, 2021

Creo que no resultarán inmotivadas las citas de Levinas, teniendo en cuenta que Luc Dardenne fue alumno del filósofo los últimos años de su docencia en Lovaina. Este autor fundó su filosofía sobre la ética de mi responsabilidad hacia el otro, y es ese mismo compromiso ético el que anima las películas de los Dardenne.

La cámara sobre el rostro de ella, muy cerca, ejerciendo la presión insoportable de una mirada escrutadora. Sus ojos, clavados en alguna parte más allá de la cámara, expresan en cambio confusión, mientras escuchamos la voz de una mujer que le hace preguntas que ella no es capaz de contestar con seguridad. En esa situación de inmensa vulnerabilidad conocemos a Lokita.

El rostro es lo que no puede matarse, o al menos aquello cuyo sentido consiste en decir “no matarás” (Levinas, citado por Judith Butler, 2006). El rostro no habla –aclara Butler–, pero el mandato “no matarás” transmite sin embargo lo que el rostro significa.

Es el rostro el que me despierta a la precariedad del otro. El rostro es capaz de producir una lucha interior en mí, una exigencia ética, más allá de la mala conciencia.

En la ética –prosigue Levinas–, el derecho a existir del otro tiene prioridad sobre el mío, una prioridad personificada por el mandato ético: no matarás, no pondrás en peligro la vida de otro (Op.Cit.).

Y, sin embargo, hablamos del rostro de Lokita, el único ser humano que morirá, que será asesinado en esta película. Y su muerte tampoco habla, pero, como su rostro, significa; significa, como veremos, el compromiso ético.

La muerte de otro hombre me invoca y me apela, como si a causa de mi posible indiferencia me volviera cómplice de esa muerte invisible para el otro que se expone a ella; como si, incluso antes de ser condenado a ella, tuviera que responder por la muerte del otro y no dejarlo librado a su soledad mortal (Levinas, Op.Cit.).

Poco más adelante conoceremos a Tori. La cámara, no ya sobre su rostro, sino sobre él, como persiguiéndolo en cada movimiento que realiza. A Tori se le puede aplicar otro concepto levinasiano: la responsabilidad. Siendo un niño, se ofrece en todo instante, incondicionalmente, en cuerpo y alma, para ayudar a Lokita. Cuando, en un momento de desesperación, ella se lamenta, diciendo que le gustaría que su madre estuviera junto a ella, Tori le dice: Me tienes a mí.

La responsabilidad –significación de la no-indiferencia– resulta ser de sentido único, de Mí hacia el otro. En el decir de la responsabilidad –que es exposición a una obligación en la que nadie puede reemplazarme– soy único (Levinas, Op.Cit.).

Tori no duda un segundo en movilizarse, en asumir riesgos, en defender a Lokita frente a sus agresores. No se tiene por niño, él sencillamente se responsabiliza.

Estar reducido a recurrir a mí: en esto consiste la apatridia y la extranjería del prójimo. Y estas me incumben (Levinas, Op.Cit.).

La sinopsis de la película podría ser la siguiente: Tori y Lokita viven en un centro de acogida de inmigrantes de Bélgica. Llegaron de Italia y comparten habitación, porque son hermanos, mejor dicho, porque dicen ser hermanos. Sin embargo, ella está teniendo dificultades para demostrar que Tori era el hermano que ella recogió en un orfanato en Benin. Para ganar algo de dinero, se dedican a repartir pizzas, y los viernes también droga que trafica el mismo cocinero. El hombre además le ofrecerá dinero extra a ella a cambio de favores sexuales. Ella cede, porque necesita el dinero para enviárselo a su madre, pero también para seguir pagando el pasaje del traficante que les trajo a Europa. Al niño le han otorgado el asilo, pero no a ella, por lo que no le quedará otra opción que conseguir un futuro empleador que le firme una promesa de contrato. Y un requisito para ello es que esté un mínimo de meses en el paro. El cocinero aceptará firmar los papeles si en ese tiempo ella trabaja, sin posibilidad de salir, atendiendo una plantación secreta de marihuana. Encerrada como una esclava, sin móvil, sufre un ataque de ansiedad y pide hablar con Tori. Le permiten una conversación mínima, pero Tori se da cuenta de que no está bien. Con habilidad, consigue introducirse en el coche del cocinero cuando va a visitar el pabellón, aunque también para satisfacer sus deseos sexuales. Cuando se va, Tori consigue entrar. Se le ocurre que podrían sustraer una pequeña parte de la droga y venderla por su cuenta a los mismos compradores. Es una mala decisión, porque en la siguiente visita, es sorprendido. A Lokita le han dado una brutal paliza, pero consiguen escapar. En la carretera, Lokita pide a Tori que se esconda, mientras ella trata de detener algún coche. Pero el segundo coche es el del traficante, que la matará sin contemplaciones. En el funeral, Tori le dedica la canción que le solía cantar su “hermana mayor”.

Las vicisitudes, incluido el riesgo de muerte, son características en la situación de vulnerabilidad de los inmigrantes en situación ilegal o alegal en Europa. Lo que no quiere decir que puedan acaecer todas a una misma persona. Los inmigrantes a veces mienten sobre su edad, a veces mienten sobre sus relaciones familiares. También ocurre que se conceda el asilo a niños huérfanos de ciertos países. Es casi una constante que el clavo ardiendo al que se tienen que agarrar los adolescentes es el círculo vicioso del contrato de empleo y la tarjeta de residencia. También es común que tengan que pagar a un traficante de personas, aunque lo normal es que lo tengan hacer previamente a la travesía. Y por supuesto, es frecuente que casi todo el dinero que ganan lo tengan que enviar a su familia, que espera y prácticamente demanda esa transferencia. La presión sobre estos jóvenes es brutal, desmedida, insufrible.

La película comienza como un film de denuncia y de superación, pero va adquiriendo poco a poco tintes de thriller. Sin embargo, no hay policías o detectives, solo delincuentes y sus clientes, y entre medio, inmigrantes que son víctimas de ambos. Lokita no tiene escapatoria, porque además de que su piel es negra, de ser pobre, por ser inmigrante sin papeles, es joven y es mujer. Los ataques de ansiedad que sufre no son la medida de su debilidad, sino el baremo que mide la insoportable presión de las fuerzas diversas que la comprimen. Porque Tori, a pesar de que es valiente y decidido, no deja de ser un niño.

Los hermanos Dardenne han narrado una historia tremenda. Sin embargo, no salimos del cine con un nudo en el estómago. Estos cineastas buscan transmitir algo especial, y creo que lo consiguen.

Lo importante en una película es conseguir reconstruir experiencias humanas. Salir de una sala de cine calmado, curado… con la sensación absoluta de ser un hombre entre los hombres (Dardenne, 2005, Sanmartín, 2020).

Lokita, encerrada en la plantación clandestina, sin poder salir y sin que le permitan comunicarse con Tori, se ha derrumbado presa de un ataque de ansiedad. Un lugar tan sórdido no es un escenario para florituras estéticas, sin embargo, no deja de sorprender la imagen. Primero, por las espirales de tubo amarillo que parecen brotar de la cabeza de Lokita, o incrustarse en ella, luego por el estampado de leopardo en la blusa de la carcelera, arrodillada sobre ella.

Todas las demás culturas son extraordinariamente hospitalarias, tienen una posibilidad fantástica de absorción. Mientras, nosotros oscilamos entre la presa y la sombra del otro, entre la predación pura y el reconocimiento ideal (Baudrillard, 1991).

¿Y no tiene una enorme fuerza simbólica que la foto de pasaporte para los papeles que legalizarán su situación la tome justamente el traficante y abusador que la tiene secuestrada en un trabajo esclavo con el que la chantajea a cambio de la supuesta regularización?

—¡Cada vez que digas quiero, te llevas una! 

En esta película la enseñanza no viene solamente de la mirada de los directores sobre la sangrante situación de los inmigrantes explotados o incluso aniquilados. Sería demasiado sencillo alinearnos del lado bueno [porque nosotros sabemos que no somos como esos criminales sin escrúpulos ¿verdad?].

¿Quiénes somos entonces? ¿los probos funcionarios que velan para que se cumpla la ley?

¿No es ese acaso el camino real hacia la banalidad del mal?

¿O somos los amables cooperantes, bienintencionados pero impotentes?

La enseñanza llega demasiado tarde, cuando comprendemos que la verdadera relación humana es la que unía a Tori y Lokita. La enseñanza es que la relación humana será ética o no será.

El prójimo me concierne antes de toda asunción, antes de todo compromiso consentido o rechazado. Estoy vinculado a él antes de cualquier vínculo contraído, Antes de ser reconocido, me ordena. Relación de parentesco al margen de cualquier biología, “contra toda lógica”. No es porque vaya a ser reconocido como perteneciente al mismo género que yo por lo que el prójimo me concierne, Es precisamente “otro”. La comunidad con él empieza en mi obligación para con él. El prójimo es mi hermano (Levinas, 2021).

Tori y Lokita no son hermanos, sino que han llegado a serlo. Tori no se detiene ante nada ni ante nadie por ayudar a Lokita, es un alma heroica en el cuerpo de un niño. Aunque será Lokita la que, en el momento decisivo, no dudará un instante al arriesgar finalmente su vida para salvar la de Tori. En ese instante decisivo, tampoco pensará en su familia, que depende de sus ingresos. Porque ambos han formado una familia más fuerte que la familia, en la que se profesan una lealtad incondicional, cuyo pilar era el amor en común, más incluso que el dolor en común. Ambos han aprendido en Italia la canción infantil que les había enseñado una siciliana, Paola. Otro acto ético, desinteresado, con el que se identifican íntimamente. Tanto, que la cantan para abrir el karaoke de la pizzería, trabajo adicional por el que les pagan once euros. Tanto, como que Lokita lo tiene grabado en su móvil como tono de llamada. Como si fuera un recordatorio de que la naturaleza humana es relación sin contraprestación.

Los otros, de entrada, me conciernen. Aquí, la fraternidad precede a la comunidad de género. Es mi relación con el otro en su calidad de prójimo la que da sentido a mis relaciones con todos los otros Todas las relaciones humanas proceden, en lo que tienen de humanas, del desinterés (Levinas, 2021).

Sin embargo, lo que Tori y Lokita, juntos, encuentran fuera es la maldad, el mal. Mejor dicho, es lo que han encontrado entre nosotros. Hay que anotarlo en nuestro debe. Porque ¿cuánta distancia hay entre hacer el mal y tolerarlo?

Los inmigrantes han estado expuestos al mal, que les cuesta reconocer como tal. Como todos los niños y adolescentes, alimentan el recuerdo de lo que les ha hecho bien, como la canción siciliana del ratoncito que compró el padre en el mercado del este.

En toda alma humana crece continuamente la demanda de que no se le haga mal (Simone Weil, 2024).

Sin embargo, han de ser los hombres los que velen porque no se les haga mal a otros hombres (Simone Weil, Op. Cit).

Las lecciones de humanidad que nos dan Tori y Lokita son las de fraternidad y responsabilidad por el otro, hasta morir por él.

Humano morir por otro, que sería el sentido mismo del amor en su responsabilidad por el prójimo (Levinas, 2015).

Y en un momento como el presente, quizá adquiera sentido recordar que para Levinas ese era el mensaje del judaísmo:

La sabiduría sinaítica se opone a una vida que se vive sin más, a un egoísmo indolente y temerario. Vivir en una vida de apetito y ambición es morir, y morir (en la moderación y la humillación) es vivir. El amor, la verdadera vida, está hecho de sacrificio, de una intención permanente de morir por otro (Levinas, en Medina, 2017).

Bibliografía consultada:

Judith Butler, Vida precaria, Paidós, 2006
Jean Baudrillard, La transparencia del mal, Anagrama, 1991
Emmanuel Levinas, De otro modo que ser, Ediciones Sígueme, 2021
Emmanuel Levinas, Morir por…, 2015

https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5103976.pdf&ved=2ahUKEwjF7LbYqLmNAxUURKQEHa4WDtAQFnoECBcQAQ&usg=AOvVaw1wyuThnnCzGuFN3gs_0AES

Simone Weil, La persona y lo sagrado, Hermida Editores, 2024

José Sanmartín Esplugues, Estudios transversales sobre personalismo fílmico, UCV Red de investigaciones filosóficas, 2020

https://proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/compromete-del-cine-con-la-dignidad-de-la-persona/

Medina, J. Decir en Griego la novedad del Hebreo. Introducción a las lecturas talmúdicas de Emmanuel Levinas. Zaragoza: Riopiedras, 2017

https://www.scielo.org.mx/pdf/trf/n56/0188-6649-trf-56-447.pdf

 

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