Aunque uno no sea adepto al género de terror, las películas que producen miedo pueden llegar a sorprendernos bastante. No las buscamos y cuando queremos acordar están delante de nuestros ojos. Al mirar Berberian Sound Studio también nos sorprende con qué habilidad se manipula nuestro miedo. Las escenas pueden comenzar con un inocente texto en italiano, luego, sin mostrarnos ninguna imagen, se van sumando distintos sonidos: la música de un órgano, pasos, gritos, golpes, y todo eso logra que el miedo vaya aumentando poco a poco.

En esta película del inglés Peter Strickland, se juega con el poder enorme que tiene el sonido. Recordé la historia que una vez me contó un profesor: una señora mayor, que miraba la televisión sola en su casa, cuando pasaban una película de terror la podía ver, siempre y cuando le sacara el sonido.

Berberian Sound Studio se presentó en junio del 2012 en el festival de Edimburgo, en agosto en el festival de Locarno y el 31 de agosto se estrena en Irlanda y Reino Unido.

En los años setenta, Gilderoy, un ingeniero con experiencia en sonido de películas familiares y de niños, llega desde su país natal, Inglaterra, a una nueva asignación en Italia. Se instala en un estudio donde se está realizando el film de un director italiano excéntrico y caprichoso: Mr. Santini. Se trata de una película de terror de clase B con cierta similitud a Suspiria (Darío Argento, 1977). En este entorno, el sonidista inglés va perdiendo la cordura y la amabilidad que lo caracterizaron desde el principio.

La película para la cual Gilderoy está trabajando parece tener una maldición. No es posible terminarla y por varias razones las escenas hay que repetirlas. El protagonista entra en un ciclo infinito del cuál no puede salir y la película de Strickland comienza a tener similitudes con Mulholland Drive (David Lynch, 2001).

Gilderoy está protagonizado por Toby Jones, y éste es el primer papel principal de su carrera, a pesar de haber actuado en más de cincuenta films. Los juegos del hambre (The Hunger Games, Gary Ross, 2012), Blancanieves y la leyenda del cazador (Snow White and the Huntsman, Rupert Sanders, 2012) y Creation (Jon Amiel, 2009) entre muchas. En esta oportunidad, el actor inglés de rostro inolvidable dejó bien claro que puede participar en roles protagónicos que requieran una gran capacidad actoral.

Las diferencias culturales entre italianos e ingleses están muy bien tratadas. Gilderoy se ve abrumado por el resto del elenco italiano que grita y golpea por cualquier razón, mientras la dificultad para expresar su descontento contribuye a que pierda la cordura. Estas diferencias también son elementos originales e inteligentes para las escenas cómicas que abundan en el film. Entre otras, me gustaría resaltar mi favorita, cuando el director Mr. Santini quiere acercarse a su ingeniero en sonido para evitar que abandone el proyecto. Entre varios abrazos incómodos le convida una uva, pidiéndole que se coma las semillas a la manera italiana. El gesto cargado de miedo, sumisión y malestar que logra Toby Jones en respuesta, la convierte en una escena memorable.

Otro aspecto que afecta al inglés en su estadía es el idioma. La única forma de sobrevivir en el infierno en que se encuentra es volverse tan fuerte e indiferente como los italianos que lo rodean. Es por eso que cambia su actitud, su vestimenta y, hacia el final de la película, en escenas bastante confusas, su voz está doblada al italiano. En la conferencia de prensa de Berberian Sound Studio en el festival de Locarno, le preguntaron a Jones qué sintió al verse doblado al italiano. Él contestó que se sintió muy contento y esperanzado, ya que una amiga le había dicho una vez que nunca había pensado que él era un hombre sexy hasta verlo doblado al español.

Es muy entretenido y educativo ver los pequeños trucos de efectos especiales que tenían los sonidistas de esa época. Rebanaban sandías para simular ataques y acuchillaban zucchinis y repollos para las escenas más violentas. Una de las más impactantes: Gilderoy le quita el tronco a un manojo de rabanitos para la escena dónde a una bruja le arrancan el pelo a mechones.

El final es algo que puede desilusionar a más de un espectador. Por mi parte, creo que fue un acierto el dejar un final lo suficientemente abierto para no saber qué le sucede a nuestro amigo Gilderoy. El aspecto negativo es que quizás llega a ser demasiado abierto.

En la conferencia de prensa de Locarno, el director, Peter Strickland, confesó que quiso homenajear a la gente de la industria del film en tiempos anteriores a la digitalización. En esa época, todo parecía mucho más complejo y debía hacerse a mano. La grabación se efectuaba en cintas y se utilizaban gigantescas planillas para los esquemas que indicaban el montaje de la música con los diálogos.

Strickland también agradeció a sus directores artísticos por tener la brillante idea de recrear el estudio de grabación italiano en Londres. El director sintió cierta limitación al principio para querer llevar a cabo su idea, y realizar el film en Italia hubiera sido mucho más costoso y difícil que en Inglaterra.

Nos hace pensar en cómo se hacía el cine en tiempos no tan lejanos, cuarenta años atrás, pero abismalmente diferentes. Tenemos la tecnología tan incorporada en nuestra cotidianeidad, que a veces nos parece que la tuvimos disponible desde el principio de los tiempos.

También hay reflexiones sobre la importancia de lo que escuchamos. Especialmente cuando no vemos lo que representa lo que oímos, porque pasamos a formar parte de una dimensión diferente en la cuál estamos mucho más vulnerables.

Una película original y entretenida de un director que ama el cine y rinde homenaje a aspectos no tan convencionales de la cinematografía.

Tráiler:

Los jóvenes directores suizos alemanes Andreas Pfiffner y Simon Baumann decidieron filmar el proceso de realización de un documental para mejorar la imagen de su país. En este proceso, donde fundamentalmente escuchan a la gente, descubren aspectos inesperados y desagradables de Suiza.

Con la excusa de querer mejorar la imagen del país de Heidi por su política de impuestos, el manejo de los bancos y la explotación en empresas proveedoras de materias primas, los directores descubren que la mayoría de los suizos creen que no hay ninguna imagen que mejorar, que la que existe ya es muy buena.

Descubren también que mucha gente no es para nada amistosa y es desconfiada cuando los directores se acercan a hablar de su proyecto. A los entrevistados les cuesta también desprenderse de la imagen fotográfica paradisíaca de la montaña y los lagos, sin eso les es imposible encontrar aspectos positivos de Suiza.

Pero lo más incómodo es cuando se revelan en varias personas actitudes xenofóbicas y hasta de simpatía con el nazismo. Los inmigrantes también encuentran que la gente no es tan solidaria como esperaban.

Muchas escenas parecen salidas de un video casero, y eso le da la espontaneidad que se requiere para introducirnos naturalmente en este proceso de realización de un documental. En otras se utilizan técnicas de fotografía como el tilt-shift para mostrar paisajes de Suiza como una miniatura de juguete. Encontré esta elección muy acertada para dar la idea de perfección mecánica y de fantasía, que transmiten varios paisajes suizos.

Las conversaciones entre los directores y la gente son muy irónicas, y a veces uno como espectador se pone incómodo al presenciar cómo se burlan de la gente. Pero por otro lado no deja de ser graciosísimo y original que por primera vez alguien cuestione y se ría de la perfección suiza, la cual parece ser sagrada para todos los otros medios

Este film incomoda al principio, porque da todos los indicios de tratarse de una película adolescente de terror. Cuando vemos que las actuaciones de las jóvenes actrices principales, los planos especiales elegidos y la música para mostrar emociones son de una calidad excelente, nos vamos convenciendo de a poco que existe algo más.

El tema principal es el amor, el primer amor con todo el pánico y las inhibiciones que provoca, sobre todo cuando se trata de dos adolescentes homosexuales. Este pánico paralizador, que es también parte del amor, no está habitualmente representado en las películas románticas. Y en este caso está representado por un monstruo mezcla de orco y demonio gigantesco.

Este es el cuarto largometraje del director. Inicialmente tuvo la idea de interpretar el film con gente de la calle, pero finalmente la idea no funcionó. Diane está interpretada por Juno Temple (Expiación. Más allá de la pasión, Atonement, Joe Wright, 2007 y El caballero oscuro: La leyenda renace, The Dark Night Rises, Christopher Nolan, 2012, entre otras), quien demostró un compromiso tan importante con el proyecto, que el director cambió el guion para que el personaje fuera inglés y no norteamericano. Riley Keough interpreta a Jack, y es la nieta mayor de Elvis Presley. Participó recientemente en algunos largometrajes, pero su mayor trabajo es como modelo.

En el film participa con un papel muy corto Kylie Minogue, quien fue contactada por el director luego de que su representante declarara que la actriz está interesada en participar en cine independiente en este momento de su carrera.

Por querer mostrar aspectos violentos y poco tratados del amor homosexual, este film tiene similitudes con Happy Together, uno de los films favoritos del director.

El humor en la cotidianeidad está presente, sobre todo en las escenas donde participa la tía de Diane, interpretada por Cara Seymour (American Psycho, Mary Harron, 2000, y An Education, Lone Scherfig, 2009, entre otras). Una mención especial para el vestuario, en especial el del personaje de Diane, cuya vocación es el diseño de modas. Una gran ayuda también para que las actrices de más de veinte años parezcan mucho más jóvenes de forma natural.

Una película que no es fácil de digerir, especialmente para los muchos espectadores que son sensibles a los niños en condiciones de injusticia y sufrimiento.

Simon tiene doce años y vive solo con su hermana, quien recientemente ha perdido su empleo. Este niño, religiosamente, como si fuera un empleo, sube todos los días a un centro de ski en los Alpes suizos donde roba esquíes y distintos accesorios a la gente de dinero.

Las actuaciones son impecables, el niño interpretado por Kacey Mottet Klein logra transmitir la inocencia que debería caracterizar a una persona de su edad, pero también toda la corrupción necesaria para robar y negociar luego la venta del botín. Louise, interpretada por Léa Seydoux (Medianoche en París, Midnight in Paris, Woody Allen 2011 y Malditos bastardos, Inglourious Basterds, Quentin Tarantino, 2009, entre otras), da vida a un personaje que podría tener entre quince y treinta años, característica tan importante para que el guion nos convenza.

L’Enfant d’en haut denuncia la frivolidad y derroche de dinero característicos de los centros de esquí. Para los que tenemos la visión turística, este es un costado totalmente desconocido. Existe también esa clase social suiza que consume las sobras del derroche y trabaja en los chalets más caros, rebuscándose la vida como pueda en un lugar dónde el costo de vida es altísimo.

Toca también temas fuertes con los que pocos directores se animan: mujeres que reniegan la maternidad, el aborto, cuándo se considera que quizás no está tan mal robar y la desolación de los niños a los que les falta una familia que los contenga.

Una grata sorpresa al ver que el cine suizo se atreve a tocar estos temas, y de una forma prolija y cuidada en las actuaciones y en los diálogos. Pese a que el film fue filmado en un lugar con paisajes paradisíacos, estos no son los que se muestran. La directora justamente nos quiere mostrar otro paisaje: la falta de trabajo, las familias disfuncionales, los robos y la corrupción de los niños y adultos.

Este film fue el elegido por el jurado del Concurso Internacional para el Leopardo de Oro del 2012, premio mayor del festival de Locarno. Es equivalente al premio por Mejor Película, otorgado por partes iguales al director y al productor (que en este caso son la misma persona).

El director Jean-Claude Brisseau, al presentar el estreno mundial de su film en el festival, dijo claramente que él nunca esperó encontrarse en un festival internacional por esa película. Menos aún se esperó llevar el Leopardo de Oro. Las razones que dio el jurado para galardonar a este film fueron la habilidad para expresar sentimientos y pensamientos profundamente humanos con muy escasos recursos.

El film trata la relación platónica entre un profesor de matemática retirado, Michel, y una mujer excluida por la sociedad, Dora. La chica de veintiséis años llega por casualidad a la puerta del clásico y espacioso departamento en París de Michel, golpeada por un hombre que huye dejándola casi inconsciente. Michel va desarrollando afecto por Dora e intenta convencerla de que se quede a vivir con él, ofreciéndole trabajo como asistente para lograr terminar su libro. Las conversaciones que los dos mantienen, disparadas por los temas que trata el libro, tienen un agradable contenido filosófico y la idea principal es la necesidad de la religión para las personas.

Diversas preocupaciones místicas y morales aquejan a Michel, quien con la ayuda de Dora incursiona en el mundo del espiritismo. A pesar que Michel llega a la conclusión de que Dora podría ser la reencarnación de su esposa fallecida veintinueve años atrás, su relación nunca pasa de la amistad. No obstante, la música principal es la Quinta Sinfonía de Mahler, símbolo de la pasión no declarada, institucionalizado por Muerte en Venecia (Morte a Venezia, 1971, Luchino Visconti).

Según el jurado de Locarno, Jean-Claude Brisseau, es un ejemplo a seguir, y La fille de nulle part es una lección de cine para los directores. Mediante un humilde film experimental realizado casi completamente en su departamento parisino denuncia que todos vivimos en un mundo de ilusión, que existe el amor a través del tiempo y que hay realidades que nunca lograremos explicar con nuestra mente.

Un documental filmado enteramente sobre el barco pesquero Leviathan, a cargo de dos directores que habitan cerca de las tierras dónde Herman Melville escribió su novela Moby-Dick. Castaing-Taylor y Paravel estaban interesados en la industria pesquera y en la vida que se lleva en los barcos.

El film fue presentado en Locarno como un documental que podría revolucionar la forma de realización de los mismos. La mayor innovación es la manera en la que está filmado. No se utilizaron cámaras convencionales, sino cámaras muy pequeñas adheridas a los objetos más originales: puntas de palos que se sumergen en el agua y distintas partes del cuerpo de los marineros y directores. Esto permitió que los objetos del barco se puedan observar a una distancia casi nula y así es como los espectadores tenemos encuentros cercanos con ojos de pescados, almejas y aletas de raya por doquier.

El manejo de cámara también permite transmitir los movimientos de vaivén del barco. Una cámara en el suelo capta desechos que van y vienen, así logra marearnos muchísimo y hasta darnos náuseas por lo desagradable del panorama. El documental es bastante sangriento, ya que parte del trabajo de estos marineros es limpiar pescados, decapitándolos, arrancándoles aletas, fileteándolos, etcétera.

Los exteriores, donde aparecen gaviotas, el barco y el mar, son de una belleza absoluta. También se siente en todo el documental la falta de música. El sonido fue capturado y luego editado, y forma parte de todos los sonidos que se escuchan en el barco. Es por eso que en el exterior escuchamos a las gaviotas y el ruido de las olas, y en el interior, el ruido infernal de la maquinaria que procesa los productos de la pesca. A propósito, los directores decidieron dejar la voz metálica e inentendible de los operarios que manejan las grúas en el barco.

El barco Leviathan es uno de los tantos que se encuentran en New Bedford, Massachusetts, pero el único que aceptó una mujer a bordo (la directora francesa), ya que se les teme por traer mala suerte.

Una de las mejores películas del concurso internacional del festival de Locarno, aunque no según el jurado oficial. El Kunsthistorisches Art Museum de Viena (Museo de Historia del Arte) es el escenario de un relato de encuentros entre dos cincuentones solitarios. Se trata de un guardia del museo, Johann, y una mujer canadiense, Anne, que llega por primera vez a Viena para cuidar de una prima en estado de coma.

La historia es de amistad y para nada una historia de amor rosa como podría esperarse. Es un ejemplo de solidaridad hacia los extranjeros que llegan a un lugar desconocido. También es una excusa perfecta para mostrar lugares fuera del circuito turístico y para compartir historias insólitas de Viena. Se haya visitado antes, o no, es inevitable salir de la sala sin unas tremendas ganas de viajar a la capital austríaca.

Durante gran parte del film, la cámara recorre el museo, mostrándonos obras de arte de la colección permanente. De fondo, disfrutamos música clásica o, en mayor parte, la voz del personaje principal, el guardia del museo Johann interpretado por Bobby Sommer.

Existen reflexiones sobre el arte, de esas que se le pueden ocurrir a cualquier persona inteligente, sin necesidad de ser un experto en el tema. Entre otras, la idea que plantea que un museo sería el equivalente a mostrar en unos años una colección de autos de lujo, televisores de última tecnología y relojes costosos, ya que las obras de arte eran objetos de la burguesía y se encontraban siempre muy alejados del pueblo. Por otro lado, los museos fueron el primer lugar dónde se comenzó a compartir el arte con todo el mundo, las obras de arte estaban ocultas en los hogares de la gente muy pudiente. Entonces surge de manera inevitable la pregunta, ¿no deberían entonces todos los museos ser gratuitos?

En esta película, el museo es el personaje principal. Se intenta mostrar la relación que tiene la institución con los más jóvenes, y al nombrar la atracción que tienen hacia los cuadros de desnudos se hace una observación divertida y muy cierta. Es verdad que algunos de los cuadros son escenas casi pornográficas, pero con la excusa de ser obras de arte se exhiben libremente ante toda la familia.

Otra idea interesante es que la relación del museo con las personas es tan estrecha, que las personas pasan a ser obras de arte del museo. Para llegar a esta idea se necesita una abstracción como la que puede lograr un guardia de museo muy observador como Johann. Esto es aún más cierto en los museos de arte antiguos, dónde la iluminación es cálida y muy particular.

Los guardias de museos son personajes que siempre fascinaron al director. Son personas fuertes porque logran estar parados gran parte del día y por luchar contra el aburrimiento y el cansancio. También son afortunados porque, en caso que lo quisieran, serían las personas que lograrían conocer de la forma más profunda las obras de arte. Esta oportunidad se ve justificada cuando Johann le describe las obras de arte del museo a la prima de la protagonista en estado de coma. Su percepción es completa y bellísima de escuchar. No sólo es inherente a las obras de arte, sino también a todo el entorno, por ejemplo cuando describe Verano de Giuseppe Arcimboldo, el cuadro favorito de los niños.

Museum Hours es una obra de ficción pero tiene muchísimas características de documental. Jem Cohen confesó en la sesión de preguntas y respuestas, luego de presentar su film en Locarno, que sus películas hablan de la vida, sin importar mucho si es ficción o documental. También fue más sencillo conseguir el permiso de las autoridades del museo para filmar adentro, al tratarse de un film de ficción. Según el director, en el museo se presentaron siempre muy abiertos, ayudando en todo momento a que el proyecto se llevara a cabo.

Para esta película, Cohen decidió trabajar con actores que no son actores. A Boby Sommer lo eligió por tener mucha experiencia de vida habiendo trabajado en muy raras y diversas profesiones. A Mary Margaret O’Hara la eligió para el papel de Anne, cumpliendo un sueño que tuvo luego de verla cantar hace unos treinta años, cuando quiso filmarla en una película. La filmación contó con varias escenas de conversaciones espontáneas en los bares de Viena, que resultaron un éxito a pesar de la inexperiencia de los actores. Para su rol, Bobby Sommer aprovechó los recuerdos de la infancia, cuando visitaba a menudo el museo junto a su familia.

El artista destacado del museo es Brueguel, por el cual el director siempre tuvo una admiración especial. Según él, el pintor flamenco nos dejó, en sus obras, documentales de la vida de los campesinos. La característica fascinante de muchos de sus cuadros es discutida en el film, nos es muy difícil encontrar el centro de la pintura. Según cómo se vea y qué detalles uno encuentre, puede tomar interpretaciones muy diversas.

El exterior de la ciudad de Viena tiene también un papel importante. Según el director, no quiso contrastar el museo con el paisaje de afuera, tampoco mostrar el exterior más gris y apagado como pareciera la intención. En las escenas exteriores se quiso mostrar las distancias, siempre hay algo o alguien cerca o lejos. Para denunciar la apropiación de las ciudades que realizan las grandes corporaciones, se muestran carteles de Coca-Cola que arruinan las fotos bellas de Viena.

Hace diez años atrás, al ver El arca rusa (Russkiy kovcheg, Aleksandr Sokurov, 2002), recuerdo haber pensado qué poder tiene el cine de mostrarnos los museos de una forma tan diferente. Completamente distinta, pero también complementaria, para pensar en otros detalles que se nos escapan cuando visitamos los museos de forma convencional. Museum Hours, a pesar de mostrarnos un contexto mucho más actual, tiene el poder de cautivar y emocionar tanto como el film de Sokurov.

Un maestro de escuela secundaria pierde su trabajo y esto desencadena una seguidilla de eventos bizarros en su vida. Secuestra a una alumna, mata a su madre, se anima a acercarse a la mujer de sus sueños, perdona a un viejo amigo, se conecta con un grupo de feministas, con una estrella de cine y con distintos personajes en un cuartel de policía.

El argumento es prometedor y no desilusiona para nada. Uno se puede preguntar cómo se pueden desarrollar todos estos eventos de forma lógica, y la respuesta es que los personajes tienen reacciones tan inesperadas (aunque con cierta lógica) que permiten ese flujo de eventos.

El director israelí Nony Geffen pertenece a una generación joven de cineastas del país, los cuales se han caracterizado por este tipo de cine con humor irónico e inteligente. Él es el actor principal del film y las dos actrices principales realizan un trabajo estupendo, ganándose la complicidad y apoyo de la audiencia desde el primer momento.

Con todos estos ingredientes por supuesto que el film es entretenido y muy gracioso. Como es de esperar, no hay demasiadas opciones de comedia en un festival internacional como Locarno, pero las pocas que hay son ejemplos de humor muy inteligente.

El film es en blanco y negro, y tiene un par de aciertos muy originales en la forma en que está filmada y contada la historia. Los tres protagonistas son Micha, el profesor; Anne, la adolescente secuestrada, y Nony, la mujer de la cual Micha está enamorado. Por ejemplo, cada vez que los personajes deciden salir del departamento de Micha, se muestra un plano general de cada uno con las prendas que los van vistiendo. Otra escena original y graciosísima es cuando los tres están jugando al basquetbol y llega de repente el ex novio de Nony, quien reacciona de forma muy violenta. La pelea se da en cámara lenta, con similitudes a los efectos que se ven en Matrix. Micha logra escapar de la pelea y continúa jugando al básquet solo a un lado, ignorándolos completamente.

No sé qué llegada podrá tener este film a los lugares donde viven nuestros lectores, pero en caso que tengan la oportunidad de verlo por favor no la dejen pasar.

Dentro del concurso internacional, el quinto largometraje de Bob Byington ganó el Premio Especial del Jurado. Este premio equivale al segundo mejor film de los diecinueve que participaron en la competencia.

Somebody up there likes me es uno de los que da gusto ver. Es entretenido, irónico y muy cómico. Olivier Père, director artístico del festival, valoró la actitud del jurado al entregar un premio a una comedia, hecho no muy habitual en los festivales de cine.

En la película transcurren treinta y cinco años en la vida de un hombre que deja de envejecer luego de encontrar una valija muy peculiar en un aeropuerto. En estos años se divorcia, se vuelve a casar, tiene un hijo, se vuelve a divorciar, tiene un nieto y en el momento más exitoso de su vida muere.

El film intenta mostrar que la vida está llena de ironías, y que estamos siempre mucho más cerca de la muerte de lo que pensamos. Que la vida nos parece larga mientras vivimos, pero nos resulta muy corta cuando estamos a punto de morir. Pero lo especial en el film es que ninguno de estos temas está tratado con solemnidad ni tristeza, tampoco de forma irrespetuosa, y logra siempre sacar de forma inesperada una cuota de humor en los momentos más tristes. Según Bob Byington, muchas veces sintió en la vida que el humor se le esfumaba en los momentos que más lo necesitaba.

El director pertenece a una comunidad de realizadores de cine independiente en Austin, Texas, Estados Unidos. Muchos de los actores de este film son amigos del director, por ejemplo Andrew Bujalski, quien dirigió Beeswax (EUA, 2009), en el que actuó Bob Byington. Para contar con una cara muy conocida en el elenco, Byington convocó a Nick Offerman, actor cómico conocido por la serie de televisión Parks and Recreation (Greg Daniels, EUA, 2009) interpretada por Amy Poehler.

Hay reminiscencias del cine de Woody Allen, y el director confesó que su principal inspiración fue Bananas (Woody Allen, 1971). Una escena de las más cómicas es entre el protagonista y la niñera. Mediante señas y en silencio logran tener una conversación llena de expresividad que nos recuerda a la de Love and Death (La última noche de Boris Grushenko, Woody Allen, 1975) entre Boris y la condesa Alexandrovna.

Encuentro que este film no tiene nada de original, sin embargo tuvo bastante éxito entre el público del festival. Quizás la razón es que es prolijo, bien hecho, todo está correcto: la historia es entretenida, las actuaciones son impecables, tiene una muy buena cuota de humor, y nos deja un par de temas para reflexionar.

La joven y bellísima Jane, interpretada por Dree Hemingway (quien comparte un parecido físico con su mamá Mariel), llega con su perrito chihuahua Starlet a San Fernando Valley en California. En la venta de garaje de una vecina, compra un termo y descubre en su interior una importante suma de dinero. Jane no logra decirle la verdad a la dueña (Sadie, una mujer de ochenta años), pero se acerca a ella y entabla una hermosa amistad que logra afianzarse luego de muchos contratiempos.

Jane vive en un cuarto que alquila a una pareja de amigos, que pasan la mayor parte de su tiempo drogados frente a una consola de videojuegos. Los tres están involucrados en el negocio de los films pornográficos, y esta película muestra de forma muy respetuosa las peculiaridades de este negocio.

El tema principal es la amistad, quiénes son las personas que de verdad se pueden considerar amigos y qué somos capaces de hacer por ellos. También se plantea que la soledad se presenta en todas las edades: Jane es joven y exitosa, pero con sus amigos y familia disfuncional se siente sola y encuentra compañía agradable en una mujer viuda y solitaria.

Dree Hemingway cruza todo el tiempo la barrera entre la personificación de una chica frívola, preocupada solamente por su apariencia, y la de una mujer adulta y generosa que comprende y acompaña a Sadie en las desventuras de la vejez. Esta flexibilidad es crucial para mostrar las dos facetas del personaje, y es difícil imaginarlo interpretado por otra actriz.

Este es el primer film que realizó el director Sean Baker cuando se mudó a Los Ángeles y surgió de la combinación de dos ideas. La primera nace de un programa de TV que daba espacio a la vida de las estrellas pornográficas, y así comenzó la fascinación del director, no por su trabajo, sino por su cotidianeidad, sus amistades, sus salidas, su hogar, etcétera. La segunda idea se originó por una consulta que recibió un colega de su padre abogado, cuáles son las obligaciones legales al encontrar una alta suma de dinero en un objeto que uno compra o encuentra. Sean Baker pensó inmediatamente que una historia interesante tiene que surgir entre dos personas al darse esta situación, y así es como Starlet lo demostró.

Otro film de la selección Appellations Suisse y otro tema polémico traído por los suizos.

Virgin Tales es un documental que se realizó durante dos años junto a la familia Wilson: un matrimonio norteamericano evangélico cristiano con siete hijos (dos varones y cinco mujeres). Los jóvenes tomaron voto de castidad hasta encontrar una pareja con quién casarse y formar una familia. También decidieron guardar su primer beso para la ceremonia de casamiento.

La directora suiza se vio inspirada por las estadísticas que muestran que una de cada ocho jóvenes en los Estados Unidos decide llegar virgen al matrimonio. Los números también indican que cuando tienen relaciones sexuales son menos propensas a utilizar profilácticos, encontrándose más expuestas a enfermedades venéreas y a la maternidad no planificada.

El hilo del relato está mayormente a cargo de una de las hermanas, exactamente la del medio, que espera pacientemente la oportunidad de casarse. Sus hermanos mayores ya formaron una familia y los menores son todavía muy jóvenes para abandonar el hogar de los padres.

La castidad en estos días nos puede parecer una opción ridícula, y muchas de las escenas del documental llegan a ser cómicas para la audiencia. Pero logra mostrar problemas mucho más graves de estas sociedades fanático-religiosas. La hija del medio es una mujer inteligente y emprendedora, pero ella misma está convencida de que es una pérdida de tiempo una educación universitaria, porque quiere dedicar completamente su vida a un marido e hijos.

El hermano varón casado y su esposa están convencidos de que su matrimonio nunca puede fracasar. De la misma forma que ellos aman a Dios, están obligados y comprometidos a amarse entre sí por siempre. Al escucharlos hablar se los ve como dos jovencitos que ni se conocen, cumpliendo el mandato que les ha tocado vivir.

El documental también trae a la mesa el tema de la educación en los hogares, y muestra el gran material que esta gente tiene a su disposición en Estados Unidos. Por ejemplo libros especializados en negar la teoría de la evolución de Darwin.

¿Qué clase de jóvenes se están educando si se les prohíbe ir a una escuela, tener un novio y compartir un romance? A las mujeres se las educa para ser esposas y madres, y a los hombres se los prepara para ser soldados, como una suerte de continuación de guerra santa en la lucha contra el terrorismo.

A las mujeres jóvenes se las prepara a aceptar la pérdida de sus maridos en la guerra, porque esa sería la decisión de Dios. Lo que queda sin respuesta es ¿qué pasa con esas mujeres jóvenes, viudas, desfloradas, sin una preparación profesional, una vez que Dios se lleva a su marido?

Este film se llevó el premio a la Mejor Dirección y la Mejor Actriz, An Nai. Pese a que el film no fue uno de mis favoritos del concurso, es gratificante que se lleve premios, indica que el jurado de Locarno también valora el coraje que el director Ying Liang necesitó para presentar su película en el festival.

El film juega con la confusión entre documental y ficción, porque está basado en un hecho real. Un joven chino es acusado de asesinar a seis policías de Shangai, y a su madre la envían a un hospital psiquiátrico para que no interfiera en los juicios. Cuando la madre es liberada para rencontrarse con su hijo, sólo llega a participar en una instancia final del juicio sin lograr impedir la ejecución.

Ying Liang recibió distintas amenazas en el proceso de realización de esta película. Antes de terminarla, el gobierno de Shangai pidió que suspendiera el proyecto. Luego fueron más de diez veces a su hogar en Shangai, miembros de la policía entre otras personas. La primera proyección se dio en Corea del Sur, también se intentó cancelarla y hasta le ofrecieron dinero con dicho fin. Luego de la proyección, las amenazas continuaron, pero al día de hoy él no se preocupa porque considera que su film es muy poco relevante, humilde y pequeño como para recibir tanta atención.

Wo hai you hua yao shuo tiene un ritmo particular, según el director es muy lento a propósito para poder demostrar el sufrimiento y todas las emociones de una madre que pierde a su hijo. También en el film se observa un estilo propio del director y bastante habitual en los films orientales, existe una distancia con los actores que desarrollan un personaje. No se muestran con muchas emociones, si el personaje está triste o contento.

El director se considera un ciudadano chino común, y ante la pregunta de cómo hace para sobrevivir las injusticias del régimen político, contesta que intenta realizar lo que más le gusta: películas y discutir sobre ellas. Vive cada film como el último, porque no está seguro hasta cuándo podrá dirigir películas. En el caso de que eso suceda, se dedicará a mostrar cine y a enseñar a otros directores jóvenes.

Un ejemplo de vida, un director que nos hace pensar cuántas libertades damos por sentadas en nuestro mundo cotidiano y qué difícil sería la vida sin ellas.