Adieu au langageNo hay nada nuevo que se pueda decir acerca de una figura como la de Jean-Luc Godard, y todo lo que intentemos entresacar sobre de su cine distará años luz de sus auténticas intenciones. Autor de la Nouvelle Vague que desde los años 60 viene revolucionando el concepto de cine y que ahora, a su 83 años, sigue demostrando su heterodoxia, exploración y sentido incombustible del medio cinematográfico. Han pasado más de 50 años desde que Godard participara por primera vez en el Festival de Cannes en calidad de actor con el film de Àgnés Varda, Cleo de 5 a 7 (1962). Hasta en siete ocasiones ha optado a conseguir la Palma de Oro pero nunca hasta ahora había sido premiado. Un premio del Jurado ex aequo con Xavier Dolan, el benjamín de la Sección Oficial. Tal vez, este premio ha llegado demasiado tarde para Godard. El plantón que ha dado al Festival, tanto en el estreno de su film como en la rueda de prensa anunciada, tiene mucho que ver con el distanciamiento que siente con el sistema de distribución que existe hoy en el cine y con la idea errónea que se tiene de él como autor. Todo esto lo quiso explicar a través de una carta audiovisual, dirigida al director y al delegado general del Festival, a los que agradece su invitación. En el mismo video existen alusiones a William Shakespeare e incluso a la filósofa alemana Hannah Arendt, todo unido mediante un montaje brusco y fragmentado, como el que utiliza en sus últimos films.

El estreno de Adieu au langage fue una de las experiencias más intensas e interesantes que se han podido vivir en esta edición. Y merecieron la pena las dificultades para poder entrar a ese pase único en el Teatro Lumière, entre una multitud que se agolpaba y empujaba para evitar quedarse fuera del que era el film más esperado de toda la selección. Gafas 3D en el rostro, la proyección comenzaba, no sin antes un “Godard for Ever” que elevó los ánimos de los presentes. Una vez concluida la sesión, aplausos, abucheos, alaridos… la gente se expresa.

Un film como Adieu au langage no puede dejar a nadie indiferente y es merecedor del mayor de los elogios o el azote crítico más violento. Adiós al lenguaje, un adiós a la francesa, sin mirar atrás, sin retorno. El lenguaje es necesario, pero Godard quiere romper con él, tal y como lo conocemos. En su caso con el cinematográfico. Ha optado por la libertad más plena y para ello se ha desprendido por completo de las ataduras. No deja espacio a la continuidad, ni a los personajes, y tanto el montaje como el sonido circulan a su libre albedrio. Un jaque mate al orden, a la conexión, al contexto, a la asociación. Ha dividido la cinta en dos bloques que ha querido llamar “naturaleza” y “metáfora” y que funcionan en bucle. Ha utilizado a dos figuras humanas, un hombre y una mujer, que se encuentran, se aman, se pelean y ya no se soportan. También para ellos el lenguaje se ha evaporado. Entretanto, un perro omnipresente, porque Godard nos recuerda que el perro es el único ser vivo que es capaz de amarte más que el amor que tiene por sí mismo. Él también piensa, pero su lenguaje es corporal.

Godard vuelve a recurrir a sus habituales tics. Películas clásicas en la televisión de un salón, esa voz en off filosófica, que aporta la intelectualidad del lenguaje, las palabras en sonido, que conllevan ideas y conceptos, a ratos políticos, a ratos existenciales, siempre humanísticos. Todo puede combinarse, la escatología con una conversación inteligente. Por qué no, todo al mismo tiempo. Lord Byron, Frankenstein, Mary Shelley, Jack London, la sangre, el agua… La imagen y su sobreexposición para pasar al blanco y negro, imágenes de un cine del pasado. EL 3D para ensamblarlas, yuxtaponerlas, todo fuera de sincro.

Tal vez el problema esté en nosotros y en nuestro cerebro atiborrado de estructuras cuadriculadas y líneas rectas, de normas a cumplir. No sé si Adieu au langage es un disparate, una tomadura de pelo o una obra maestra, pero es lo más estimulante que ha podido verse en esta Sección Oficial.

Charlie's CountryDavid Gupillil apareció por primera vez en Walkabout (Nicolas Roeg,1971), donde  interpretaba a un adolescente aborigen del desierto australiano que se encuentra con dos hermanos a los que su padre ha abandonado. El contraste de la civilización con el entorno natural donde el hombre blanco y urbanita no tiene posibilidad de sobrevivir. Cuarenta y dos años más tarde, David Gupilil vuelve a participar en el Festival de Cannes con una historia que podría leerse como una continuación de su vida, donde vemos en qué se ha convertido aquel adolescente aborigen tras el colonialismo del hombre blanco. Esta historia es Charlie´s Country, dirigida por Rolf de Heer, que presenta película en el festival por quinta vez, con una historia coescrita con David Gupilil, que aporta su experiencia de vida, dibujando un film con mucho de autobiografía.

Charlie ronda los sesenta años y se encuentra en una situación de desamparo desde que el hombre blanco impuso sus normas y redujo al colectivo indígena a una pequeña comunidad. No tiene trabajo ni casa, y dentro de su comunidad padecen bajas condiciones sanitarias y educativas. Todos sus intentos por salir adelante y vivir de la única manera que sabe son inmediatamente reprimidos por las leyes del sistema que le han impuesto. Cuando ya no puede soportar más su infelicidad dentro de la civilización, regresa en busca de la Tierra Madre que le vio nacer, pero nada es lo que él recordaba.

Rolf de Heer no pierde de vista la mirada de este hombre atrapado en una vida que no sabe vivir. Una mirada llena de melancolía y tristeza, que le ha valido el premio a la mejor actuación masculina dentro de la sección Un Certain Regard.

Clouds of Sils MariaOlivier Assayas traslada la trastienda del cine y el teatro a los Alpes suizos donde la afamada actriz María Enders (Juiette Binoche) viaja para dar un homenaje a su mentor, que acaba de fallecer. En esos parajes naturales se refugia para preparar su próximo papel. A su lado, Valentine, (Kristen Steward) su incansable agente, secretaria, chófer y también consejera. Su relación profesional y de amistad se entremezcla con el dúo protagonista de la obra de teatro que tienen entre manos, para la que ensayan a diario. María vive en un momento de crisis consigo misma. Tras un divorcio, atraviesa una nueva etapa como actriz en la que tiene que aceptar su edad y el tipo de papeles que puede interpretar. La noticia sobre quién será  la joven actriz que interpretará a su partener en la obra de teatro, Jo-Ann Ellis (Chloë Grace Moretz), le hace sentirse aún más insegura.

El complejo ejercicio de Assayas, entre la ficción y la realidad del mundo del teatro y del cine, parte desde el mismo plantel interpretativo que ha elegido para el filme. Binoche, una actriz consagrada y elegante que ha triunfado en el cine, que se enfrenta a una etapa de madurez profesional, comparte reparto con dos jóvenes estrellas de Hollywood, todavía por demostrar su talento. La pena es que la cinta cuenta con un montaje muy desigual que despista y en ocasiones no se justifica.

 

Dos días una nocheEl éxito de los hermanos Dardenne dentro del Festival de Cannes está más que consolidado. Los galardones que han conseguido van desde dos Palmas de Oro, Premio al Mejor Guion, el Gran Premio del Jurado y hasta dos Premios Ecuménicos. Tras el visionado de Deux jours, une nuit, todo apuntaba a que esta racha podría continuar. Parecía una apuesta segura. Un film con una importante lección sobre la moral y la dignidad personal frente a los intereses económicos es la envoltura perfecta para acercarnos un cine social sobre las dificultades económicas y laborales de la clase baja-media.

Este es el periplo de fin de semana que Sandra (Marion Cotillard) emprende junto a su marido, para intentar mantener su trabajo. Viajan de casa en casa para intentar convencer a sus compañeros de empresa para que voten por ella en vez de por la prima extra de salario a la que cada trabajador tiene derecho y así evitar que sea despedida. La tarea de convencer a una persona para que deje a un lado su beneficio económico y se sume al gesto de solidaridad para que Sandra conserve su puesto, no es tarea fácil. Tan difícil como lo tuvo el miembro del jurado interpretado por Henry Fonda en 12 hombres sin piedad (12 Angry Men, Sidney Lumet, 1957) al querer demostrar que los argumentos a veces no son tan evidentes como nos quieren hacer creer.

El filme nos presenta a Sandra como una mujer debilitada que quiere salir del agujero de depresión en el que se encuentra, enfrentada a un entorno que le supone una barrera. Tiene dos luchas. La interna, contra su baja autoestima, y la externa, en la que prima la supervivencia como madre de familia. La conclusión final se salda con un aplauso al unísono por parte del espectador, que está acostumbrado, por desgracia, a un sistema de nula catadura ética, corrompido por los intereses económicos.

 

FoxcatcherBennett Miller ha sido premiado con el galardón a la Mejor Dirección dentro de la gran competición por su trabajo en Foxcatcher. Un relato que quiere ser un fiel reflejo de la vida de éxito y declive, tanto personal como profesional, del campeón olímpico de lucha libre Mark Schultz (Channing Tatum), a través de la relación con el magnate John du Pont (Steve Carell) y su hermano y entrenador Dave Schultz (Mark Ruffalo). Un film que nos acerca al deporte de la lucha, una disciplina de gran contacto físico, preciso y contundente, que requiere una gran estrategia para derribar al adversario. Miller recalca coreografías y rutinas de la vida del luchador, nunca antes visto en el cine con un enfoque similar.

Mark Schultz consiguió alcanzar su meta desde los máximos de humildad, pero la corrupción de su nuevo entorno, tras ser absorbido por las influencias de Du Pont y su paranoia mental, hizo que todo se desmoronara por completo, hasta llegar a un trágico final.

Bennet Miller ha centrado sus esfuerzos en realizar un retrato fiel de la vida de Mark Schulz y John du Pont, mediante un trabajo detallado de documentación que refleja la complejidad de sus personalidades, que ha acompañado con una labor muy importante y sobresaliente de dirección de actores. La relación que se establece entre el campeón olímpico, su hermano y el “mentor” nos lleva directamente al trío protagonista de The Master (Paul Thomas Anderson, 2012), donde también, los vínculos de amor, protección, abuso de poder, envidia y celos forman un conglomerado misterioso y complejo.

Otras cuestiones de gran calado que Miller ha querido desarrollar es la vulnerabilidad del ser humano y qué ocurre cuando el talento tiene un precio y este se puede comprar. La idea o percepción de quiénes somos y cómo las circunstancias que nos rodean pueden cambiarnos. El miedo a la derrota. El doble filo que significa el concepto del sueño americano y la hipocresía que habita tras él. Además de estos planteamientos principales, Foxcatcher goza de un riquísimo subtexto. El eje que vertebra la pulsión del film se mantiene con un tono bastante contenido y algo distante hasta el tramo final.

Foxcatcher será una de las candidatas para los próximos premios Oscar, por lo que de aquí en adelante escucharemos hablar de ella. No olvidemos que Miller llevó a Phillip Seymour Hoffman a alzarse con el Oscar a mejor actor en su ópera prima Truman Capote (2005). Otra historia sobre la crónica americana más negra.

Hermosa juventudJaime Rosales ha realizado con Hermosa Juventud la película menos suya de toda su carrera. Su obra menos personal, donde su firma no queda tan marcada. Quizás por esto, también es su trabajo más accesible y en esto tiene que ver que Rosales ha hecho ciertas concesiones para ser más complaciente con el espectador. En Hermosa Juventud existe un mayor dinamismo, planos más cortos, mayor abundancia de primeros planos, que anteponen los sentimientos de los personajes ante la indagación del espacio y da un paso más allá en la honestidad del relato. Un retrato tremendamente actual, sobre la realidad social y económica que vive España.

Para eso, Rosales se ha centrado en un grupo de jóvenes de la periferia madrileña, donde el desempleo suma cifras muy preocupantes y las expectativas de futuro son negras. La honestidad que rezuma la cinta habita en la transparencia y verosimilitud, casi documental, del retrato y en las magníficas actuaciones de Ingrid García Jonsson y Carlos Rodríguez, que encajan a la perfección con la actuación de otros actores no profesionales que consiguen una gran naturalidad en las situaciones y los diálogos.

La realidad de una pareja de jóvenes que no tienen trabajo, que viven en casa de sus padres y recurren a lo que tienen a su alcance para salir adelante. Todo empeora con el nacimiento de su primera hija, a la que sacarán adelante recurriendo al apoyo familiar.

Rosales no deja de lado su interés por la exploración de nuevas formas narrativas e incluye algunas piezas que utiliza para explicar el paso del tiempo, mediante flashforwards que se nos presentan a través de las pantallas de teléfonos móviles. Una herramienta narrativa que destaca por su originalidad y eficacia.

El mensaje de Rosales no deja hueco para el optimismo. Habrá que ver cómo ha sido la acogida por parte del espectador español, tras el estreno. Son tiempos en los que es evidente que hay necesidad de evadirse a través, por ejemplo, de la risa. No es casualidad que la película más vista en cines en la historia de España, éxito conseguido este mismo año, sea una comedia.

 

JaujaLisandro Alonso y Viggo Mortensen se conocieron hace seis años en el Festival de Toronto. Se cayeron bien y buscaron el momento oportuno para realizar un proyecto juntos. El resultado es Jauja, quinto film del realizador argentino. El proyecto que ha llevado a cabo con más facilidad de financiación, gracias al apoyo de Mortensen, quien además no solo colabora como actor, sino que también ha compuesto la banda sonora del film.

Jauja es un territorio de mitología, un espacio suspendido en el tiempo que ha sido anhelo constante de los primeros conquistadores que exploraron nuevas tierras en búsqueda de la felicidad y la abundancia. Como el árbol de la vida que buscaba el conquistador de la película de Darren Aronofsky.

La película tiene dos bloques bien definidos. El primero, la presentación de la vida en un asentamiento en algún lugar de la Pampa Argentina, donde los exploradores esperan y planifican su próximo movimiento, mientras comparten conversaciones sobre un famoso y temido conquistador, al que creen que ha podido ocurrirle algo. Conocemos al capitán danés Gunnar Dinesen (Mortensen), quien tiene a cargo a su hija de quince años, Ingeborg (Viilbjork Mallin Agger). Esta primera parte introductoria, de corte realista, desemboca en un segundo bloque que viene impulsado por la desaparición de la hija del capitán Gunnar, quien emprende una aventura en solitario, a través de áridos parajes, en su búsqueda.  Un camino a ninguna parte, de encuentro consigo mismo y sus miedos más ocultos, con la presencia todopoderosa de la naturaleza (como esa visión del firmamento en mitad de la noche). Un giro inesperado hacia lo onírico, lo místico y fantasmagórico.

Jauja supone la primera película de Alonso con tintes fantásticos. Con ambientación de época, conseguida exclusivamente a través del vestuario y apoyada por el formato 4:3 (como si de una postal antigua se tratara), está rodada casi al completo en exteriores. Cuenta con Timo Salminen, director de fotografía habitual de Aki Kaurismäki, que mantiene aquí su tendencia hacia los colores fríos.

Jauja implica un cambio relativo dentro de la filmografía de Lisandro Alonso, al introducir una historia más compleja (desde un punto de vista conceptual y argumental), que se narra en parte a través de diálogos, en la que no hay tanta presencia de planos fijos de larga duración, habituales en sus otros films. Sin embargo, sigue manteniendo el minimalismo en su puesta en escena, con especial atención a las acciones en segundos términos. Jauja es, en definitiva, la historia de un viaje en solitario de un hombre, como lo es la de Libertad(2001), Los muertos (2004) y Liverpool (2008), con las que también comparte la preocupación por la ruptura familiar.

No muchos autores pueden presumir de haber presentado toda su filmografía en Cannes. Su primera película, Libertad, fue presentada en la sección Un Certain Regard y las otras tres en la Quincena de los Realizadores. No es mucho arriesgar si decimos que su próxima película tendrá muchas posibilidades de figurar dentro de la Sección Oficial del Festival de Cannes.

MommyLa carrera de Xavier Dolan ha sido más que meteórica. Esta misma semana se hacía pública una carta que con solo ocho años escribió a su ídolo y referente de entonces. Un Leonardo DiCaprio que acababa de triunfar con Titanic (James Cameron, 1997) y al que pedía poder realizar algún casting. Seguro que entonces no se imaginaba que con tan solo 25 años conseguiría el Premio del Jurado dentro de la Sección Oficial del Festival de Cannes.

Xavier Dolan retoma con Mommy las relaciones entre madre e hijo, vínculo que representa en profunda crisis, de alguna manera marcada por la ruptura del núcleo familiar tras la ausencia del padre. Esta vez, Dolan ha dejado a un lado otro de sus temas principales sobre la homosexualidad y las relaciones amorosas para inspirarse en una historia real, centrada en la problemática de un joven que sufre un trastorno de hiperactividad (TDAH) que le impide controlar sus emociones, lo que le lleva a situaciones de violencia, tanto verbal como física, y le imposibilita mantener una relación normal con su madre. Ella, que siente un amor profundo por su hijo, no siempre actúa en consecuencia con su problema. No sabe encontrar el mejor modo de ayudarle. La incursión en sus vidas de una nueva vecina en el barrio, proporciona nuevas esperanzas de recuperación y aire fresco en sus vidas.

Moomy es, con diferencia, la película con más seña de identidad de la filmografía de Dolan, en la que más consciente se muestra de las posibilidades que le ofrece el medio cinematográfico y su iniciativa a explorarlo. Ha conseguido el equilibrio entre el estilo y el contenido. Dolan ha querido contar un drama familiar con escenas de gran tensión que se combinan, para rebajar la carga emotiva, con momentos musicales de estilo videoclipero que incluyen temas de Lana del Rey, Oasis, Sarah McLachlan o Dido. Una selección que da la impresión de ser antojadiza y que no va muy en sintonía con los sentimientos que representa, pero por esta especie de desincronización, existe un tono fresco muy liberador. La puesta en escena es dinámica y potente. Mommy es un film lleno de diálogos vertiginosos impulsados por la verborrea de la madre, que da lugar a momentos hilarantes. Dolan juega con el formato. Ha elegido un ratio 1:1 para acentuar el solipsismo, la imagen del “yo”. Esto es algo con lo que ya había experimentado en el video musical que realizó para Indochine, pero en esta ocasión, además, se atreve con un momento de optimismo que fue digno de aplausos, en el que lo revierte, alejando las bandas negras.

Poder ver Mommy dentro de la Sección Oficial significó una brisa de aire fresco. Un film que transmite la juventud de su director. Una juventud mental que, aunque de manera diferente, también comparte con Godard. Por eso, el Premio del Jurado, en realidad, ha sido muy consecuente y acertado al haber querido premiar las dos obras más jóvenes, atrevidas y contemporáneas de toda la competición.

relatos salvajesSi pensamos en un posible denominador común de las películas seleccionadas en la Sección Oficial parece claro que no lo hay. Temáticas muy diferentes de autores que no tienen nada que ver entre sí. Además, la calidad cinematográfica también ha sido muy irregular. De las dieciocho películas en competición, menos de la mitad merecían de veras estar ahí. Pero de entre todas ellas, la película que rompe los esquemas y se aleja por completo de la habitual tradición de solemnidad, es Relatos Salvajes, de Damián Szifrón, quien regresa al cine tras nueve años de ausencia, después de Tiempos de valiente (2005) y varios proyectos televisivos. La incursión de Relatos Salvajes dentro de la Sección Oficial debe contemplarse con una decisión acertada pero también valiente. El film tiene un perfil más propio de festivales como el de Sitges, donde el público es receptivo a relatos donde la violencia y humor macabro son el plato de cada día. Pero contra todo pronóstico, en Cannes, también aplaudieron y se rieron a carcajadas. Otra cosa son los premios, que ya sabemos todos que con eso no se juega.

El film está compuesto por seis relatos cortos que se sustentan sobre la necesidad de venganza para saldar acontecimientos del pasado, la violencia contenida, la presión del sistema, amores truncados, la ira y el “basta ya” ante lo políticamente correcto. Un enfrentamiento en la carretera de dos conductores que se verán las caras más adelante, el reencuentro de una camarera con el culpable del suicidio de su padre, una boda en la que se destapa la infidelidad del novio con una de las invitadas, un vuelo con un pasaje muy bien seleccionado para cumplir con una venganza por una existencia infeliz, un padre de familia que no llega al cumpleaños de su hija porque la grúa se lleva su coche y un joven que atropella a una embarazada y se da a la fuga. Relatos salvajes supuso un vendaval de aire fresco dentro de la programación. A veces se equivoca la diversión y comicidad con la seriedad de una cinta, desde sus valores y calidad cinematográficos, pero la película de Szifrón contiene mucho subtexto que entresacar y una potente intención crítica frente al sistema, que destaca por su descarada incorrección. Sin embargo, no por estas características nos encontramos ante una película enmarcada en la serie B. Damián Szifrón ha elaborado un guion con unos diálogos elocuentes y muy bien escritos, además de haber sabido encontrar un estilo narrativo con sutilezas diferentes para cada uno de los relatos, rodados con gran vigor e inteligencia para los momentos de tensión y suspense.

 

Still the waterNaomi Kawase visitaba Cannes por quinta vez tras haber conseguido La Cámara de Oro (por Moe no suzaku, 1997) y el Gran Premio del Jurado (por El bosque de luto, 2007), con un film que mantiene la línea temática recurrente que ha ido desarrollando a lo largo de su filmografía. La contemplación de la naturaleza como un ente espiritual superior y la interacción del hombre con ella, la relaciones familiares de padres e hijos, el tránsito hacia la muerte y su asunción como una etapa más y no un final, la pérdida de la inocencia y la indagación del paso de la niñez a la adolescencia. Para plasmar estas cuestiones, Kawase ha elegido personajes que se encuentran muy al límite de todas estas cuestiones existenciales, que convergen en la condición humana.

Kioko es una adolescente que se enfrenta a un momento de grandes cambios en su vida. Por un lado, la enfermedad que sufre su madre le hace asomarse al abismo que significa la muerte y, por otro, la experiencia de su primer amor, como un terremoto emocional, le llena de inseguridades. Su amor y mejor amigo, Kaito, recurre a la figura paterna para comprender sus sentimientos encontrados. La relación que tiene con su madre es muy distante.

¿Cómo resolver la aproximación a la muerte? Kawase lo expresa de dos formas muy diferentes. La primera, de forma abrupta y sin contención, en la escena que abre el film, a través del degollamiento de un carnero, con un plano que mantiene hasta su último aliento. La segunda, la muerte de la madre de Kioko, rodeada de los suyos, mientras cantan y bailan en un momento con una gran carga ceremonial que transmite paz y que viene a ser como una reconciliación con una etapa espiritual.

El mar es otro elemento importante dentro del film de Kawase. Su entidad está relacionada con los estados de ánimo de los personajes y de nuevo, también con la muerte. De fondo planea el recuerdo del tsunami ocurrido en 2011, que tiene que ver con otro aspecto importante de la cinta, acerca de la desaparición repentina de un ser querido.

Still the Water conserva el lirismo y alegorías habituales en Kawase, pero a la vez muestra una narrativa más directa y evidente, como la elección de incluir imágenes de los desnudos de los jóvenes con cierta carga erótica, algo que,  por otro lado, no es nada frecuente dentro del cine japonés.

 

The Salt of the EarthWim Wenders, interesado en la figura del fotógrafo Sebastião Salgado, ha querido acercarnos su trabajo en colaboración con Juliano Ribero, hijo de Salgado, mediante la narración de algunas de las historias que existen detrás de sus fotografías. El documental propone una experiencia que se disfruta mucho, al poder ver en pantalla grande algunas de las mejores capturas del reconocido fotógrafo. Un recorrido por los proyectos que ha realizado a lo largo de su carrera que le han llevado a recorrer gran parte del planeta.

El documental se centra en las intenciones que Salgado tuvo a la hora de enfocar su objetivo más que en darnos a conocer su forma de trabajo desde un punto de vista profesional y técnico, por lo que este retrato nos deja un acercamiento a su figura muy superficial. Y lo que podemos entresacar de la intención de sus fotografías, es su gran conexión con el medio ambiente, sobre todo a través de su proyecto Génesis (2013), que de alguna manera termina cerrando con la reflexión sobre la labor de reforestación de la tierra que le vio nacer, que durante los últimos años ha llevado a cabo junto a su mujer.

Pero no es belleza todo lo que muestran sus fotografías y quizás, lo más interesante del documental sea el debate que nos surge (que, en realidad, Wenders no propone, solo planea por encima) tras conocer sus argumentos sobre las intenciones que tuvo al abordar el proyecto Éxodos, centrado en dar a conocer aquellos pueblos que se han visto en la necesidad de abandonar su entorno para poder sobrevivir. Aquí se abre una brecha en la imagen del fotógrafo. Su mirada, esta vez interesada en la hambruna y la miseria humana y que, según su argumentación, encuentra justificación en la necesidad de dar a conocer esas otras realidades, nos sugiere sobre todo, la pregunta sobre la cuestión moral de algunas de sus instantáneas, detrás de las que existe un fin comercial. Dónde están los límites, si es que estos existen, acerca de lo fotografiable y la dignidad humana. En definitiva, algo que ya surgió en el año 2000 con la publicación de este trabajo.

 

 

The SearchEl reto que tenía Michel Hazanavicious era harto difícil. El de mantener el listón del éxito conseguido con The Artist y convencer a la misma audiencia que aplaudió su homenaje a un cine del pasado y las bases de su lenguaje, sobre lo que ya había indagado previamente. Pero tras tanta expectación, con The Search ha firmado uno de los filmes con peor acogida de todo el Festival.

Inspirado en la cinta de mismo nombre, dirigido por  Fred Zinneman en 1948,  centra su historia en el conflicto bélico de la Segunda Guerra Chechena (1999-2009), a través de dos historias. La de un niño que presencia la muerte de sus padres por parte del ejército ruso y su huida hasta un campamento de refugiados, donde podrá reencontrarse con sus otros hermanos. Por otro lado, el proceso de transformación de un joven ocupado con sus estudios, que cuando ingresa en el ejército ruso cambia, poco a poco, hasta llegar a ser alguien que disfruta con el sufrimiento de las víctimas de una guerra que no entiende.

La visión de Hazanavicious es del todo partidista y podría considerarse también como muy oportunista con la situación política que vive Chechenia en la actualidad. Pero sin entrar a valorar su enfoque tendencioso y la crítica que quiere dar a entender, el relato que construye es pretendidamente lacrimógeno y lo hace de una manera tan burda que consigue todo lo contrario.

 

The TribeLa propuesta que ofrece The Tribe es tan atrevida y original que hasta ahora no se había hecho nada igual en cine. Rodada en lenguaje de signos para sordomudos, sin subtítulos, ni voice over. Aunque solo el colectivo de sordomudos podrá entender al completo los diálogos, el film se comprende sin ningún problema, tanto el hilo argumental como lo más importante, el lenguaje silente, el lenguaje corporal y gestual y los sentimientos que afloran a través de las imágenes, que guían el devenir del relato.

Un joven ingresa en una escuela donde tendrá que acostumbrarse a las particulares normas internas de los demás estudiantes, para poder sobrevivir en la pequeña ciudad sin ley que constituye la escuela, donde los más fuertes se imponen. Allí se enamorará de una de sus compañeras y hará todo lo que esté en su mano por ser correspondido y protegerla. The Tribe es una historia de amor muy encarnizada, con altas dosis de venganza, violencia y sexo.

Para acentuar el poder de la mímica corporal, Slaboshpytskiy ha decidido rodar la película al completo con steadycam, a base de largos planos secuencia, que siguen a los jóvenes del internado sin interrumpir sus acciones. Además, este tipo de planos dan un mayor realismo y favorece la tensión in crescendo que se va remarcando según avanza el film, hasta terminar en una cascada tortuosa. Una ópera prima que ha arrasado con todos los premios de la Semana de la Crítica y que bien podría haber sido ganadora dentro de las Secciones Oficiales del Festival de Cannes.

TimbuktuAbderrahmane Sissako nos acera a la ciudad de su infancia, Timbuktú. Situada en la República de Mali, en el oeste de África, donde las libertades esenciales de su población están siendo coartadas por el fundamentalismo islámico que tira por tierra la larga tradición cultural preexistente. Y lo hace mostrando diferentes aproximaciones de la vida de varias personas que conviven en una comunidad donde de un grupo de militares interrumpe la paz del lugar para imponer nuevas normas de control. Prohibiciones como la de escuchar música o jugar al fútbol y obligaciones como que las mujeres tienen que tapar sus manos con guantes. En una aldea más alejada, una pequeña familia de ganaderos, formada por un matrimonio y su hija, se ven envueltos en el crimen de un vecino pescador. Algo que tendrá dramáticas consecuencias.

Timbuktútiene una profunda necesidad de reivindicación y denuncia. Su tono dramático se siente atenuado por el entorno desértico, donde el hombre vive gracias a los recursos que le ofrece el medio y también por algunos momentos cómicos que tienden a ridiculizar a los yihadistas y a aquellos que están al frente del cumplimiento de las normas.

Timbuktúes una llamada de atención para dar a conocer cómo el islam más político y tergiversado está dando paso al terror y la deshumanización. La proyección del filme en el festival coincidía con la terrible noticia del secuestro de unas doscientas niñas en Nigeria, por parte de un grupo de insurgentes islámicos. Por desgracia, la actualidad que saltaba a los medios de comunicación occidentales, daba aún más fuerza a la denuncia de Sissako.

 

White godWhite God de Kornél Mundruczó fue la ganadora del premio del Jurado de la sección Un Certain Regard. Una decisión muy discutida, teniendo en cuenta el resto de films con los que competía. Si algo hay que reconocerle a White God es el buen resultado del trabajo técnico, por la dificultad que supone rodar con más de 200 perros y haber conseguido algunas escenas de gran complejidad y belleza. Como la secuencia inicial en la que la niña protagonista avanza con su bicicleta por una avenida. Detrás de ella, corren una banda de perros. Todo ralentizado o rodado a 70 fps, para mayor lucimiento, como si se tratase de un sueño premonitorio.

Lili, de 13 años, se muda a casa de su padre, ya que su madre, con la que vive habitualmente, debe irse a trabajar al extranjero. Pero Lili no está sola, siempre a su lado, le acompaña su perro. El animal le ocasionará grandes conflictos con su padre, lo que le llevará a una separación trágica de su mascota. A partir de aquí, la vida errática del perro, de un lado a otro, tendrá como consecuencia una transformación que le pondrá en contra de todo ser humano y su asociación con otros canes.

Lo peor de White God es lo que pretende ser y no es. Mundruczó explicó, en la presentación de la cinta, la alegoría que existe tras el film. Su intención de reflejar las desigualdades de clases dentro de la Europa de nuestros días. Los perros, las clases más bajas, que hartos de los abusos, se rebelan contra los hombres, los poderosos. Un sucedáneo barato de Rebelión en la granja (George Orwell, 1945) o un intento de El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1964) con perros. Pero dejando a un lado el forzadísimo símil, el film se presenta casi como un telefilm de Disney Channel para luego cambiar radicalmente de tono en un segundo bloque donde aparece la violencia canina cual Cujo (Lewis Teague, 1983). Pretende ser muchas cosas y se queda en una sucesión de momentos caninos muy llamativos y un relato demasiado largo, sin personalidad.