Críticas

La Gunguna o la llegada del cine multiplex a R.D.

La Gunguna

Ernesto Alemany. República Dominicana, 2015.

La gunguna cartelGunguna Gulyone, deidad femenina o metresa del panteón vudú, es uno de esos lowas (o espíritus), cuyas referencias literarias son tan confusas como las relaciones sincréticas que se establecen en el proceso de transculturación que dio origen al imaginario caribeño. Y es de ese imaginario que surge La Gunguna (2015), ópera prima del director Ernesto Alemany, primera muestra de cine multiplex dominicano con un discurso de marcada vocación antropológica, que podrán disfrutar los espectadores madrileños en la IV Muestra de Cine Dominicano en Madrid, a iniciarse el próximo 28 de septiembre.

Basada en el cuento Montás de Miguel Yarull, el filme articula en una serie de relatos la compleja y fortuita historia de un objeto que atraviesa “esa inesperada conjunción de obstáculos y propiedades” que es la identidad caribeña. De forma tangencial o consciente, hace presente en el discurso cinematográfico, elementos ontológicos de la región como “su fragmentación; su inestabilidad; su recíproco aislamiento; su desarraigo; su heterogeneidad cultural; su falta de historiografía y de continuidad histórica; su contingencia y su provisionalidad; su sincretismo” (Benítez Rojo, 1998), conformando un interesante subtexto, a la vez que construye un producto cinematográfico sólido y auténtico.

Fotograma La gungunaComo guía de este rosario de ficciones se encuentra la historia de un ser humano y la de este objeto –quizás ente metafísico- que sirve de conexión a la narrativa polifónica descentrada. Montás, soldador de profesión, vive en un barrio caliente -villas miseria o favelas de la periferia citadina-, luchando en este medio hostil. El destino pone en sus manos una pequeña pistola con nombre propio, que al verse desesperado, decide utilizar con fines inciertos. La Gunguna –muy parecida a una Beretta calibre 22- comienza su peregrinaje en el negocio de Betania, una mujer dedicada a resolver problemas de diversa índole en la frontera dominico-haitiana. Su temperamento la equipara a las mambos, sacerdotisas de la religión Vudú y como jefa de esta cofradía de dudosa moral posee un temperamento explosivo y dominante. En busca de protección, un guardia fronterizo la procura y luego de invocar parte del panteón sicosocial del pueblo dominicano, lanza un intenso boomerang de violencia.

Cabría recordar en este punto que Gunguna Gulyone es una metresa, y estas son entidades, espíritus o demonios del vudú, que tienden a tomar la energía del humano que la porta. No en vano recorrerá este espíritu, hecho a sangre y fuego, las calles del Santo Domingo actual, apropiándose de la voluntad y la fortuna del portador y quienes le rodean, siempre para el bien. Aunque a su alrededor el caos y la marginación campean, cuando tiene la oportunidad de hacer un verdadero daño mortal, no funciona.

Foto fija La gungunaLa Gunguna es un filme coral, en el que se entremezclan personajes muy diversos. Los tres mencionados, los miembros de la mafia chino-dominicana La Gangrena, el Puchy, Pancho y los demás, conforman un interesante retrato social en clave de ficción paródica. Genuinos y originales en su construcción literaria y actoral, las actuaciones son muy buenas. Más allá de ciertas falencias por parte de algunos secundarios femeninos, cada uno conduce a buen puerto la tragedia humana que encarnan, habiendo casos sobresalientes como Pineda, Montás o el Puchy.

Por ello y por ser un filme redondo en casi todos sus aspectos, es quizás que La Gunguna ha tenido en el público dominicano un éxito inusitado –para este tipo de producción- aunque no inesperado. Con varias semanas en cartelera aun siguen las funciones a sala llena y no faltan los adjetivos de los espectadores para la misma. Y es que la película tiene el mérito de contar con un grupo de creadores apasionados y experimentados, que compendiaron los logros de una cinematografía nacional que ha dado en los últimos años pasos agigantados.

Deudora de las narrativas fílmicas posmodernas -no en vano su director se confiesa seguidor de Gonzales Iñárritu- el hipermontaje in media res, la multitrama, la falta de heroísmos unívocos y de una conclusión diegética lo reafirman. Con guion del propio Miguel Yarull, podría contarse como el filme dominicano de diégesis más complejo y a la vez logrado. Un rompecabezas de relatos que confluyen en un final común, generando un amplio espectro de elementos identificadores para el espectador.

Making de La gungunaEn el plano estético, el filme es un pastiche de influencias visuales. Desde Tarantino y Robert Rodríguez con las constantes referencias a la cultura pop –vestuario, tipografía o música- y la marcada posproducción colorista, la utilización de la parodia ¿cómo concesión? o herramienta para subrayar la estilización de una violencia siempre presente de una forma más subjetiva que física. Ciertos primeros planos recuerdan a un Won Kar Wai, junto a los carteles lumínicos y los primeros planos o planos detalle confusos, fuera de foco o nocturnos. De Iñárritu, los relatos multiplex, sello de su identidad fílmica. La fotografía de Juan Carlos Franco es excelente, logrando sintetizar este universo con las influencias y aportaciones propias, que en este caso se manifiestan en un hacer muy típico del ámbito publicitario. Reflejo de ello es el montaje elíptico, la cámara rápida o las reminiscencias de videoclip que abundan en la construcción visual de varios minirrelatos como los que ilustran ¿qué hace un guardia en la frontera?.

La Gunguna es un bucle como el Caribe, isla que se repite, y en este caso se repite en un tono edificante. Parafraseando el axioma de “violencia solo engendra violencia”, pone en tela de juicio esa espiral de taras que es la sociedad moderna. Espiral que solo será salvada por un espíritu superior. Ente que despojado de la materia y con total desapego, solo encuentre placer en domeñar lo que de bestia tiene en sí, la humanidad. El filme se establece como el eslabón más reciente y legitimador del nuevo cine dominicano. Un producto con objetivos, una perspectiva global y una esencia auténticamente dominicana.

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Benítez Rojo, Antonio (1998). La isla que se repite: el Caribe y la perspectiva posmoderna. (ensayo)

Trailer:

Ficha técnica:

La Gunguna ,  República Dominicana, 2015.

Dirección: Ernesto Alemany
Guión: Miguel Yarull
Producción: Juan Basanta
Fotografía: Juan Carlos Franco
Música: Lazzaro Colón (Xuxy)
Reparto: Isaac Saviñón (Panky) y Nashla Bogaert, Gerardo Mercedes, Jaime Tirelli, Janina Irizarry, Patricia Ascuaciati, Jean Gabriel Guerra, Teo Terrero, Vlad Sosa, Miguel Ángel Martínez, Jalsen Santana

Gretel Herrera

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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