Críticas

Delgada línea entre esquizofrenia y sucesos paranormales

La chica que amaba a los caballos

Horse Girl. Jeff Baena. EUA, 2020.

La chica que amaba a los caballos_cartelHorse Girl o La chica que amaba a los caballos se estrenó en el Festival de Cine de Sundance el 27 de enero de 2020 y ahora se distribuye oficialmente por Netflix. Su director es Jeff Baena, conocido por Amor zombie (Life After Beth) y En pecado (The Little Hours), filme en el que trabajó con Alison Brie, coguionista y protagonista de Horse Girl. Ella es una actriz a la que se le suele vincular con las comedias (Bojack Horseman, Community, Glow), por lo que verla protagonizar un drama psicológico es una novedad ¡y un descubrimiento sorprendente!

Brie, que encarna a Sarah, una mujer esquizofrénica (un papel para nada fácil), hace muy buen trabajo de interpretación pues no cae en tópicos ni se deja llevar por la locura; tiene control sobre ella y el realismo le invade. Y es que quizás, sin dudar de sus dotes interpretativas, los lazos que le unen con la historia son una de las principales razones de su éxito: la idea del filme fue suya. Se inspiró en los relatos que le contaba su madre sobre la esquizofrenia paranoide de su abuela.

Lo que al principio puede parecer una comedia dramática independiente se ve truncado por las situaciones de tensión y con apreciable distancia de los demás hacia Sarah. Ella es dependienta de una tienda de manualidades, nada fuera de lo común. Pero su forma de ser, las reacciones y la actitud que adopta indican que esconde algo. Aquí hay gato encerrado. Y así es.

Sarah padece ansiedad, oye voces (ella piensa que oye el futuro) y tiene un sueño recurrente: se encuentra tumbada boca arriba en el suelo, en un espacio blanco y luminoso, junto a un hombre y una joven. También aparece un muelle que flota en el mar, y más adelante, sombras negras que tambalean sus cuerpos. En algunas ocasiones, al despertarse ve que hay arañazos en la pared de su piso y en su coche, además de moretones por todo su cuerpo.

Es una mujer que tiende a obsesionarse: primero con una serie de televisión (Purgatorio), después con su antigua yegua, también con su “novio”, con Ron (el hombre que aparece en sus sueños) y finalmente con la conspiración en la que se cree involucrada. Y he aquí cuando entran en escena los sucesos paranormales: tan solo dos minutos después de dormirse, se despierta en sitios inusuales sin saber cómo ha llegado ahí.

La chica que amaba a los caballos

Aunque su diagnóstico podría ser el de una persona esquizofrénica, Sarah piensa que es el clon de su abuela, que le persiguen y que le abducen los alienígenas. Y aquí empieza el principal conflicto: se siente incomprendida, porque la gente que le rodea es escéptica a lo que le sucede. Y nosotros también lo somos, por eso es una película extraña: por el punto de vista; el de un personaje difícil de comprender, un esquizofrénico. Nos cuesta empatizar con ella, pues no le entendemos del todo.

Y como nos cuesta creerle, nos hacemos preguntas de qué está pasando realmente. Somos espectadores activos, no paramos de pensar en lo que vemos para encontrar una respuesta lógica. Pero, ¿y si no está enferma y dice la verdad?, ¿y si en vez de sueños son flashbacks? El relato cuenta con un nivel de ambigüedad que le hace definirse como desconcertante. Y es lo más interesante de la pieza: dudar entre la realidad y la ficción de los sueños, entre creerla a ella o creer en la razón, en no saber cuál de las mil maneras de ver e interpretar las acciones es la verdadera.

Sin ir más lejos de lo que se puede escribir sin destripar ninguna información importante, el final  de la película no está a la altura del resto del relato. Es el único punto negativo de Horse Girl. En contraposición -aparte de Alison Brie, de la construcción del personaje y de la confusión con la realidad-, han sido originales en no incluir escenas de miedo y violencia, temáticas muy recurrentes en este género. Asimismo, otro aspecto positivo son la cantidad de subtramas que se quedan abiertas o sin desarrollar, pues representan la enfermedad: todo pasa al mismo tiempo y no tienes el control de nada. Además, la estética es muy buena y la música va acorde la escena (es destacable la atmósfera onírica que crea en los sueños).

Tú decides el mensaje de la película. Puedes elegir entre entenderla como un estudio de la depresión psicótica, sabiendo, además, que a su abuela también la tomaban como loca porque decía venir del futuro y hablaba con lobos, que su madre tenía depresión y se suicidó con pastillas (y fue ella quien la encontró), que no tiene padre, y que Gary -exmarido de su madre- le abandonó con dieciséis años. O bien, puedes decantarte porque las cosas extrañas que vive son sucesos paranormales y experiencias reales.

La chica que amaba a los caballos_Fotograma

Sea una opción u otra, es indudable que hay que tener cuidado con las personas con enfermedades mentales, pues ellos son sinceros, lo experimentan al cien por ciento, es su verdad. Hay que aprender a empatizar.

Horse Girl es una película complicada y rara, así que hay que estar receptivos para verla. Aún así, es fácil que no guste; tiene un target bastante cerrado.

 

Tráiler

Ficha técnica:

La chica que amaba a los caballos (Horse Girl),  EUA, 2020.

Dirección: Jeff Baena
Duración: 104 minutos
Guion: Jeff Baena, Alison Brie
Producción: Duplass Brothers Productions
Fotografía: Sean McElwee
Música: Josiah Steinbrick, Jeremy Zuckerman
Reparto: Alison Brie, Debby Ryan, John Reynolds, Molly Shannon, John Ortiz, Paul Reiser, Jay Duplass

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.